¿Qué quiere Felipe Calderón? ¿Ejercer el liderazgo nacional a través de interpósita persona o suceder él mismo a Gustavo Madero?
Cualquiera de las dos aspiraciones resulta impensable en quien no supo ejercerlo desde la Presidencia de la República.
Calderón no puede eludir el juicio de la historia vistos los resultados de las dos elecciones federales de su sexenio (en la primera perdió el control de la Cámara de Diputados y en la segunda la Presidencia de la República), en su retroceso en las gubernaturas (la de Jalisco es tan dolorosa como la de Morelos), pero también en las vergonzosas alianzas electorales con el PRD, a las que tuvo que recurrir bajo la argumentación de restarle territorio al PRI.
En todo erró.
Empezó con la satanización, concluida en expulsión, de Manuel Espino que encabezó al PAN en la controvertida victoria de Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador.
Criticar a candidatos panistas en Veracruz no fue la gran culpa del ex líder nacional, sino la denuncia, apenas iniciado el sexenio, de la intromisión irresponsable de operadores de Los Pinos en los procesos electorales. De la derrota en Yucatán, por ejemplo, responsabilizó a Juan Camilo Mouriño.
LOS ERRORES MAYÚSCULOS
Pero los errores mayúsculos de Calderón en el PAN fueron la imposición de los dos primeros dirigentes nacionales, Germán Martínez y César Nava.
Germán no estuvo en el pragmatismo a la altura de su conocimiento teórico del PAN. Es más ideólogo que dirigente y quizá por ello hizo suya la fallida estrategia de vincular al PRI con el crimen organizado que le costó a Calderón perder la Cámara de Diputados, pero también iniciar la persecución contra Espino. ¿Cómo borrar la fotografía que muestra a Espino haciendo antesala en la que fue su oficina por más de hora y media?
Marginado, Germán fue de los más severos críticos en sus artículos periodísticos de la campaña de Josefina Vázquez Mota. Pronosticó con anticipación la derrota del PAN en un artículo periodístico que causó escozor en el panismo y el gobierno, y luego la explicó en otro igual de realista. “La derrota del PAN es eso: un desastre. Un naufragio sin atenuantes. Edulcorar el trago sería ingenua candidez”, explicó el ex líder nacional.
Pero Germán es considerado por algunos panistas como ejemplo de lo que llevó al PAN al “desastre”.
Ricardo García Cervantes es demoledor en el juicio: “no sólo no es ajeno al desastre panista, es protagonista y promotor… el cínico se reviste de sincero para sólo reconocer en abstracto haber incurrido en equívocos y su burda gestión de intereses como funcionario y como dirigente, totalmente desprovista de ideales, pero muy provechosa en término de ganancias personales y de negocios de camarilla, sólo los considera un bache en la que lamenta que el PAN haya caído”.
EL JOVEN MARAVILLA
Para su fortuna, todos olvidan a César Nava, el joven que parecía tener todo para convertirse en la figura del sexenio después de la muerte de Juan Camilo Mouriño en un accidente aeronáutico marcado por el “sospechosismo”.
Michoacano como el Presidente, Nava soportó en silencio que el campechano asumiera la jefatura del calderonismo. No pudo ocupar el liderazgo ni siquiera en el homenaje a los fallecidos que Calderón encabezó en el Campo Marte. Creyendo que ya era el Jefe dispuso los lugares de los asistentes, pero en segundos le cambiaron la jugada.
Pero sería poco después que entendería que ya no tenía lugar en Los Pinos. Sin que alguien se enterara, el Presidente dispuso, mediante la publicación de un decreto, la disminución de edad del Secretario Técnico de la oficina para la implementación de las reformas constitucionales en materia de seguridad y justicia penal, que ocupaba José Luis Santiago Vasconcelos, muerto también en el accidente en que falleció Mouriño.
La reforma tenía la finalidad de deshacerse de Nava porque Luis Felipe Bravo Mena ya hacía maletas en Roma para regresar a México y ocupar la Secretaría Particular del Presidente.
Confundido y adolorido, Nava reaccionó a tiempo y se rebeló. Obtuvo permiso para ser candidato a diputado con la intención de coordinar a los legisladores panistas. La posición fue para Josefina Vázquez Mota que a la postre sería candidata a la Presidencia; irónicamente fue su mejor momento, pues se convirtió también en líder nacional del PAN relevando a Germán.
Metidos ya en el terreno de las paradojas, el primer prospecto para líder panista había sido Nava, pero Germán le robó la oportunidad.
Nava será recordado por dos hechos: uno, meramente anecdótico, la adquisición, gracias a una oferta increíble, de un envidiable departamento en una de las zonas más exclusivas y costosas de Polanco, pero también por la construcción de las alianzas electorales con el PRD que provocaron la renuncia de Fernando Gómez Mont a su militancia partidista y después a la Secretaría de Gobernación.
