Disyuntiva de Manuel Velasco: Ganar o cárcel

Está de más decir que se atragantó al escuchar severa advertencia ante un grupo de sus pares gobernadores convocados para platicar del futuro

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Sin más ánimo que el de ilustrar me quedo con que, la semana pasada, al gobernador Manuel Velasco se le pintaron de rojo las mejillas, y se le cayeron las anginas, cuando fue urgido a arreglar el desmadre que se trae en Chiapas y que se afane en hacer lo que esté en su mano para el triunfo de José Antonio Meade en los comicios, de lo contrario, seguirá el camino de algunos colegas suyos del sur-sureste a quienes los perdió el poder y la ambición.

Está de más decir que Manuelito, como le gusta que lo llamen, se atragantó al escuchar la severa advertencia ante un grupo de sus pares gobernadores convocados para platicar del futuro.

Y es que no esperaba la admonición, quizás, porque creyó que en la capital de la República ignoraban las 4 mil razones, ni una más y ni una menos, que lo podrían llevar a prisión, o que para evitar tan fatal desenlace se ha afanado en dotar de candidato a todos los partidos, incluido a Morena de Andrés Manuel López Obrador.

Lo cierto es que cuando salió de la reunión con sus colegas y sus superiores parecía muerto en vida; es probable que hasta buscara a José Antonio Aguilar Bodegas para pedirle perdón por la visita que en plena noche de Navidad le hizo un policía que ni siquiera tenía idea de la papelería que llevaba en sus manos y que, para desgracia del gobernador chiapaneco, permitió que documentaran su presencia y el contenido del expediente que cargaba.

Dudo mucho que Aguilar Bodegas, que fue secretario de campo de Manuelito hasta octubre de 2017 y que ahora pretende ser gobernador por la coalición PAN-PRD, le conteste el teléfono porque sabe más de lo que el propio mandatario chiapaneco imagina. Con una carpeta de investigación en su contra es imposible que el ex priísta empiece hoy a padecer amnesia; muy al contrario, el chip que durante mucho tiempo almacenó información se ha activado.

Es probable, sólo probable, que Aguilar Bodegas tenga en su poder copia de la auditoría que Velasco ordenó hacer al gobierno de su antecesor, Juan Sabines, y que por razones que nadie explica no ha tenido efecto, pese a las irregularidades que saltan a la vista hasta para un lego.

Pero de lo que sí sabe es que el 4000 es el número mágico del Partido Verde en aquella entidad, o tal vez nada más 2000.

Como sea, ni los afeites lograron ocultar el pánico cuando le advirtieron al gobernador ordenar su desmadre plurinominal en Chiapas (el magistrado presidente del Tribunal Superior, Rutilio Escandón, será candidato de Morena al gobierno estatal), la persecución a Aguilar Bodegas y otras pequeñeces, como el súbito cambio de albacea, pero esto último es un tema familiar que en nada nos atañe.

Y es que la llamada de atención se puede reducir a tres palabras: Ganas o cárcel.

Así, a cualquiera se le caen las anginas.

 

 

 

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