Cuidarse de la delincuencia, de nuestra sombra… y hasta del aire

Razones sobran para, en ciertos días, no salir a la calle en gran urbe

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Salir a la calle en el Valle de México, en ciertas temporadas, requiere de dos cosas indispensables para cuidar la salud y la vida: Un cubrebocas y un chaleco antibalas.
No nos espantemos; muchas capitales del mundo padecen los dos tipos de problemas que originan estas medidas extremas, la contaminación y la delincuencia. Aunque, también, la aplicación de los gobiernos es distinta. Muchos, en ambas situaciones, sólo hacen como que hacen.
Vaya, por una o por otra, a veces, ni graznar.
De no mejorar las medidas por parte de los gobiernos en turno -que cuando se es oposición se reclaman y exigen a manotazos, pero cuando se llega a ser gobierno se sufre de amnesia (que puede ser por la misma polución-, éstas calamidades acompañarán por años, esperemos que pocos, a los habitantes de esta, tan hermosa, parte de la República Mexicana, pero principalmente a los de la Capital del país.
Añejos padecimientos.
Y vamos en camino de cuidarnos hasta de nuestra propia sombra.
Desde el fin de semana pasado, dos enemigos mortíferos tienen con las manos en alto a los capitalinos. El primero es conocidísimo y tiene que ver con atracos, ejecuciones, violaciones, secuestros, mientras las autoridades afirman que no pasa nada. Pero igual se matan en Tepito que asesinan en Polanco o abaten en Periférico. O se balacean frente a Ciudad Universitaria o proyectiles cruzan salones de clases.
El otro, también en análisis y revisión desde hace décadas, es la contaminación ambiental. Sólo imagine; desde los 90 ya el ingeniero Heberto Catillo sugería la colocación, en las orillas del entonces Distrito Federal, de ventiladores gigantes para ayudar a la dispersión de los contaminantes. Como ingeniero, Castillo participó en obras de envergadura en México, aportando ideas innovadoras.
Pues este segundo enemigo también nos quiere matar y, en estos últimos cinco días, a la Jefa de Gobierno de la “Cuarta Transformación”, Claudia Sheinbaum, parece que la emergencia la tomó por sorpresa, ocupada en refinar la idea de las “fotocívicas”, pero quizá más preocupada porque el Décimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito ordenó a su gobierno frenar el Programa de Verificación de automóviles implementado este año por la simple razón de que permitió la circulación adicional, diaria, de 160 mil vehículos.
Los magistrados señalaron que la aplicación del programa iniciado a principios de enero significa “una política ambiental regresiva y contraria a las normas internacionales que rigen en materia ambiental”.
Cierto que la Capital mexicana padece en estos meses del año (finales de la Primavera, principios del Verano), casi puntualmente, la mayor acumulación de partículas dañinas en el ambiente, pero las medidas oficiales, a veces, en lugar de ayudar estorban.
Luego de cuatro días de mala calidad del aire, este martes, la Comisión Ambiental de la Megalópolis emitió medidas urgentes.
Según la CAME, además de altos niveles de ozono (el malo, el que no protege la capa terrestre, sino el que se combina con emisiones contaminantes emitidos por automóviles, plantas de energía, calderas industriales, refinerías, plantas química, incendios forestales, irresponsabilidad humana), se registra un exceso de partículas PM2.5 (que contienen sustancias orgánicas, polvo, hollín, metales y químicas, fáciles de llegar a los pulmones).
Vaya, ayer me hizo recordar el famoso año 2009, cuando ante la supuesta emergencia por una epidemia de influenza decretada por el gobierno de Felipe Calderón se prohibió hasta el uso de corbatas, el saludo de mano y las reuniones masivas; ante la alta contaminación ambiental aplazaron el partido de futbol entre el América y el León de la Liguilla mexicana, pero también el de beisbol entre Algodoneros y Diablos, además de lo habitual, como evitar actividades al aire libre, cívicas, culturales, deportivas y de recreo en centros escolares, así como labores de restauración públicas.
En fin, que razones sobran para, en ciertos días, no salir a la calle en esta gran urbe, donde, como dije, debemos cuidarnos hasta de nuestra propia sombra.
Por lo pronto, ¡arriba las manos!, pero cúbrase nariz y boca.
Y es que hay veces que el ganso grazna y hay veces que ni agua toma.
No es así, pero por ahí va…

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