Delfina debe prepararse para el desengaño

Sin Andrés Manuel los morenos, por muchos que sean, no tienen fuerza alguna. Cuando la maestra Gómez no sea de utilidad, el líder de Morena la dejará en el camino; por ahora le sirve. Lo mejor es que esté preparada para el desengaño

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Bien a bien no sé en busca de qué anda doña Delfina Gómez, la de (no de) López Obrador, bloqueando calles en la ruta que va de lo que será el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México al Palacio Legislativo de San Lázaro, con parada final en Los Pinos.

Me dicen que camina y se planta para evitar que le cometan fraude electoral en favor de Alfredo del Mazo, el primo en octavo grado del Presidente Peña Nieto que, conforme al Instituto Nacional Electoral, le ganó las elecciones el pasado 4 de junio.

La maestra Gómez ya es acompañada por una insigne comitiva en la que destacan Gerardo Fernández Noroña, Martí Batres y Horacio Duarte; imagino que al final, cuando la caminata llegue a la meta, se incorporará el verdadero candidato de Morena a gobernador del Estado de México, Andrés Manuel López Obrador.

Será entonces cuando se ponga bueno este prolegómeno de lo que será 2018 si al final el Partido Verde no acepta la oferta del PRI, y el PAN y el PRD no se unen en matrimonio.

Será hasta entonces cuando veamos una nueva edición de la toma de la avenida Paseo de la Reforma, de las calles más transitadas del Centro de la Ciudad de México y, desde luego, de la Plaza de la Constitución.

Lo de Delfina es solamente un ensayo, fresa, si se quiere, pero ensayo al fin; en términos beisboleros, se podría decir que López Obrador puso a calentar a su cuadro de lujo. La señora Gómez, el brazo.

Por la lluvia y porque la ex candidata a gobernadora del Estado de México no tiene cómo convertirse en la heroína de Morena, una especie de Juana de Arco, su caminata y plantones no pasarán de mera anécdota, a menos que tenga planes de un evento dramático.

Es de entender; en Morena nadie es figura, ni siquiera Ricardo Monreal que antes de disputar la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México ya anunció su disposición de someterse al dedazo de López Obrador, una práctica por la que, según entiendo, se marchó del PRI.

Cuando a causa del infarto, Andrés Manuel no pudo estar en el plantón que organizó en el Senado de la República con la intención de impedir la aprobación de la Reforma Energética o quedó duda que nadie puede ir más allá del papel que le tienen asignado. Martí Batres, Gerardo Fernández Noroña y López Obrador junior hicieron el ridículo, no hubo contingentes que lo siguieran ni tuvieron valor de realizar una acción temeraria.

Quizá estoy adelantando vísperas, pero si Delfina continúa marchando y plantándose sin cargar al santo de su capilla, lo mejor es que ahorre energías.

Sin Andrés Manuel los morenos, por muchos que sean, no tienen fuerza alguna; más grave aún, el iluminado construyó el partido para él, no para Delfina ni para Martí, Fernández Noroña, Yeidckol Polevnsky o Monreal, por decir algunos.

La cruda realidad es que poco o nada les importa.

Ya lo verá cada uno en su momento.

A menos que doña Delfina encuentre la manera de tener fuerza propia, paulatinamente desaparecerá del primer plano. Cuando no sea de utilidad, el líder la dejará en el camino; por ahora le sirve.

No obstante, si Morena llegara a ganar la Presidencia, ¿en qué puesto la colocaría? La verdad, no encajaría en el gabinete; quizá le daría oportunidad de ser presidenta municipal de Texcoco una vez más.

Lo mejor es que esté preparada para el desengaño.

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