¿Cuánto vale el amor de AMLO por la CNTE?

Algunos aliados, los de siempre, como los de ocasión, suelen salir caros en exceso

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Andrés Manuel López Obrador se está percatando de que algunos aliados, los de siempre, como los de ocasión, suelen salir caros en exceso. Tarde o temprano comprobará que al final será él quien pague los costos, no sólo materiales, sino también políticos y morales.

Suele suceder a los hombres de poder por más bien intencionados que sean. Al del poder le interesa servir y pasar a la historia; a la mayoría de los aliados sólo el negocio. Ya lo comprobará.

Está claro que en pago a la lealtad que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación le guardó durante los 12 años que buscó la Presidencia, López Obrador aplicó a la “mal llamada” reforma educativa de Enrique Peña Nieto la receta de Giuseppe Tomasi, cambiarla para mantenerla más o menos igual, pero la disidencia magisterial no se tragó el engaño y está dispuesta a lo que sea con tal de cobrar bien, como le prometieron.

Para saber a qué arreglo llegó la CNTE con el Presidente deberemos esperar al jueves, cuando a la Cámara de Diputados se le agote el tiempo para aprobar las leyes secundarias de la “bien llamada” reforma educativa.

La solución que sea, depende de si persiste o nos olvidamos de la decisión original de López Obrador de que el Estado mantenga el control de las plazas magisteriales y del dinero.

Andrés Manuel hipotecó su palabra con la CNTE a cambio de su apoyo. Prometió en campaña que haría polvo la reforma educativa parida por el Pacto por México y lo remarcó apenas ganó la Presidencia en la conferencia de prensa conjunta que mantuvo con Peña Nieto en Palacio Nacional, pero llegado el momento se impuso la realidad: El costo, entregar el control de plazas y el dinero a la CNTE, es demasiado alto.

La sociedad no olvida y no perdonaría.

El gobierno y sus aliados en el Congreso han hecho maroma y media para hacer como que liquidan a suficiencia el compromiso contraído por la CNTE a cambio del apoyo, pero los profesores saben que en el fondo de la “bien llamada” supervive el espíritu de Peña Nieto.

Influido por el espíritu del discurso de campaña, el parlanchín coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado, había prometido no dejar con vida ni una coma de la “mal llamada”, pero sabe que en lo aprobado, en lo general, por él, los diputados morenos y la oposición, permanecen no sólo las comas, sino hasta los puntos suspensivos. Con otro lenguaje, si se quiere, pero el espíritu es el mismo.

Para no variar, Morena está a la espera del resultado de las pláticas de López Obrador con los dirigentes de la CNTE, pues a pesar de la autonomía del Poder Legislativo, el partido en el gobierno no tiene la respuesta por más que tenga los votos, propiedad, en realidad, del Presidente.

Es poco lo que necesita acordar Andrés Manuel con la CNTE. Según palabras de Delgado, “estas leyes tienen mucho que ver con los maestros; es la Ley de Carrera Magisterial; es la Ley para el Sistema de Evaluación y General de Educación… Faltan acuerdos finales; son varios temas. Hay varios puntos; son detalles, pero estamos tratando de que tengamos el mayor consenso”.

No parece mucho, pero lo es en demasía. Por ello, de lo que surja del encuentro de López Obrador con la CNTE y, en consecuencia, apruebe Morena en la Cámara de Diputados dependerá, en mucho, la credibilidad gubernamental.

¿Estará dispuesto el Presidente a pagar el costo de los negocios de otros?

 

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