El bullying contra el Gobierno por el Nuevo Aeropuerto

En 8 días, el equipo de López Obrador se reunió dos veces (3 y 10 de octubre) con pobladores de municipios cercanos a donde se construye la nueva terminal. El lunes 8, Ruiz Esparza anunció el retiro de la campaña a favor de su edificación

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Gerardo Ruiz Esparza, Secretario de Comunicaciones, salió a decir que el Gobierno federal retiraba la campaña, en medios de comunicación, en favor de la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

La razón: No confrontarse con el equipo de Andrés Manuel López Obrador.


La misma justificación esgrimida, aunque no hecha pública, para no responder al anuncio, la semana pasada, de quien será el sucesor de Enrique Peña Nieto de que gracias a él, México no fue “apergollado” en el nuevo tratado comercial con Estados Unidos y de que Donald Trump ordenó dejar las cláusulas sobre energía “como lo pide el Presidente Electo de México”.

No sé cómo se diga hoy en léxico “callejero juvenil” al agandallamiento, pero hace muchos años, cualquier muchacho “valiente” se acercaba a otro y le gritaba algo parecido a “¡gurriona, se quedó pelona!” (¿así era?), y en ese instante salía corriendo con algo de la propiedad de su víctima.

Eso parece estar ocurriendo entre el Gobierno federal (y su dispersado equipo) y Andrés Manuel López Obrador (y su conjuntado equipo) en varios asuntos, pero visiblemente en el que a la construcción del nuevo aeropuerto internacional se refiere.

El pasado lunes 8 de octubre, dos cosas parecían complementarse, el anuncio de Ruiz Esparza de bajar la guardia y el de López Obrador, mediante un video, de aceptar que si los empresarios asumen el costo en recursos de la continuidad del proyecto en Texcoco (sin que se tome un quinto del presupuesto federal), no tiene ningún inconveniente (ni el ecológico que tanto alegan ni las protestas de los comuneros) para que el nuevo AICM se edifique en donde ahora se hace.

Por supuesto, pero aclarando que, de una u otra forma, quien tendrá la última palabra será el pueblo mediante la consulta que durará cuatro días (del 25 al 28 de octubre).

La multimencionada consulta (una de tantas) funciona como bisagra para mantener viva la atención, pero a la vez la distracción de los pobladores que habitan en áreas cercanas a donde se construye el nuevo aeropuerto.

La cosa es sencilla; en un ejercicio público sin metodología clara, sin un órgano capacitado y con reglas para vigilarlo y certificarlo; el resultado lo elegirá “la circunstancia”.

Y pareciera sencillo, pero haberse metido en arenas movedizas sólo para acumular votos implica salir del embrollo con una muy, pero muy fina jugada.

Y Andrés Manuel la tiene en marcha. El método (bueno, no tan fino) se acerca a la “chimoltrufiada”; como dice una cosa, dice otra.

En 8 días, el equipo de López Obrador se reunió dos veces (3 y 10 de octubre) con pobladores de municipios cercanos a donde se construye la nueva terminal.

Javier Jiménez Espriú, próximo Secretario de Comunicaciones, encabezó, una reunión con ejidatarios.

En la primera de ellas lo acompañó Alejandro Encinas, próximo subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, además de representantes de las próximas secretarías de Bienestar Social, Comunicaciones, Desarrollo Territorial y Medio Ambiente.

De hecho, a todos les brillaron los ojos, con un brillo de desconcertante asombro, cuando Felipe Álvarez, líder del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, se dirigió a ellos empuñando y levantando un machete de casi un metro de longitud:

“No puede ser posible que ustedes le estén dando la atención más al ramo empresarial que a los pueblos que iniciaron este nuevo gobierno. Si no hace lo que prometió en su campaña estamos creyendo que sólo fue una mentira; si no hacen justicia a los pueblos vamos a creer que es algo de lo mismo”, dijo Álvarez.

Todos los acompañantes de Jiménez Espriú, incluyendo a Encinas, reprocharon la construcción, en Texcoco, del nuevo aeropuerto, mitad, creo yo, por convicción propia, muy sabido, mitad por el resplandeciente filo del machete.

“Andrés Manuel López Obrador requiere del apoyo de la comunidad y esto tiene que ver con un proceso de organización social para que podamos iniciar el ejercicio del gobierno con un fuerte respaldo que permita revertir todos estos actos de corrupción institucional”, expresó Encinas.

“Queremos, además de la consulta, la organización de la sociedad y que esa organización se convierta en una fuerza de cambio que permita frenar esos proyectos”.

María Luisa Albores, quien iría como Secretaria de Bienestar, fue igual de condescendiente: “Yo prefiero la vida, y la vida es el lago, y la vida son ustedes, las personas”.

Jiménez Espriú encabezó una segunda reunión. Caminó acompañado de pobladores por distintos rumbos que colindan con la obra.

Les ofreció “tomar la mejor decisión (no dijo si con o sin la consulta), y si no, que se lo reclamen”.

En medio de las dos reuniones quedaba Ruiz Esparza y su anuncio de retirar la campaña en favor de la construcción del aeropuerto en Texcoco.

Es decir, no sólo hicieron “gurriona” -o como se diga o no se diga- y agandallaron al Gobierno federal: lo hicieron sándwich. Bullying público, pues.

La consulta será como lanzar un trozo de carne al aire y soltar la jauría. Después aparecerá un domador. Domesticador. Conciliador.

 

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@RobertoCZga

 

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