¿Cuántos descontones soportará Arturo Herrera?

Titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público da la impresión de inexistencia de coordinación con el Presidente de la República

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Muy al inicio del año, el entonces subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, decía sentirse hasta la madre.

Si no renunciaba fue porque consideraba que su jefe, Carlos Urzúa, estaba a punto de estallar y, entonces, podría presentarse su oportunidad.

No se equivocó; el 9 de julio, el Secretario Urzúa reventó, harto, explicó, de la toma de decisiones de políticas públicas sin sustento y de la imposición de funcionarios sin conocimiento alguno de la Hacienda Pública.

Este 10 de octubre será una fecha inolvidable para el Secretario Herrera porque el Presidente le asestó en la conferencia mañanera un par de descontones, ofreciendo la impresión de inexistencia de coordinación entre el mandatario y el responsable de las finanzas públicas.

López Obrador enmendó la plana al secretario de Hacienda prometiendo que durante su mandato no se incrementará la edad de trabajadores en materia de jubilaciones; asimismo, descartó ampliar la participación de la iniciativa privada en las rondas petroleras.

Herrera recién acababa de referirse a la necesidad de incrementar la edad de jubilación, pero, además, para que le cuadraran los números contaba con la incorporción de la iniciativa privada en la exploración y extracción de petróleo, al menos en aguas profundas.

En la historia de desmentidos presidenciales a Herrera destacan, por ejemplo, la negativa de López Obrador a mover los impuestos de la tenencia vehicular y el predial, o implementar nuevos, como lo había propuesto el subsecretario, en abril pasado, ante legisladores.

Antes, en marzo, Herrera repitió en Londres lo que había escuchado a los mandos directivos de Pemex en el sentido de que por razones financieras, el gobierno mexicano pensaba detener la construcción de la refinería de Dos Bocas. La reacción del Presidente a lo publicado por el Financial Times fue desautorizar al subsecretario.

En aquellos meses, marzo y abril, Herrera ya pensaba en tirar la toalla, pero acertó en su pronóstico sobre Urzúa y se quedó porque intuía que suyo sería el puesto.

Hoy, la apuesta podría ser otra: Que el año próximo, la situación se descomponga, de tal suerte que obligue al Presidente a entrar en razón, coordinarse con el Secretario y entender que la política económica no se puede manejar desde Palacio, como decía Luis Echeverría cuando se deshizo de Hugo B. Margáin so pretexto de una caída del caballo que montaba.

La desventaja de Herrera es que difícilmente el Presidente permitirá que las finanzas del país las manejen por él, mientras que su ventaja es que no monta a caballo.

El problema es que para el año próximo se podría hacer realidad la vaticinada descomposición económica nacional, agravada por la recesión local impulsada por las políticas presidenciales, a lo que habría que añadir la recesión mundial. Falta nada; sólo dos meses.

La pregunta es ¿aguantará más descontones el secretario Herrera, sobre todo cuando diga al Presidente que la sucesión de recortes presupuestarios a las Secretarías de Estado, a favor de los programas asistenciales, ha paralizado al gobierno, pero que, además, no habrá dinero, no al menos el suficiente, para que el aeropuerto de Santa Lucía sea algo más que una pista y una torre de control, la refinería de Dos Bocas unas zanjas y la barda perimetral, y el Tren Maya apenas un proyecto?

Una más: ¿Cómo explicaría López Obrador que en sólo un año, o en uno y medio de gobierno, dos secretarios de Hacienda le den las gracias?

 

 

 

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