Destino del PRD, ser comparsa del PAN

Alejandra Barrales hace bien en buscar la unificación de la izquierda, sin embargo, mientras López Obrador mantenga su rol de Mesías no habrá manera; es un buen sueño, pero guajiro

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Nunca ha sido fácil entender al PRD; hoy, que en nada se parece al movimiento iniciado por Cuauhtémoc Cárdenas con la unificación de la izquierda a un desprendimiento del PRI, su comprensión es aún más difícil. Peor aún si Alejandra Barrales dice una cosa y, al siguiente día, Miguel Mancera, el probable candidato presidencial perredista, dice otra.

En el programa televisivo de Carlos Loret de Mola, la presidenta del PRD convocó  a la unificación de la izquierda, incluido Morena, el partido que para asegurar la candidatura presidencial  fundó Andrés Manuel López Obrador.

Lo único que interesa a  la ex lideresa de las azafatas es sacar al PRI de Los Pinos, de tal suerte que en su frente amplio incluye hasta al PAN.

Un día después,  el jefe de Gobierno de la Ciudad de México dijo que está hablando con todas las fuerzas de izquierda, pero que con Morena no hay nada, pues ya tiene candidato, como lo sabe cualquiera.

Para contar con Morena, el PRD debe resignarse a desaparecer después de un acto público de contrición por el pecado capital de haberse dejado seducir por la mafia del poder; sólo así será perdonado por López Obrador.

Deberá, además, mandar a volar a Mancera, que se resiste a afiliarse al partido con la pretensión de ser candidato independiente y no ser mal calificado por el electorado si se viste de amarillo y negro.

Es probable que Mancera y Barrales convenzan a Dante Delgado y a Beto Anaya, de Movimiento Ciudadano y PT, pero Morena nunca jalará con ellos; ni en la elección de 2018 ni en la de 2024 porque este partido no sobrevivirá si es derrotado en la próxima elección presidencial.

Por más que se lo proponga y cuide su salud, Andrés Manuel ya  no podría encabezar una cuarta campaña por la Presidencia, y Ricardo Monreal y Martí Batres no ejercen el influjo del tabasqueño sobre las huestes morenas.

Es más  fácil que el PAN recupere Los Pinos en el 2018, y que el PRI lo vuelva a echar en 2024, que la izquierda fragmentada tome el poder.

Alejandra hace bien en buscar la unificación de la izquierda, pero mientras López Obrador mantenga su rol de Mesías, no habrá manera. Es un buen sueño, pero guajiro.

Con o sin Alejandra y Mancera, el destino del PRD en la elección presidencial es  ser comparsa del PAN, como ha ocurrido en las entidades en las que ha sumado lo poco que tiene a los candidatos panistas a gobernadores. Por sí solo mantendrá unas cuantas delegaciones de la Ciudad de México; ni pensar en una gubernatura adicional a la de Morelos, y mucho menos la Presidencia.

Esa es la realidad.

 

 

 

 

 

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