De retos grandes y complejos

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Vaya si disfruté que IMPACTO, El Diario alcanzara su aniversario15, más allá de que, por múltiples razones que no vienen al caso, lo celebrara, en solitario, con Roberto Cruz; eso sí, con un par de mezcales.

En los recuerdos estábamos cuando uno de esos amigos entrañables que traen el ingenio a flor de labio me habló por teléfono para desear todo lo que según él merecemos, pero también para felicitarme por no haber celebrado al estilo de la casa, con Valente Pastor y el mariachi Real de Jalisco. Un video del festejo, me dijo, y estarías protagonizando la “boda maldita 2”.

Recordó los viejos tiempos cuando el quién es quién, no sólo del priísmo, acudía a las celebraciones de IMPACTO, Revista y Diario, no a festejarnos ni festejar con nosotros, sino para que Enrique Peña Nieto los viera y pudieran retratarse con él. Recuerdo que un prominente personaje, ya en retiro, condicionaba su asistencia a ser sentado al lado del entonces gobernador mexiquense, que estaba por convertirse en candidato presidencial.

Peña Nieto dejó de asistir a los festejos apenas fue proclamado Presidente electo. Pocos días después de que formalmente arrebatara Los Pinos al PAN convenimos, en su oficina, la fecha para el festejo, pero en breve canceló porque se disponía a viajar a Alemania a reunirse con Ángela Merkel. No regresó más a IMPACTO, a donde llegó, por primera ocasión, a tomar Ponche de Granada acompañando a Arturo Montiel. En el “Panchos Bar” escuchó de Juan José el vaticinio de que sería gobernador del Estado de México.

Pasado el tiempo, el viernes anterior a las elecciones de julio de 2018 me habló para prometer que nos visitaría en septiembre y dijo que hasta llevaría la comida. Como lo que estaba por ocurrir, la derrota del PRI, ya no era cosa de profetas, sino realismo mágico, le comenté riendo que para entonces habría muchos que quizás ya no asistirían; ni siquiera sería necesario elaborar una lista de invitados para su palomeo. No se lo dije, pero muy pocos gustan asistir a los funerales.

Como era previsible, no hubo comida porque el mundo se vino encima del entonces Presidente, así que no fue menester poner a prueba a quienes antes nos visitaban para estar cerca del siguiente tlatloani. Meses después me reuní, hasta en 2 ocasiones, con el ex mandatario, pero esa es otra historia.

Mi amigo tiene razón: En estos tiempos impera el miedo a ser notado; sólo es posible mantenerse a salvo nadando de muertito. A todos los que se asustan con su sombra al caminar que les vaya bien y Dios los acompañe.

Sólo un amigo, qué digo, ¿amigo?, ¡hermano!, me reclamó no invitarlo a brindar con Roberto. “Eres gacho”, me escribió.

Los 15 años de IMPACTO, El Diario me han servido para mucho, desde recuperar amigos que creía perdidos, como el hijo de uno de los más grandes políticos del siglo pasado que fue como un padre putativo para mí y para muchos otros; reconfirmar que en política y periodismo, como en el resto de la vida, se usan los vocablos “hermano” y “amigo” sin darles su real valor; recibir lecciones de lealtad en donde menos lo imaginas; replantear presente y futuro personales, que es lo menos importante, e intentar ver en una especie de bola cristal el escenario nacional inmediato.

No hubo festejo, pero lo habrá; tampoco llegó el titipuchal de cartas de felicitación de otros cumpleaños, pero arribaron algunas por la vía ordinaria y, gracias a la modernidad, varias vía el WhatsApp.

En entrega anterior mencioné las de la embajadora en Washington, Martha Bárcena, y de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Yasmín Esquivel, y las de los gobernadores de Quintana Roo y San Luis Potosí, como las de los queridísimos compañeros de oficio Martha Gutiérrez, Claudia Islas y Abelardo Martín, y la de la oficina de prensa de la Secretaría de Marina.

Y la del gran Javier Castellanos, ese doctor en ciencias ocultas a quien tanto debemos.

El mero 10 de enero fue de sorpresas.

Un oficial del Ejército Mexicano nos entregó la carta del secretario de la Defensa Nacional. Vale decir que fue la única que recibimos del gabinete del Presidente López Obrador, y también vale señalar que nos resulta más que suficiente.

