La noche del 17, impacto.mx “subió” a la Internet el Informe Circunstanciado que el secretario del Consejo General del IFE, Edmundo Jacobo Molina, envió en esa misma fecha al Trife dando respuesta a las impugnaciones del Movimiento Progresista de Andrés Manuel López Obrador. Son 668 páginas sobre las que no hay más que decir.
Simplemente los abogados de López Obrador no lograron probar la compraventa de votos, las encuestas no son propaganda electoral, no hay certeza de que las tarjetas de Monex y Soriana hubiesen sido utilizadas para la adquisición de votos, el IFE cumplió a cabalidad con su función, etcétera.
En otras palabras, si el PRI compró 5 millones de votos, como dice el candidato del PRD, PT y MC, no hay forma de probarlo.
O lo que es lo mismo, AMLO debe conseguir mejores abogados o dejar de mentir.
Al Informe Circunstanciado, del que IMPACTO, El Diario, publicó un reducido extracto el 18 porque en la madrugada fue materialmente imposible hacerlo con amplitud, se pudo acceder a través de la liga correspondiente publicada desde la noche anterior en impacto.mx. El 19 el periódico Reforma lo reprodujo. Es a partir de ambas publicaciones que López Obrador cambió de estrategia y optó por acusar al PRI de lavado de dinero, llevando de compañero de viaje al líder nacional del PAN, Gustavo Madero.
El lavado de dinero es el delito de moda.
A quien pretenda deshacerse de un contrario le bastará hoy con acusarlo de lavar dinero, delito relacionado con el narcotráfico; en el pasado se señalaba al enemigo como comunista.
Como sin duda la PGR se tomará su tiempo para resolver sobre las temerarias acusaciones de Jesús Zambrano y Gustavo Madero (porque así lo exigen las cuestiones procesales), López Obrador señalará a Marisela Morales y a Cuitláhuac Salinas como cómplices de Enrique Peña Nieto y del PRI.
Morales y Salinas son viejos conocidos de AMLO. La ahora procuradora fue quien llevó el caso de desafuero en contra del entonces jefe de Gobierno del DF y Cuitláhuac fue el modesto agente del Ministerio Público Federal que lo puso en su lugar en una reconstrucción de hechos en el predio El Encino, materia del juicio de desafuero por violación al amparo que el Poder Judicial de la Federación concedió a sus propietarios.
Así, López Obrador podrá clamar nuevamente que la “mafia” y los de “arriba” continúan persiguiéndolo.
Sin embargo, lo recomendable para Andrés Manuel es leer las 668 páginas del Informe Circunstanciado del IFE para que la resolución del Trife no le vaya a provocar un infarto. Así entenderá las razones por las que su demanda de anulación de la elección no prosperará.
Posiblemente, aceptando sin conceder que el PRI rebasó en alguna medida los topes de campaña, a lo más que se hará acreedor será a una sanción; en cuanto a la cacareada inequidad, basada en los calzones del boxeador Márquez, que sirvió para invalidar la elección en Morelia, se debe recordar que aquella se resolvió en favor del PRI en razón de menos de uno por ciento, en tanto que Peña Nieto aventajó a López Obrador por casi 7 puntos.
Dicho de otra manera, todo se ha consumado, y a Andrés Manuel no le queda otra que abordar el avión para viajar a la finca que le heredaron sus padres en Chiapas y sentarse a planear su campaña para el 2018.
LOS MOTIVOS DEL BATO
El personaje más sorprendente del proceso electoral es Gustavo Madero.
Nunca sabremos si fue o no el candidato de Felipe Calderón para ocupar el liderazgo nacional del PAN. Por lo pronto hay evidencia de que fue el hombre de Ernesto Cordero. Por lo menos lo apoyaba el equipo de comunicación del ex secretario de Hacienda convertido en precandidato presidencial, encabezado por Max Cortázar.
Algo debió cambiar en el camino que de pronto le apareció Roberto Gil Zuarth como rival. Roberto, que a la postre sería coordinador de la campaña de Josefina Vázquez Mota, jura y perjura que su intención no fue competirle a Madero y que lo suyo sólo era una participación testimonial en la que, sin embargo, fue incrustada Paty Flores por órdenes de Los Pinos (léase Felipe Calderón). Por lo menos eso fue lo que ella argumentó cuando le dio el beso del diablo al ex secretario particular del Presidente de la República. Madero se impuso a Gil en un proceso vigilado por la esposa del Presidente. Para la historia y la especulación está el video de Milenio en el que parece que Margarita Zavala regaña a Roberto por la derrota.
El chiste es que ganó Madero y todo parecía listo para la candidatura de Cordero. Con lo que no contaba el ex secretario de Hacienda fue que Gil reapareciera, pero como coordinador de la campaña de Josefina.
El hecho sirvió después para que los corderistas argumentaran que a la mitad de la carrera Calderón cambió de caballo y apoyó a Vázquez Mota. Luego, en la derrota de Josefina ante Enrique Peña Nieto, explicarían que el Presidente la abandonó.
Algún día sabremos que ocurrió en realidad, lo cierto es que una mañana en plena campaña, cuando el barco de Vázquez Mota hacía agua, Madero decidió tirar el arpa, abandonó el cuarto de guerra de la candidata y regresó a su escaño en el Senado.
Sin embargo, una vez derrotado el PAN, cuando todo mundo esperaba que el líder nacional renunciara ocurrió lo contrario; se aferró al puesto.
Más aún, se ha dedicado a ir contra corriente del Presidente y de la ex candidata. Hoy forma con Zambrano una pareja que necesariamente nos recuerda a Manolín y Shilinsky que tanto nos hicieron reír.
MI NOMBRE ES TEMOR
Sergio García Ramírez es todo un caso. Está en el IFE sólo porque el PRI no pudo ingresar al IFE a Arely Gómez. Hoy es noticia porque decidió desmarcarse del caso Monex por su vieja amistad con la familia Fraga.
García Ramírez ha jugado toda la vida a desmarcarse. Lo hizo la noche en que Alfredo del Mazo asoció las siglas de su nombre y primer apellido con las de Carlos Salinas de Gortari y llegó a la conclusión de que el candidato del PRI era el procurador general de la República y no el secretario de Programación.
Don Sergio pasó la noche en vela pegado al teléfono en espera de que Miguel de la Madrid o Jorge de la Vega Domínguez le hablaran para darle la gran noticia.
Fue una noche cruel porque recibió la llamada de Mario Moya Palencia y la visita de Guillermo Rosell de la Lama que se creyeron el cuento de Del Mazo.
Se desmarcó una vez más cuando Roberto Madrazo y Arturo Montiel acordaron que presidiera al PRI en la disputa de 2005 por la candidatura presidencial. Primero dijo que sí y luego simplemente se rajó.
Hoy lo vuelve a hacer porque es amigo de Gabino Fraga.
Su nueva actitud, nada sorpresiva, nos remite necesariamente a la conversación de su ex esposa con Carmen Aristegui cuando fue electo consejero del IFE.
Y desde luego a la pregunta sin respuesta: ¿algún día le echará pantalones?
