Dueña del Rébsamen, trofeo de Claudia Sheinbaum

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Sin conocimiento de sus abogados, el Despacho Jurídico Coello-Zuart, la propietaria del Colegio Rebsamen, Mónica García Villegas, se entregó esta mañana en la oficina de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y no fue capturada en restaurante como afirma la procuradora Ernestina Godoy. La profesora habló con su abogado Javier Coello Trejo a las 10 de la mañana informándole que se encontraba en la jefatura de Gobierno: “Ya no aguanto, licenciado”, fue su explicación.

Quizás lo único parecido a un aviso a sus abogados, es una comunicación de Whastapp a las 4 de la madrugada que, por la hora. obviamente no fue leído; en él manifiesta su desesperación. La inopinada auto entrega de la profesora Villegas, inocente de los cargos en su contra por la muerte de los niños ocurrida en su escuela en el sismo del 19 de septiembre de 2017, entraña un misterio.

Desde el jueves pasado, su hermano Enrique García (son hijos sólo de padre) y su esposa, Talía (que eran quienes hablaban con sus abogados), negociaron a través de un diputado del PRD con la Secretaría General de Gobierno de la Ciudad de México, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, y del subsecretario general de Gobierno, Félix Arturo Medina Padilla. Hay varias cuestiones a dilucidar en esta extraña auto entrega.

Extraña porque estaban por resolverse sendos amparos a su favor interpuestos ante dos jueces de Distrito en el Reclusorio Sur (la audiencia constitucional fue hace 2 meses), porque es inocente y porque más allá de las buenas intenciones de los negociantes gubernamentales, la profesora corre el riesgo de sufrir una condena larga por delitos que no cometió.

Es evidente que, al acudir a la Jefatura de Gobierno para ponerse a la disposición de la autoridad, y no hacerlo ante la autoridad ministerial que la buscaba, la profesora García Villegas se convierte en un trofeo político que Claudia Sheinbaum podrá explotar mediáticamente en su beneficio.

La auto entrega evita, por otra parte, que alguien, quien sea, pueda cobrar los cinco millones de recompensa que el gobierno de la Ciudad de México ofrece a cambio de información para ubicarla y capturarla. Habrá que estar pendientes si alguien cobra la recompensa, a partir del correo electrónico que contiene la supuesta denuncia anónima que, conforme a la procuradora capitalina, puso sobre aviso a la autoridad de que la profesora se encontraba en un restaurante.

Por lo pronto, en aras de la famosa transparencia tan pregonada en estos tiempos, sería saludable conocer la identidad de quién se arrogue el mérito de haber puesto en manos de la autoridad a la dueña del Rebsamen. Debo hacer notar que la profesora había ofrecido que esos cinco millones de pesos fueran entregados a los deudos de las víctimas, así como el importe del valor del predio en donde se ubicaba el colegio de la tragedia, colapsado a causa del sismo.

Pero es evidente que alguien aprovechó su desesperación (tenía más de un año prófuga) y la convención de entregarse ¿a cambio de qué? Hay suficientes pruebas documentales para demostrar su inocencia; de hecho, era cuestión de tiempo, poco, para que los jueves le concediesen el amparo de la justicia federal, pero por alguna razón que esta mañana sus defensores no conocieron, Mónica García
Villegas aceptó un trato político, que no jurídico, de incierto destino.

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