Tiene especial significación, al menos para nosotros, que el general Cresencio Sandoval nos diga que con “profesionalismo” cumplimos el objetivo “de brindar información relevante”.

Y la tiene porque, en sus ediciones revista y diario, IMPACTO ha sido sumamente crítico con el general secretario, en especial por el estoicismo con que cargó las consecuencias del “culiacanazo”, el operativo fallido que marcó al gobierno de López Obrador y en el que la única en no fallar fue la fuerza armada más importante de México.

No hay manera de entender qué onda del Presidente con el Ejército. En campaña lo equiparaba al demonio, pero ya en el poder lo ha convertido, un poco al estilo de Evo Morales, en transportista de combustible, constructor y administrador de aeropuertos; lo ha disminuido a favor de la Guardia Nacional y hasta se permitió el lujo de decir que, si por él fuera, lo desaparecía.

Lo cierto es que en este muy especial mundo de la Cuarta Transformación, en el que todos jalan por su lado, el Ejército representa la única garantía de estabilidad nacional.

Si el Presidente hace un mínimo alto en su incansable campaña electoral y analiza lo ocurrido en el primer año de gobierno se debe felicitar de haber acertado en la designación del general Sandoval. Por eso nos alegró recibir su felicitación, por su concepción de lealtad e institucionalidad

Y con la del jefe del Ejército me llegó un mensaje del embajador de México en la ONU, Juan Ramón de la Fuente.

El ex rector de la UNAM me dice que IMPACTO, El Diario es “producto de un gran esfuerzo y un singular oficio periodístico en tiempos de cambio y de transformación”.

Y desea también que “vengan muchos años. No importa cuan grande sea el reto y cuan complejo el entorno” porque “el buen periodismo trasciende el tiempo de quien lo ejerce”.

Juan Ramón, de lo mejor de la Cuarta Transformación, sabe de lo que habla, en especial del gran esfuerzo.

No de hoy, de siempre, en IMPACTO le hemos reclamado, una y otra vez, no dar el paso que lo llevaría a la Presidencia. El país se ha perdido de quien, sin asomo de duda, sería un gran Presidente. Razones, todas respetables, le sobran, pero privó a México de lo que pudo ser una gran experiencia.

Me emociona que nos exhorte a no rendirnos ante lo grande del reto y lo complejo del entorno porque los conoce a la perfección, pero le agradezco lo del “singular oficio periodístico” porque de quien habla es de un reportero semi analfabeta al que no tuvo empacho en recibir, en múltiples ocasiones, en su oficina y comedor de la Rectoría de la UNAM.

Entre mis posesiones más preciadas guardo un par de libros de su autoría con dedicatoria autógrafa; una es equivalente a Licenciatura y la segunda a Maestría; me falta la del Doctorado.

La carta inesperada fue la de Omar García Harfuch, que ahora cuida de la seguridad de los capitalinos. Muy a su estilo, el hijo de don Javier García Paniagua y nieto del general Marcelino García Barragán nos felicita con pocas palabras y califica al Diario como “importante medio informativo”.

Su misiva está llena de simbolismo.

Reservo para el final la carta de Liébano Sáenz. Desde su Gabinete de Comunicación Estratégica nos dice que los 15 años de IMPACTO El Diario “representan un homenaje para el buen periodismo nacional” y que “son las obras, lo que hacemos día con día, lo que nos permite trascender en el tiempo y aportar a la circunstancia en las que nos correspondió transitar. Tú y tu equipo pueden estar muy orgulloso del valor de su trabajo que nos han regalado a quienes hemos sido tus lectores”.

Según Liébano, IMPACTO ha contribuido con lo más difícil y, a la vez, lo más preciado por el público: La narrativa de los hechos más relevantes del acontecer nacional acompañado de una opinión seria, inteligente y constructiva”.

La verdad, Liébano se mandó.

Después de leer esto como que me estoy arrepintiendo de haber desechado el festejo.

A todos los que se tomaron la molestia de escribir, y a muchos más que hablaron y enviaron mensajes, sólo puedo, agradecido por sus palabras, preguntarles ¿qué se toman?

Y prometerles que si no temen a los videos y sus consecuencias, si hay festejo están invitados.

 

 

 

 

 

 

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