El comendador y el parlamentario

Más que la cereza en el pastel, porque la cuestión de la migración no es para nada un tema dulce, y mucho menos la obligada tarea que impuso Trump a Andrés Manuel López Obrador -que, por cierto, en todos estos días, y más ante su homólogo, ha mantenido bien guardadita su frase favorita de “me canso, ganso”-, la acción de Guillén López es como el último clavo al ataúd, aunque, seguramente, el rosario continuará.

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¡Ah, qué semanita!..

Cuando ya parecía que el torbellino terminaba, al menos para procurar pasar sábado y domingo sin tanto guateque sobre la migración -que si entra, que si sale, que si se queda-; que si nos castiga Trump, el “emperador” del mundo; que si hicimos nuestro muro; que si Porfirio, que si Marcelo… ¡Zas! Que renuncia Tonatiuh Guillén López al Instituto Nacional de Migración.

Más que la cereza en el pastel, porque la cuestión de la migración no es para nada un tema dulce, y mucho menos la obligada tarea que impuso Trump a Andrés Manuel López Obrador -que, por cierto, en todos estos días, y más ante su homólogo, ha mantenido bien guardadita su frase favorita de “me canso, ganso”-, la acción de Guillén López es como el último clavo al ataúd, aunque, seguramente, el rosario continuará.

En México toda la semana fue como comernos solos la tragedia de los indocumentados que, como los hebreos, buscan la “tierra prometida”, para alcanzar, en un país no muy santo, el “sueño americano”. Es decir, como lo dice el Presidente, tienen su propia “bella utopía”. Esa que ahora él, por encomienda ajena, casi se las arrebatará utilizando a sus 6 mil, sosías de los 300 de Leónidas.

Y aquí, ahora que Porfirio Muñoz Ledo tocó el tema de la soberanía y se la embarró en la cara a Marcelo Ebrard con la intención de tiznar a López Obrador, los mexicanos deberíamos preguntarnos, como a Ignacio su padre, “¿no oyes ladrar los perros?”.

Para que allá, en la otra “tierra santa”, cuando menos, alguien preguntara a Trump, “¿no oyes graznar los gansos?”.

Y es que a complacencia de quien osa en agarrarnos de sus marionetas, toda la tormenta está de nuestro lado. ¿O usted ve a algún ciudadano estadounidense acongojarse por el tema de los migrantes o, más aún, el de los aranceles? No, todo el granizo cae de este lado.

Y si la semana no fue más ríspida y abrumadora es porque solo tiene siete días.

Y lo digo porque a los dos temas que incumben la “buena relación” y la insistencia de que México y Estados Unidos deber seguir siendo “amigos”, se unió otro, derivado de éstos (la migración y los aranceles), el del Comendador y el Parlamentario.

Los ríspidos comentarios de don Porfirio a don Marcelo, vía una innecesaria valentía de Dolores Padierna durante la sesión del miércoles de la Comisión Permanente, fueron a dar hasta el despacho principal de Palacio Nacional.

Total que ahora resulta que no solo los mexicanos estamos de la greña ante la disyuntiva de si lo que se está instalando en la frontera sur es o no un “muro”, y si el gobierno ha entrado de lleno al peligroso juego de la militarización, sino que el “fantasma” de Trump ya pegó hasta el tuétano de Morena, con lo que dice el Presidente que provocó el buen trabajo de Ebrard, “celos y sentimientos”, discrepancias que tienen olor a 2024.

Las citas de don Porfirio resultaron tan duras, incluyendo las del viernes, después de las que señalan que Relaciones Exteriores usurpa facultades de Gobernación, y de que la Guardia Nacional sí es el “muro” mexicano contra migrantes, que hacía mucho tiempo que hasta temas tan fervientes como el de la inseguridad en la Ciudad de México (sobre todo por el crimen de dos jóvenes universitarios), y el que pudo sacar mucha roncha, el uso de un avión privado por Yeidckol Polevnsky, quedaran sepultados por el pulso político, sobre todo de Morena.

Y es que el Parlamentario volvió a lucirse.

“Creo que no conviene señor secretario (de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard) que usted absorba todas las funciones, porque perdemos margen de maniobra y porque además el abuso de funciones, que no es el caso, hace nulas las decisiones, y además que no me le inflen tanto porque me lo van a reventar.

“Este no es un país parlamentario, aquí no hay primeros ministros, no hay, ni se reparten de cinco carteras, en cinco, así que mejor vámonos por el derecho escrito”.

Vaya, y del asunto de Tonatiuh mejor ni hablamos, pues dicen que parte de su renuncia fue a causa de diferencias con el Padre Alejandro Solalinde, amén de que él si resintió (no como Olga Sánchez Cordero y Alfonso Durazo), porque estaba al frente del instituto que se encarga del tema de migración, que no lo voltearan ni a ver en la labor que encabeza Ebrard.

Total, que por allá ladran y por acá graznan. Y ya cuando se amaine la tormenta se verán los saldos.

No vaya a ser que entre tanto barullo el más afectado resulte el Presidente.

Porque ya habrá a quien pregunte, como a Ignacio su padre, antes de encontrar Tonaya, con la carga sobre los hombros: “¿Y tú no los oías (ladrar los perros)? No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza”.

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