El ‘déjá vu’ de la violencia en México

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La guerra, en Michoacán, entre los “autodefensas” y “Los Caballeros Templarios” y “La Familia Michoacana” terminó en un mazacote entre Alfredo Castillo, ex Comisionado federal en el estado, el doctor José Manuel Mireles e Hipólito Mora, éstos últimos líderes de grupos civiles armados convertidos después en Fuerza Policiaca Rural.
No sabemos si después de que tanto los gobiernos de Felipe Calderón como el de Enrique Peña Nieto machacaron a los mencionados cárteles, que concluyó con la detención de Servando Gómez “La Tuta” y el abatimiento de Nazario Moreno “El Chayo”, entre otros, alguien tomó sus lugares y heredó las plazas, pero, hasta ahora, la situación es muy distinta a la de hace 10 años.
Por eso, la sorprendente declaración, este lunes, de Hipólito Mora sonó más a broma que a advertencia.
Uno de los fundadores de los grupos de “autodefensas” de Tierra Caliente, en Michoacán, escribió en una carta que volverá a portar carrillera en plena Cuarta Transformación.
“Traeré conmigo un rifle y una pistola. Y cualquier autoridad que trate de detenerme o desarmarme va a tener que asesinarme porque vivo ni a la cárcel me llevarán”.
Mora no ha entendido el llamado del Presidente Andrés Manuel López Obrador de que sólo portándonos bien nos irá bien. Que los mexicanos debemos hacer el esfuerzo por convertirnos en almas de Dios. Que, “oficialmente”, ya no hay guerra contra el narcotráfico.
“Esperé cierto tiempo”, dijo, “que el Gobierno hiciera su trabajo, pero ya vi que no le interesa el bienestar de la sociedad; sólo se preocupan por estar en campaña y ocupar un cargo público y engañar a los mexicanos”.
Definitivamente, Mora corre para Tercera.
Por la mañana de este martes, IMPACTO preguntó al Presidente sobre el irreverente comentario del ex “autodefensa”.
A su estilo, el Presidente no prestó mucha atención a un posible resurgimiento del dolor de cabeza en Michoacán y comentó, llanamente, que la seguridad no es tarea de civiles. “Son balandronadas”, dijo.
Durante el día, sin embargo, en esta barahúnda de información que nos envuelve, surgió una nota que para nada suena a broma, digamos como la de Mora.
Tres miembros de la recién creada Guardia Nacional fueron detenidos en el Estado de México tras participar en un secuestro cometido en Guerrero.
Nada tendría de extraño que policías o militares que se apartan de la responsabilidad que juran acatar se vieran involucrados en un hecho delictivo; es algo que ningún gobierno ha podido desterrar.
Lo grave es que formen parte de la corporación que surgió envuelta en papel de oro y bajo estándares de las mismas que funcionan en Francia, España o Rusia.
El apresuramiento en echarla a la calle sorprendió y estas son las consecuencias.
Una policía militar y dos cabos, uno de ellos motociclista, éstos sí, han hecho una advertencia: Si no existe un adiestramiento distinto al tradicional de las fuerzas del orden, la gata será la misma, pero revolcada.
Este primer caso es, seguramente, el que se pudo detectar gracias a denuncia o investigación, pero ¿y los que no?
Es urgente revestir a la Guardia Nacional de confianza ciudadana. Porque a la fecha, y a semanas de iniciar oficialmente sus labores, principalmente, frenando caravanas de migrantes, no se ve, por ningún lado, una pisca de entrenamiento de ninguna especie, mucho menos de un comportamiento ético distinto.
Vaya, nada vale; ¿para qué darle fundamentos a Hipólito Mora y, en esas, hasta el doctor Mireles vaya a desempolvar el baúl?

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@RobertoCZga

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