¿Debería el Presidente encabezar marcha ciudadana?

Gobierno federal y PRI han insistido, en las últimas semanas, en forjar una unidad nacional en torno a un escudo, de presencia lejana, en el que reboten las agresiones verbales trumpistas

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Finalmente, una cuestión de soberanía incumbe más al Estado y al gobierno en turno. Es decir, en un pleito -llamémosle así- entre naciones, la ciudadanía viene a ser el apéndice más vigoroso para un Jefe de Estado.

El poder de Donald Trump, por ejemplo, sería, ahora, inobjetable si fuera respaldado por el 100 por ciento de sus gobernados. Vamos, con un 80, 70 por ciento, tendría. Sin embargo, es repudiado por un gran sector.

Pero, veamos, en principio ¿por qué dos marchas ciudadanas anti-políticas de Trump anunciadas para el próximo domingo? Una convocada por María Elena Morera y otra por Isabel Miranda de Wallace.

¿El fin es distinto? ¿Hay dos versiones sobre lo que Trump propone? ¿Ambas apoyan al Presidente de la República? ¿Ninguna?

¿A cuál acudiría el Presidente?

Ninguna de ambas marchas, aunque confluyan “amigablemente” en el Ángel de la Independencia, tendría el peso suficiente si no es respaldada por quien está al frente del Estado mexicano. Mejor dicho, Trump no voltearía a verla si no hay un interés para él al frente de la protesta. Lo haría si caminaran sobre la Avenida Reforma, mínimo, 10 millones de mexicanos, es decir, el 10 por ciento de los mexicanos.

De lo contrario, es un acto cívico en vano.

La tarima pública es un riesgo. Pregunten a Cuauhtémoc Cárdenas, que en su intento por ser protagonista espontáneo participó, en octubre de 2014, en la marcha por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, pero así le fue.

Lo agredieron a botellazos, lo insultaron, y quien llevó la parte más fea fue su acompañante, Adolfo Gilly, que fue descalabrado.

O a Carlos Marín, otro valiente confiado en su “figura del buen decir o del buen escribir”. En 2012, con su investida presencia de comunicador, “cocoreó” a un grupo de simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador. Se llevó escupitajos, maledicencias e invectivas.

Pero, dirán otros, si sales a la trinchera en son de trabajo y conciliación, la cosa puede ser distinta. Y no se diga por la soberanía. Y recordarán la ocasión aquella, también en 2014, en que Miguel Osorio, Secretario de Gobernación, salió a dialogar con estudiantes del Politécnico Nacional en mangas de camisa. El conflicto se apagó no tan fácilmente, pero sí tras varias reuniones.

En las últimas semanas, el Gobierno federal y el PRI han insistido en forjar una unidad nacional en torno a un escudo, de presencia lejana, en el que reboten las agresiones verbales trumpistas.

Y si ese es el objetivo de organizaciones civiles y el del Gobierno federal, no habría por qué no unirse.

Claro, el Presidente, o sus colaboradores, tendría que pedir permiso para participar (¿o no?). El Presidente también podría recibirlos o esperarlos en algún sitio.

Recordemos, otra vez, que se trata de la soberanía nacional. En estos casos no existe el regateo ni los colores. Tampoco debieran existir los extremos.

En éste último punto, sin embargo, están los peros. No faltaría quien aproveche para acusar al Presidente de oportunista por “montarse” en una caravana cívica.

En el sentido estricto eso es, pero algún lado bueno debe tener el oportunismo.

El paso lo debe dar la Presidencia. Acercarse. Según se entiende, la marcha por la dignidad no la organiza ningún partido político.

Dirán también que se aprovecha para ganar simpatía, para que se vea como el líder de una nación agredida verbalmente. Lo es.

Bueno, podrían participar los líderes partidistas que gusten. Brazo a brazo, y todos ganar. Podrían dar un discurso sin sabor a campaña política. Podrían participar políticos reconocidos retirados o en la banca.

Imaginemos un cúmulo de personalidades de todos los niveles, áreas, sectores, oficios. ¿Por qué no?, Cuauhtémoc Cárdenas, Manlio Fabio Beltrones, Manuel Clouthier. Legisladores, empresarios, artistas, intelectuales, campesinos, obreros.

¿O esto es algo distinto a lo que promueve el propio Cárdenas? ¿A lo que promoverán en Estados Unidos, junto a mexicanos, López Obrador, Ricardo Anaya o Enrique Ochoa?

Dos marchas, dos buenas ideas, podrían ser una sola.

¿Ganaría el Presidente? Ganaría México. Un solo México.

 

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