El cuento de la austeridad republicana para someter

Los mitos de la Cuarta Transformación están anclados a una historia reciente de México que se detiene a conveniencia, con el propósito de justificar decisiones insidiosas y de someter. Parte de ese guión lo personifican Benito Juárez, Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas y más

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Los mitos de la Cuarta Transformación están anclados a una historia reciente de México, a una historia que se detiene a conveniencia y en la línea de tiempo precisa.
Esa historia, a conveniencia, selecciona tal o cual refrán, dicho o lo que, a cierto entender, se traduce como “sabiduría” para convertirlo en fórmulas mágicas confeccionadas como slogans.
En los absurdos ridículos de la mitificada austeridad republicana veo el Palacio Legislativo de San Lázaro a oscuras, una alegoría del sometimiento del Poder Legislativo a las directrices del Ejecutivo.
Antes, el ridículo video de Martí Batres, en el Senado, donde muestra un Tupperware con comida, y unas uvas en su escritorio, para graficar con imágenes esa austeridad evocadora de Benito Juárez por Andrés Manuel López Obrador; dicho sea de paso, el Benemérito se quedó 14 años en la presidencia, entre itinerantes y no.
Esa austeridad republicana, al igual que el mito genial de la corrupción, justifica recortes a medicinas, equipo y despidos en el Sector Salud; en guarderías infantiles y de víctimas de la violencia; en enfermos de cáncer y VIH Sida, y ni se diga en el presupuesto de cultura, que provocó la ira de una AMLOver ahora arrepentida, Susana Zabaleta.
Para usos mediáticos de la historia no hay conveniencia para detenerla en 1520, en la defensa del último tlatoani azteca, Cuauhtémoc, contra las tropas de Hernán Cortés.
Tampoco en las Guerras Floridas, en Mesoamérica, o, en 1988, con la resistencia de Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier, Rosario Ibarra y Luis H. Álvarez contra lo que morenistas llaman el fraude para imponer a Carlos Salinas de Gortari; por cierto, uno de los artífices del “robo electoral”, Manuel Bartlett Díaz, reivindicado por la 4aT, funge como director de la CFE.
Estas partes de la historia, o más atrás, en la conformación de la espectacular Teotihuacan (S. III DC), no son funcionales a los propósitos mediáticos de la Cuarta Transformación.
Por supuesto que en la historia están los largos años de Andrés Manuel en el PRI, pero esos, convenientemente, nunca se recuerdan.
Un pasaje repetitivo en los discursos habla del “cambio de régimen”, no de gobierno, pero el sufragio democrático del 1 de julio del 2018 -con próximos festejos en 12 días más como primer año de la victoria- votó por un cambio de presidente de la república; lo demás es demagógica grandilocuencia, con el objetivo de erigirse como el Poder de los Poderes.
El Poder de los Poderes necesita debilitar al Poder Judicial y al Legislativo, al cual vimos ayer, a oscuras, en el mismo recinto constitucional donde juró López Obrador.
El Poder de los Poderes trató de llevar a la piedra de los sacrificios al ministro Eduardo Medina Mora para debilitar al Judicial con información de transacciones bancarias que resultó falsa y dolosa, ya que la incompetencia y el descuido son tales que no verificó veracidad.
En esa historia reciente, utilizada en las conferencias mañaneras, está la mítica lucha contra la corrupción como el conjuro que lo justifica todo, aún arbitrariedades y decisiones muy perniciosas.
Francisco I. Madero es protagonista de esas historias; López Obrador fundamentó en Guanajuato: “México ha pasado por cuatro transformaciones; la tercera se dio con la Revolución de 1910, con el apóstol de la democracia, Francisco I. Madero, para lograr la democracia, la justicia, porque Porfirio Díaz se quedó en la Presidencia 34 años y se convirtió como un dictador; entregó los bienes de la nación”, y agregó que Morena se parece al partido que llevó a Madero a la presidencia en 1911, el Partido Constitucional Progresista.
En el icónico 18 de marzo de 2017, Andrés Manuel recordó que ese mismo día, pero de 1938, el ex presidente Cárdenas expropió el petróleo a manos extranjeras para convertir al combustible en un recurso esencial para el desarrollo del país, aunque ahora ha sido entregado, nuevamente, por “traidorzuelos”; ese discurso es el tema central en conferencias mañaneras al tocar el tema energético, y muy utilitario contra las empresas calificadoras, que han sido muy críticas de los resultados y el futuro de Pemex con las decisiones del presidente y el proyecto de la refinería de Dos Bocas.
Las menciones a Salvador Allende y a Ernesto “Che” Guevara se han ido olvidando poco a poco; solamente en la visita de la comisionada de DDHH de la ONU, la chilena Michelle Bachelet, fue recordado el ex presidente de Chile.
En la Cuarta Transformación, el uso de la historia es un cuento envenenado con el claro objetivo de someter.

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