Desplegar a la ‘Guardia Nacional’, que no existe, daña a la que existirá

Para qué rasgar, premeditadamente, el honor, la moral y el espíritu de una corporación nueva que tiene todas las oportunidades, mediante un escrupuloso proceso de creación, de ser, realmente, un hito histórico en México

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Necios somos todos. Unos en no entender y otros en no explicar.
Me canso… de tanto enredo.
El viernes pasado, en Minatitlán, Veracruz, el Presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que arrancaba en el país la actividad de la Guardia Nacional luego de que en la ciudad, días antes, un comando armado masacrara a 14 personas y provocara una airada reacción de la ciudadanía.
Es la primera vez, desde el arranque de su gobierno, que una acción del crimen organizado preocupa tanto al Presidente. Y quizá porque el tigre se soltó… en su contra.
En el despliegue de miembros de la Guardia Nacional, cuya creación todavía no se concreta al 100 por ciento, pues falta aprobar las Leyes Secundarias, es decir, las que en gran parte darán lo que siempre exigieron el Ejército y la Marina, marco jurídico para realizar la más dura tarea encomendada que no sea una guerra, pero sí de casi sostener combates con un enemigo en ocasiones mejor armado, y sin tener que enfrentar juicios sumarios a futuro.
Si, en el 2006, Felipe Calderón sacó a las calles a los militares, 6 mil en Michoacán, aunque luego desplegó otros grupos en zonas que se requería, y, en el 2012, Enrique Peña Nieto continuó el plan porque no había de otra, López Obrador, además del Ejército y la Marina, suma ahora a la Guardia (Policía Naval, Policía Militar y Policía Federal). A menos que ante la salida de miembros de la nueva corporación con gafete en el brazo de GN, las Fuerzas Armadas estén, desde ahora, a resguardo. Lo que no creo, pues, entonces, sí sería entregar la sociedad, en charola de plata, al crimen organizado.
Tres terquedades, tres:
A finales de enero, el Presidente afirmó que ya no había guerra. “Oficialmente ya no hay guerra (contra el crimen organizado)”, dijo en su conferencia mañanera. Explicó, entonces, que la violencia no se combatía con violencia, que pugnaba por la paz y por la felicidad, y pedía a los mexicanos ser buenos.
Hace poco más de una semana, sin embargo, se dio cuenta de que no es tan fácil la felicidad del “pueblo sabio” con grupos armados hasta los dientes por distintos rumbos del país.
Dos. Antes de la aprobación, en el Congreso, de la creación de la Guardia Nacional (quedando pendientes la Leyes Secundarias), el Presidente peleó fuertemente un punto específico: Que no se eliminara un artículo transitorio en el que pedía que mientras transcurría el proceso de formación de la Guardia Nacional se le permitiera utilizar al Ejército y la Marina en asuntos de Seguridad Pública, lo que se le concedió.
Y eso es lo discutible ahora ante la calamidad en Minatitlán, que, por cierto, no es el único estado en el que han ocurrido, aun después, hechos idénticos (este domingo, en Chihuahua, Guadalajara y Saltillo, ataques similares dejaron al menos 20 muertos), porque para qué apresurarse en colocar gafetes con las siglas GN a personal que aún no tiene clara su misión ni su labor resguardada, íntegramente, por conceptos legales.
Y, tres, si ya fue designado el Mando militar (en proceso de retiro), General de Brigada Luis Rodríguez Bucio, ¿por qué no sale él a dar los pormenores del arranque de la nueva corporación y los primeros resultados, si los hay?
Recordemos que ante los primeros cuestionamientos, apenas horas de su designación, Rodríguez Bucio se disculpó por no poder dar respuestas, pues dijo que “apenas tenía 24 horas en el cargo y, la verdad, no conocía mucho sobre la Guardia Nacional”.
Creo que el Presidente no tenía necesidad de apresurar la entrada en acción de la Guardia Nacional. Vaya, hasta en la Ciudad de México afirman que ya tiene presencia en ciertos sectores colindantes con el Estado de México.
Cuando el fin de semana se le cuestionó la prisa, respondió que sacarla ya a las calles “no afecta en nada los principios constitucionales”.
“Ya está autorizado en la Constitución… Ya se publicó en el Diario Oficial (de la Federación)… Sin que haya leyes reglamentarias (Secundarias) ya teníamos posibilidad de hacer lo que se llevó a cabo en Minatitlán”, expresó.
Pero, de pilón, otra duda. ¿Cuál es la esencia, la estrategia, el plan, los lineamientos, para que la Guardia Nacional evite hechos tan sangrientos, dramáticos y dolorosos para la gente sin utilizar la fuerza, sin disparar una bala, sin que diga, en un momento dado, como lo hizo él Presidente en tiempos de campaña, que están “masacrando” a mexicanos aun siendo delincuentes?
Porque, lamentablemente, la parte a la que enfrentará la Guardia Nacional ni sabe de paz ni respeta los derechos humanos.
Tampoco sabemos si en el arranque, por lo de Minatitlán, los miembros vistos con el gafete en el brazo con las siglas GN cumplían uno de los puntos importantes de su creación, el no portar armas de uso exclusivo del Ejército (¿y entonces cuáles?). O si su límite de uso de la fuerza ya se determinó bajo estándares internacionales de proporcionalidad y excepcionalidad. Si los detenidos ya son entregados a autoridades civiles.
Vaya, para qué rasgar, premeditadamente, el honor, la moral y el espíritu de una corporación nueva que tiene todas las oportunidades, mediante un escrupuloso proceso de creación, de ser, realmente, un hito histórico en México.
Digo, pero ya me cansé.

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