El ‘bíblico’ Andrés y el simplismo de sus competidores

Ya ni el propio Manuel se la cree. En alguno de sus pocos momentos de soledad se pellizca y se pregunta: ‘¿En verdad yo estoy ocasionando todo esto?’

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Hay muchos preocupados sobre el rumbo que llevan las campañas electorales presidenciales. Cualquier parecido con un “reality show”, elucubran, no es mera coincidencia, pero hay también muchos que la tienen muy clarita: El próximo Presidente de la República será inédito.

Como lo fue en Estados Unidos el triunfo de Donald Trump (de nervio trastornado) o, antes que él, el de Barack Obama (el primer afroamericano en ocupar la Casa Blanca).

Y por qué no. Vivimos en un mundo inédito, el del reinado del Internet y las redes sociales. Ese que nos ha atrapado a todos y que usamos como instruidos malabaristas, pero a menos que en los restantes cinco meses surja un frente más amplio y rompa la barrera anti-natura (¿podría haberlo?), digamos todos contra el puntero, en el atribulado panorama asoma, lo quiera ver quien lo quiera ver, el arrasador triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Ya poco falta para que el mismísimo José Antonio Meade convoque a rueda de prensa y anuncie que se suma a la coalición “Juntos Haremos Historia”.

¿En cinco meses podrán las campañas dar un vuelco total o, de plano, el tres veces candidato de izquierda va en caballo de hacienda (ni modo, “Bronco”) rumbo a Palacio Nacional?

Faltan cinco meses. ¿Cómo estaba el panorama hace otros cinco, es decir, allá por septiembre, y cinco más atrás, por abril? Igual. Andrés Manuel, fulgurante, embistiendo por todos lados, mientras sus contrincantes o se peleaban el hueso mayor internamente en sus partidos o planeaban cómo enfrentar lo que ahora siguen sin saber sortear.

López Obrador vive, hoy, la jauja celebrando casi a diario una adhesión más. Las últimas, las de René Fujiwara, nieto de la maestra Elba Esther Gordillo, y la de Gabriela Cuevas, ahora ex panista. Distintas una de otra, ese es el mérito. Como adherir al PES. No sería sorprendente que hoy amaneciéramos con el anuncio de otro personaje de la política, u otro partido, revelando su apoyo al también líder de Morena.

Ya ni el propio Andrés Manuel se la cree. No dudemos que a estas alturas, en cualquier momento de soledad, opte por pellizcarse y preguntarse: “¿En verdad yo estoy ocasionando esto?”.

Ayer lo hizo en público. “No quiero ser bíblico”, expresó, y habló del acercamiento de Fujiwara.

No parece la gran labor del gran líder, sin demeritar su empeño en hacerse de la Presidencia de la República desde hace más de una década. Ni esa consecuencia del bravucón niño del salón que está jode y jode hasta lograr imponerse sobre sus compañeros. El tiro le está saliendo bien. ¿En verdad (“¿os, digo?”) es el paño de los desilusionados, de los encabronados por sepa Dios cuántas causas?

Puede ser, aunque más bien es la dejadez de sus contrincantes. El simplismo del resto de los competidores, sobre todo de parte del priísmo, porque, de plano, para bajar del árbol a López Obrador requieren de una verdadera bomba que no se ve por ningún lado. Es más, si la tienen, ya se les está enmoheciendo.

 

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