Sin que alguien le creyera, Calderón se desmarcó aduciendo que algo supo, pero que no le informaron del todo.
Aunque el caso más sonado fue el del Estado de México, porque Nava se comprometió por escrito con la lideresa priísta Beatriz Paredes y Gómez Mont a que en esa entidad el PAN no haría alianza con el PRD, y luego desconoció lo que había signado; lo cierto es que el primer compromiso en ese sentido fue el oaxaqueño.
Después de hablar por teléfono con Calderón, Gómez Mont se comprometió de palabra con el gobernador oaxaqueño Ulises Ruiz a que no habría alianza, pero Nava y el Presidente lo dejaron colgado de la brocha.
EL DESASTRE LLAMADO MADERO
Las alianzas funcionaron en algunas entidades, pero en el Estado de México no se concretó más por López Obrador que por Nava.
Después vendría la lucha por el lugar de César. Gustavo Madero parecía el candidato de unidad, pero de pronto apareció Roberto Gil arropado por Germán Martínez, Fernando Gómez Mont y Patricia Flores.
Gil venía de ocupar todos los puestos posibles, diputado, subsecretario de Gobernación y secretario particular del PAN. Explica que compitió sólo por dejar testimonio de la participación juvenil, pero la señora Flores le dejó bien claro que en Los Pinos querían que él fuera el líder nacional. Perdió y de paso se llevó un regaño de pronóstico de Margarita Zavala.
Ya entonces era evidente la división panista. Al lado de Madero estaba el grupo de Ernesto Cordero y con los perdedores, el de Josefina porque Gil terminó siendo coordinador de la campaña de Vázquez Mota con los resultados que ya se conocen.
La derrota panista en las elecciones presidenciales dio paso consecuentemente a la lucha por lo que queda del partido.
Josefina Vázquez Mota se supone propietaria de los 12 millones de votos que obtuvo en las urnas. Quizá nadie le ha dicho que perdió tres millones en relación a 2006, lo que significa que a las urnas acudió solamente el voto duro panista. De cualquier manera anunció la creación de la “Ola Civil”, un movimiento paralelo al partido que pretende ser lo que Morena de López Obrador fue para el PRD.
Quizá para contrarrestarla, Madero anunció que Josefina se incorporaría al CEN panista a un puesto sin importancia, pero lo cierto es que nadie se lo ha comunicado, o lo que es lo mismo, se trata solamente de una mentira más.
Imposible saber si Vázquez Mota optará por disputar el liderazgo nacional; no es usual, pero ya nada lo es.
EL MUNDO DE LILIPUT Y CORRUPCIÓN
En las últimas semanas, Calderón y Madero se han dedicado a recorrer el país buscando apoyos para sus propias causas partidistas.
Calderón ha llegado a excesos. Según una información no desmentida, explicó la derrota panista en la postulación de “candidatos pigmeos” que no fueron capaces de “cacarear” los logros de su gobierno.
La información no identifica a los supuestos “pigmeos”, pero es evidente la referencia a Vázquez Mota.
Los analistas coinciden en que Josefina no fue una gran candidata por muchas razones, algunas atribuibles a ella misma y a su equipo de campaña, pero también al abandono del Presidente, pero si ella fue “pigmea” alguien podría, arriesgándose a mal utilizar el tiempo verbal de haber, hablar de lo que pudo haber sido Cordero.
Para no entrar en mayores líos, sólo queda decir que Vázquez Mota hizo ver como “pigmeo” al ex secretario de Hacienda que, él sí, con todo el apoyo del aparato gubernamental, fue incapaz de ganarle en la lucha interna. Josefina lo derrotó hasta en el intento de imponer la llamada “elección indicativa” que tenía la intención de sacar de la jugada a Santiago Creel para dejar frente a frente a los ex secretarios de Hacienda y de Educación.
Ni siquiera imaginar lo que Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador habrían hecho con Ernesto Cordero. Dentro de las exageraciones se podría especular que le habría tocado pelear con Gabriel Quadri por el tercer lugar.
Pero lo que importa es el futuro. Los panistas quieren refundar a su partido; el problema es con quién hacerlo.
Calderón no parece el mejor prospecto para convertirse en líder nacional o moral, pero Madero ¿a quién representa? En medio está también la disputa por las coordinaciones de las bancadas parlamentarias, es decir, el poder y el dinero de las prerrogativas y las comisiones legislativas.
En las Cámaras están los calderonistas y los josefinistas. Las patadas están a la vista del público y no bajo la mesa.
García Cervantes no es optimista. Dice que el control quedará en manos de quienes se afiliaron al PAN por el poder, como Cordero y Josefina, o por el Yunque personalizado por Juan Manuel Oliva y Marco Antonio Adame.
“¡Son grupos de interés, muchos de ellos de negocios y de negocios ilícitos! Son grupos cohesionados por sus prácticas de corrupción frente a otros grupos y todos se saben capaces de cualquier cosa”, concluye García Cervantes.
