Destinos generacionales y destinos nacionales

Historia nos devela sus ocultos significados

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‘Che’ Guevara. Pudo haber hecho de su vida lo que tenía programado en un principio

Cada generación y cada nación tienen que descubrir, y descifrar, su propio destino. El destino de cada generación contiene códigos cuyo desciframiento no siempre es de fácil explicación. El doctor Ernesto Guevara de la Serna pudo haber hecho de su vida lo que tenía programado en un principio. Como todos los cirujanos internistas, dedicarse a operar hernias, apéndices y vesículas. Tener su consultorio en una policlínica de la ciudad. Dar conferencias en la sociedad médica. Casarse y, todas las mañanas, llevar a sus hijos a la escuela. Ejercitarse en el club. Ganar mucho dinero. Vacacionar con su familia. Prepararse para vivir 75 años. Ver titulados y casados a sus hijos, y conocer a sus nietos.

Sin embargo, resulta que decidió otro destino. Abandonó el programado y fue a buscar otro país, otro camino y otros ideales. Encontró el trópico, pieles doradas y otros males que curar. Cambió todo y el doctor Guevara de la Serna se convirtió en el comandante “Che” Guevara.


Aquí aparece un reto ineludible para la actual y las futuras generaciones. El tránsito generacional se ha complicado. Los mexicanos de nuestra generación hemos vivido bajo sistemas políticos, económicos, sociales y culturales diseñados por nuestros padres y por nuestros abuelos. Es decir, por los mexicanos que ya no viven.

Decía José Ortega y Gasset que hay generaciones a las que les toca ser precursoras, diseñar su escenario, imaginar su entorno, fundar el futuro. A otras les toca ser herederas. Capitalizar el logro fundacional. Engrandecerlo y ennoblecerlo. En síntesis, consolidarlo.

Es, entonces, donde surge una de las dudas que incide en el pensamiento político de nuestros días. Se refiere a la necesidad de establecer las condiciones de gobernabilidad de nuestros días, independientemente de las del mañana, pero también cada nación tiene que aplicar el esfuerzo obligatorio para descifrar su destino, para encontrar el propio y para respetar el de los demás.

Pensemos, como ejemplo, en el destino chino a partir de su sistema constitucional. Comparemos el catálogo mexicano de garantías individuales con el chino. El contraste no podría ser mayor, por lo menos con la estructura constitucional china de hasta hace algunos años. Desde luego, la ausencia de la garantía de propiedad, característica de los países con economía de Estado. Prosigamos con la ausencia de las garantías de libertad de educación, de libertad de trabajo, de libertad de tránsito y de libertad de planificación familiar. La rigidez en las garantías de libertad de expresión, de libertad de asociación y de libertad de manifestación. No abundaría, ya, en la libertad de credo religioso o político.

Quiero ratificar, una vez más, mi absoluto respeto por los sistemas jurídicos y políticos que cada país se ha dado por haber considerado que son los mejores para el encuentro de su destino. Incluso, diría que en el caso chino no sólo me merece respeto, sino el reconocimiento de un acierto histórico hoy indubitable e incuestionable. Jamás pensaría que el modelo chino es el idóneo para México y daría todo por evitar que lo adoptara, pero estoy convencido de que sin él, los chinos se hubieran desbarrancado en un precipicio sin fondo.

Por eso conjugaré en pretérito imperfecto. Consideremos que si China no se hubiera convertido en la República Popular China, si no hubiera optado por el comunismo, si no hubiera establecido su sistema de planificación central, si no hubiera instalado su economía de Estado y si no hubiera adoptado un modelo constitucional restrictivo, se hubiera producido una de las calamidades más grandes de la historia de la humanidad y, desde luego, la mayor catástrofe política del siglo XX.

Ese enorme conglomerado humano se hubiere embarcado en una miseria irreversible; se hubiere fracturado políticamente y hubiera detonado socialmente. Sin ningún control demográfico hoy serían 2,500 o 3,000 millones de chinos, a pesar de los 500 que hubieren muerto en medio siglo de hambrunas y de guerras civiles. Las consecuencias hemisféricas hubieran sido brutales; 200 o 300 millones se hubieran refugiado en India, y otro tanto en Indochina y en Japón. Descuento en esto a Europa y a América.

Sin embargo, las consecuencias globales también hubieren sido cataclísmicas.  Por hacerse de las enormes riquezas naturales chinas, que no hubieran tenido ni dueño ni mecanismos de defensa, las ambiciones rusas y norteamericanas le hubieran dado en la médula a todo el planeta. Si por Vietnam y por Cuba estuvieron a punto de hacerlo, no creo que alguien pueda contradecirme lo que hubieran hecho por China.

Es así como la historia nos devela sus ocultos significados y cómo, en el cumplimiento del destino de cada nación, se puede encontrar comprometido el destino global de la especie.

Esto tiene mucho que ver con la búsqueda del destino mexicano, en el que estamos enfrascados, en los tiempos actuales, bajo la denominación genérica de reforma mexicana y cuyo propósito fundamental está conectado con el de la gobernabilidad.

 

Abogado y político

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Twitter: @jeromeroapis

 

 

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