El absurdo de los tiempos electorales

Precampañas, simulaciones de procesos internos que se han convertido en verdaderas campañas

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Este domingo terminan las famosas precampañas, las cuales han sido simulaciones de procesos internos que se han convertido en verdaderas campañas electorales.

Las etapas del actual proceso electoral son un absurdo en cuanto a gasto de recursos y tiempo a cuenta del Estado y la ciudadanía.

Por si fuera poco, las características del proceso han generado resultados perversos, como el aumento de ataques negativos, saturación de publicidad en los medios y tiempos muertos, entre otros.

Tres precandidatos presidenciales y varios aspirantes independientes realizaron precampañas con dos fines: Sumar el apoyo de los militantes de los partidos que conforman las alianzas electorales o conseguir las firmas requeridas para el registro electoral.

Estas precampañas simuladas incluyeron recorridos por todo el país y la publicitación de mensajes, a nivel nacional, pagados con los impuestos de la ciudadanía.

En el primer caso realizaron presentaciones en las que reunieron a actores políticos, empresariales y de la sociedad civil, mítines irrefutablemente públicos.

En el segundo, los mensajes dirigidos “únicamente a las militancias” fueron difundidos en medios públicos y abiertos a toda la ciudadanía.

Ahora, al finalizar las precampañas inicia una veda de mes y medio antes de iniciar las campañas formales.

En este tiempo muerto, los candidatos deberán replegarse con sus equipos de campaña para formular propuestas serias, consistentes y globales que atraigan el voto del electorado.

Sin embargo, es mucho tiempo de silencio absurdo, lo que aumenta la incredibilidad en la política del país, amén de que se trata de una pérdida de recursos.

Por si fuera poco, el gran flujo de información que existe hoy en día hace que las noticias dejen de ser relevantes en muy poco tiempo, por lo que la sociedad suele olvidar rápidamente las coyunturas electorales.

El proceso ha generado efectos negativos.

En la etapa de precampañas, sumado a la simulación, los candidatos y partidos se han enfocado en desacreditar a la competencia a través de publicidad negativa: Guerra sucia.

No consensuaron la experiencia y opiniones de los militantes para construir un proyecto de futuro; saturaron sus discursos y medios de comunicación con ataques y “trapitos” que golpean la imagen de la competencia, lo que ofrece información irrelevante a la ciudadanía, que debe tomar una decisión basada en propuestas realizables que mejoren su calidad de vida.

Los tiempos del proceso electoral 2018 resultan absurdos, caros y no ofrecen los resultados deseados.

Es importante que los candidatos que se registren formalmente consideren reevaluar los tiempos electorales para no repetir simulaciones y evitar el gasto excesivo en las próximas campañas electorales en caso de ganar.

A corto plazo, los candidatos, militantes y simpatizantes deben trabajar arduamente para diseñar propuestas realizables que respondan a la demanda y necesidades de la sociedad mexicana.

 

 

 

 

 

 

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