Después del niño ahogado tapen el pozo

Sumamente compleja, larga en tiempo para recuperarse y costosa, lamentable tragedia sísmica

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Detrás de la lamentable tragedia sísmica ocurrida en el país, con pérdidas de vidas y lesiones a decenas de personas y con daños irreversibles en sus propiedades, la reparación del daño es sumamente compleja, larga en tiempo para  recuperarse y costosa para el gobierno y la sociedad para superarla, pero que tiene que ver con las obligadas seguridades jurídicas específicas del gobierno respecto a la integridad física y el patrimonio personal de los afectados. Que les corresponde hacerlo al gobierno y sociedad, como lo estamos viendo sin regateos ni dilaciones sino tan pronto como sea posible.

En el poder público y de las instituciones aunque sean de otros tiempos, habrá que valorar si  evidentemente hubo omisiones técnicas o quizás de los materiales de construcción de mala calidad, son muchos los que se lamentan y hacen cotejos: “Después del niño ahogado tapen el pozo”. Es su dicho desesperado  en la CDMX, pero ya  fuera del clamor por la  destrucción urbana de origen natural en el país impecablemente atendida por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, hasta el límite de sus fuerzas entre el gobierno y con las víctimas, hacen la pregunta  ¿pueden coexistir o no con los actores afectados? De hecho  ¡Sí! Como Jefe de Gobierno de la CDMX, Mancera tiene una circunstancia esencial para el desenvolvimiento de las necesidades de la sociedad. Ni duda cabe y no ha habido fallas porque de esta manera  contrae la sociedad en general  con el  gobierno, un deber  y una responsabilidad legal y generosa entre unos y otros, para atender la emergencia.

En este trecho a unos 10 días de ocurridos los desastres en esta capital y en el interior de la República, la tarea del gobierno del país y en las ciudades afectadas del interior de los estados, como la CDMX,  la coordinación entre pueblo y gobierno ha sido ejemplar no faltando casos de verdadero heroísmo de los soldados y los marinos. De los integrantes de servicios de salvamento como los Bomberos de la Ciudad y otros. La sorpresa ha sido la participación del voluntariado de los ciudadanos en las tareas de rescate de las víctimas de los edificios derrumbados.  La participación decidida de unos y otros ha evitado el derrumbe de la propia sociedad en las entidades afectadas.

Cómo responder o cómo contestar acusaciones, alegatos o actos de gobierno,  que suelen aparecer entre dependencias y funcionarios delegacionales del  gobierno, como ahora o de empresas constructoras y de ciudadanos, o en la  responsabilidad que le corresponde a todas las dependencias  de las tareas  de obras delegacionales,  que observan preceptos de normatividad que hay que cumplir  o  a quienes hay que culpar o a quienes hay que resarcir daños o perjuicios.

No cabe duda que hay más preguntas que respuestas, por eso la impecable actitud del Jefe de  Gobierno de la CDMX Miguel Ángel  Mancera y otro tanto también del Presidente de la República Enrique Peña Nieto,  de primero gobernar para atender  a las victimas  atribuibles a los  dos terremotos de Septiembre. Luego ya veremos cómo se defienden o se fincan acusaciones por el “niño ahogado”.

Lo mismo es punible en el caso de los daños a inmuebles y personas de origen federal  por estos mismos sismos.  Los daños y las víctimas  ocurrieron  parejas entre  entidades  de orden federal y local, como lo fueron las ocurridas en la Capital de la República  (CDMX), y en las entidades federativas  Morelos, Puebla, Oaxaca, Estado de México,  Chiapas, Tabasco y Veracruz con más de 300 defunciones hasta hoy en día.

En este trance  que  suele ser largo y  difícil reencontrar, el camino de la superación personal de las personas que sobrevivieron a sus deudos que perecieron, el panorama es de tragedia por la pérdida de sus bienes y las consecuencias de sus males, que en esos Estados de la República y de la CDMX, aun considerando  que en porcentajes trágicos de las víctimas, este  sea infinitamente menor de la población total  que existe a salvo en estas entidades.

Algunos medios consideran que  “el número de fallecidos”,  en comparación a los sismos de 1985  fue reducido en números bajos.  Ciertamente así ha sido providencialmente,  quizás porque en México,  el país se ha preocupado por adquirir una cultura de protección civil y se han reformado las reglas de construcción de los edificios mejorando su calidad en los materiales.

A esta disposición de los gobiernos, habría que agregar la cultura cotidiana de las   jornadas de prevención de desastres.  Curiosamente el mismo día 19 sonaron las alarmas de prevención y se pudieron realizar jornadas de evacuación de inmuebles, que no regresaron a sus domicilios inmediatamente.  Sin embargo 2 horas  después sucedieron los hechos que más han afectado sentimentalmente a millones de mexicanos y se salvaron. Habrá que recordar y agradecer a aquellos hombres y mujeres que han participado con el gobierno, en las jornadas de rescate a punto de concluir, que han sido motivo de orgullo de esta nación para que regresen ahora a sus actividades cotidianas:  ” Tapen el Pozo y NO Ahoguen  al Niño”, concluiríamos.

 

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