Ebrard, bien y de buenas

A diferencia de actual canciller, Luis Videgaray llegó a la Secretaría de Relaciones Exteriores a aprender

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A quienes suponen que estoy en campaña rumbo a la Cuarta, ahí les va, de nueva cuenta, el terco: Marcelo Ebrard, bien y de buenas.

Ni modo, pero así es: El Presidente López Obrador, el secretario de Relaciones Exteriores y el subsecretario para América Latina y El Caribe tienen pretexto para no dar material a quienes los señalan como cómplices de la renovada dictadura de Nicolás Maduro por negarse a pedirle perpetuarse en la Presidencia venezolana.


Pero antes, y para no variar, un recordatorio a los desmemoriados.

El 19 de septiembre de 1993 fui invitado a revelar quién me “dictaba” las columnas contra el aspirante a candidato presidencial del PRI, Manuel Camacho, cuyo principal operador era el ahora secretario de Relaciones Exteriores de Andrés Manuel López Obrador. Desde luego, nadie me dictaba; como hoy, ya entonces se me ocurría lo que escribía.

Aquella lucha entre priístas por la candidatura fue cruenta. Todo mundo agarró partido. Nada que ver con la falta de valor de quienes en la de 2018 quisieron llegar, pero permitieron se les hiciera de lado sin siquiera manifestar molestia en el momento en que debieron hacerlo.

Colosistas y camachistas se dieron con todo; a falta de redes sociales, los medios de comunicación, electrónicos e impresos, fuimos los conductos.

Una revisión somera de la colección de IMPACTO y mis columnas en aquella época en el periódico La Prensa hablan por sí solas.

Nadie puede acusarme, ahora, de ser fan del secretario de Relaciones Exteriores, y, con seguridad, en recuerdo de aquellos tiempos, quienes lo rodean no permitirían un mínimo acercamiento.

Por cierto, Camacho y yo superamos a carcajadas lo ocurrido en aquella sucesión teniendo como testigos de calidad a Rafa Reséndiz y a Manuel Aguilera.

La noticia es que Andrés Manuel o Marcelo no acudirán a la toma de posesión de Nicolás Maduro el jueves 10 porque entre el 7 y el 11 se desarrolla en México la tradicional reunión de embajadores y cónsules mexicanos con el Presidente de la República, el secretario de Relaciones y algunos miembros del gabinete.

Por la misma razón, tampoco acudirá el subsecretario para América Latina y el Caribe, Maximiliano Reyes, que, en pleno apego a la Doctrina Estrada y a la Constitución, se negó a firmar la declaración del Grupo de Lima que instó a Maduro a no asumir la Presidencia de su país.

Si la reunión del cuerpo diplomático mexicano no acostumbrara darse cada año, en estas fechas, con el Presidente y el jefe de la diplomacia nacional, López Obrador, Ebrard y Reyes carecerían de pretexto para no corresponder a la presencia de Maduro, no grata por cierto, en la recepción ofrecida en Palacio Nacional después de la asunción de Andrés Manuel.

Pero tienen pretexto y Maduro no puede hacerse el ofendido porque a México lo represente el encargado de negocios de le embajada, Juan Manuel Nungaray.

Y como es tiempo de precisiones debo decir que la postura de Reyes ante el Grupo de Lima se ajustó a la fracción X del artículo 89 de la Constitución, que a la letra dice:

Son facultades del Presidente “dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, así como terminar, denunciar, suspender, modificar, enmendar, retirar reservas y formular declaraciones interpretativas sobre los mismos, sometiéndolos a la aprobación del Senado. En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: La autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

En otras palabras, el 10 de octubre de 1917, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, violó la Constitución cuando afirmó, en el Senado, que “si, a pesar del proceso de diálogo político, el gobierno catalán llegase a declarar, de manera unilateral, la independencia de Cataluña, el gobierno de México, con base en el derecho internacional, no habrá de reconocer la existencia de un Estado Catalán”.

La cuestión es que, a diferencia de Ebrard, Videgaray llegó a Relaciones Exteriores a aprender.

 

 

 

 

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