De los lamentos a averiguar dónde reaparecerá la maldición del crimen

Realidad ya no da para más, sino aceptar su crudeza

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Ya parece el juego del gato y el ratón… con la mirada perdida del ganso.
Ya lo decía alguien por ahí; si no ocurre lo de Minatitlán (ejecución, hace un mes, de 13 personas durante una fiesta) no implementan el supuesto despliegue de la Guardia Nacional, que sabrá Dios de dónde la sacaron.
Parecieran sólo graznidos.
Pero si en Morelos tampoco ocurren los crímenes, a mansalva, de un empresario y un líder sindical en pleno zócalo de Cuernavaca, o la ejecución de cinco empleados de un penal femenil del mismo estado, o el homicidio de dos personas, en una barbería, frente a la Sedesol, también en la capital morelense, y, para rematar, el secuestro, tortura y homicidio de Humberto Adame, hermano del ex gobernador Marco Adame, quizá la reunión regional con cuatro gobernantes y dos representantes de seis entidades no se habría dado con tanta urgencia.
Esto tiene un mal sabor de boca, pero más una borrosa visión del futuro a corto plazo ante el tema de la inseguridad.
Aunque Guanajuato se ha aplacado un poco, sigue siendo la entidad más violenta, cosa que nada le pide Veracruz, que durante el fin de semana sufrió oootro amargo hecho cuando hombres armados dispararon, durante una misa de XV Años, en una iglesia del municipio de Fortín de las Flores, matando a dos jóvenes.
Vaya, ya no se sabe qué tan bien están organizados los criminales del fuero común, o qué tan desorganizados los del crimen organizado.
Si el despliegue de los 61 mil efectivos de la Guardia Nacional anunciados, el pasado 13 de mayo, por el Secretario de Seguridad nacional, Alfonso Durazo, es real, urge que se note.
En definitiva, la presencia de los efectivos de la Guardia Nacional desinhibiría, en gran parte, la operación de los delincuentes.
Porque hay cosas que aterran y que ahora, con la tecnología abierta y diseminada por todas partes, como las cámaras de video o las grabaciones mediante teléfonos, ya nada, o casi nada, puede esconderse.
Ayer, en todos los medios y redes sociales se difundió el video en la que un hombre entra a un despacho jurídico en Cuautitlán, Estado de México, en aparente asalto y dispara a la cabeza del litigante sentado en su escritorio, además de que hiere a dos personas más.
En su “mañanera” de este lunes, el Presidente Andrés Manuel López Obrador admitió por vez primera, sin rodeos, que “no se ha disminuido la inseguridad ni la violencia”, y que si algo se ha hecho ha sido “marginal”.
Creo que la realidad ya no dio para más, sino aceptar su crudeza. Dejemos a un lado lo que mediáticamente se expresa; la gente (aunque diga el Presidente que tiene confianza en que se resolverá) sabe que la violencia, y aguda, persiste.
Ayer, el periódico Reforma (“conservadora” o “fifímente”) publicaba información de pavor: “El primer cuatrimestre de 2019, el más violento desde 1997”, y desglosaba las cifras.
Al mismo tiempo, el Rector de la UNAM, Enrique Graue, lamentaba lo “doloroso” que es la inseguridad que vive el país.
Y es que las autoridades no saben siquiera, tal vez porque ahora “ya no existe espionaje”, por dónde va a saltar la liebre.
¿O se imaginaban que saltaría por Oaxaca? Pues sí; un grupo armado disparó contra un grupo de gente que terminaba de participar de una reunión en la comunidad de La Venta, en Juchitán, con un saldo de cuatro mujeres y dos hombres muertos.
El sábado, habitantes de Playa del Carmen (Solidaridad), Quintana Roo, realizaron una marcha por la paz. Por ahí, la liebre ha saltado muchas veces. Pero, a ver, ni un graznido.
Ayer, en su sección “Lado B” de Milenio, dedicada a entrevistas más allá del oficio del entrevistado, Durazo cuenta cómo aceptó el cargo de alta responsabilidad que ahora ocupa y asegura que para él es “como un apostolado” cumplir con acabar con la inseguridad del país.
Sí, la conclusión de su meta personal, nada fácil, después de “aspirar autos y lavar platos en Estados Unidos”, de cambiar su profesión de Ingeniería Civil a Derecho; de ser secretario particular de Luis Donaldo Colosio, y lo mismo de Vicente Fox.
La culminación del “juego” está casi en sus manos, por el bien de todo México.
Porque esto cansa.

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