¿Cuántos kilos vale la inocencia o la responsabilidad de Duarte?

¿Dónde está la treta del ex gobernador de Veracruz con su huelga de hambre? Tal vez busca algún “socavón” en el Nuevo Sistema de Justicia Penal. Abogar por la suerte de sus ex colaboradores, haciendo a un lado la suya, no le corresponde porque es asunto de las autoridades. Quizá espera de la justicia un salvador “¿O comes o te vas?”

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Debió fiarse del eclipse para no sufrir tanto y decidir irse a la huelga de hambre en el Reclusorio Norte, donde está preso desde el 17 de julio.

Sin embargo, nadie voltea a ver a Javier Duarte en algo totalmente revelado casi como un show infantil.

¿Quién podría darle crédito a su idea de atraer tan siquiera la lástima?

Duarte trampeó y desea seguir trampeando. Bajo qué condiciones se declara en huelga de hambre. El ex gobernador no es un perseguido político. Al menos no por sus ideas.

Aunque, ciertamente, el ayuno no tiene una causa específica para quienes la utilizan para doblegar una acción en su contra, cualquiera interpuesta por el mandatario veracruzano, en su condición de presunto ex servidor público corrupto, no atraería la más mínima atención.

Duarte no sólo burló a la autoridad al desaparecer, desde octubre del año pasado, apenas unas horas después de solicitar licencia a su cargo asegurando “no haber tocado ni un solo peso del erario público”, ni “tener por qué huir”, sino también de los mexicanos.

Apenas lo capturaron las autoridades guatemaltecas en una especie de paraíso vacacional, dijo no tener un centavo para pagar un abogado, pero está acusado de desviar 35 mil millones de pesos.

¿A quién intenta hacer reír o transmitir su congoja? Vaya, no lo digamos ni siquiera por el intento de buscar la reacción popular en su favor. En su caso es imposible. La gente sabe, por lo dado a conocer en medios, cómo las arcas más afectadas por el despiadado saqueo fueron las de Salud y Cultura.

Su treta, cual sea, se antoja ridícula e inadmisible porque su situación es totalmente jurídica, sin ninguna pizca de razón ideológica o social como aquellas de casos concretos en donde encaja la opción a defenderse autoflagelándose con una huelga de hambre.

¿Cuál es el motivo de su ayuno más allá de defender a sus ex colaboradores, de incriminar a Miguel Ángel Yunes, su sucesor, y de asegurar no involucrar su proceso legal porque cree en la justicia “y lo declararán inocente”?

¿Ser reubicado de reclusorio o de celda? Como reo no parece estar en un penal de mala muerte, aunque tampoco puede pedir el cielo. Tal vez conseguir otro tipo de alimento o exigir que no le bloqueen la visita conyugal, pero su esposa vive en Londres.

En las horas posteriores a su anuncio de ayuno envió cartas a medios de comunicación, una de ellas a Radio Fórmula. En ella detalla, como dijimos, su tal vez única razón y dice no inmiscuir el proceso judicial en su contra, pero el asunto de sus ex colaboradores compete a las autoridades, y no a él. El suyo va por buen camino. Recordemos tan sólo la “paliza” de sus abogados a la Fiscalía en la primera audiencia en México. Tal vez en eso debió reparar el ex gobernador de Veracruz, en la buena labor de quienes lo defendían, poniendo en jaque a quienes armaron su expediente.

Ningún acusado de hacer trampas puede pecar de inocente. Si algo tiene es viveza. Entonces, Duarte debe estar barajando las cartas. Su decisión, incluso, debió consultarla con su equipo de abogados. ¿Dónde está la treta? ¿En algún “socavón” del Nuevo Sistema de Justicia Penal? ¿Cuál es el librito del ex mandatario estatal?

Los primeros días de un ayuno no son lastimosos; una semana ya pesa y comienzan las conjeturas, digamos, si quien realiza la huelga de hambre la hace a conciencia y presenta cuadros de salud deplorable, ¿pero cuántos kilos vale la responsabilidad o la inocencia de Javier Duarte?

Él mismo, su defensa, estarían abonando al ridículo de no culminar esta amenaza latente. Con la salud no se juega. ¿O él quiere jugar con la salud de la justicia? ¿Seguirá otra cosa después de la huelga de hambre?

A Duarte no sólo lo “eclipsó”, al parecer, el eclipse del pasado lunes, sino temas tan escabrosos como el “socavón” que tiene en un ídem al Secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza. O los casos del futbolista Rafael Márquez y del cantante grupero Julión Álvarez, o el de la presunta relación entre el abatido Felipe de Jesús Pérez Luna “El Ojos” y el Jefe Delegacional de Tláhuac, Rigoberto Salgado.

El de Duarte, como otros casos hoy ventilados de ex gobernadores y ex funcionarios públicos, no tiene mucha vuelta; su suerte está en los tribunales, no en los shows mediáticos.

Muchos personajes políticos, sobre todo líderes sociales, podrían utilizar la huelga de hambre en condiciones como las que hoy vive Venezuela o, en su tiempo, Cuba y otros muchos países, en donde una larga fila de disidentes optó por ese camino, pero nada de eso es aplicable al ex gobernador de Veracruz.

Quizá Duarte, sin pensar todavía en dónde tiene más enemigos o problemas legales, adentro o afuera, espera de la justicia un salvador “¡o comes o te vas!”.

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Twitter: @RobertoCZga

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