Corriendo ‘diablos’

Proceso de vital importancia en la industria petrolera

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A la memoria del Ing. Humberto Cadena Guerrero,  quien  fuera superintendente de ductos de Pemex

 


Un “diablo” es un dispositivo mecánico para la limpieza interior o inspección de una tubería.

Hay ocasiones en las que en los sistemas de tuberías de transporte de hidrocarburos se forman obstrucciones a su flujo debido a las mismas características del fluido. Estas obstrucciones pueden originar grandes problemas, tales como la disminución de la producción, necesidad de mayor presión de bombeo, grandes acumulaciones de impurezas y corrosión en las tuberías por la presencia de agua. Estas se limpian empleando una corrida de diablos. La corrida de diablos en tuberías fue desarrollada en los años 50, en Estados Unidos, para limpiar las tuberías de aceite crudo; ha sido utilizada en la limpieza de tuberías en la industria del aceite y delgas por más de 50 años. Los diablos de tubería son dispositivos que se insertan y viajan, por el interior, a lo largo de la longitud de una tubería de producción. Por lo tanto, la corrida de diablos es un término que describe un método mecánico de cambiar de sitio un líquido en una tubería o para limpiar depósitos acumulados en el interior de la tubería, y para determinar la integridad interna de la tubería.

Este proceso es importante en la industria petrolera debido a los beneficios que se obtienen después de realizar dicha operación, puesto que la producción se incrementa, los productos son más limpios y se requiere una menor presión de bombeo.

La eficiencia de la tubería depende de dos aspectos: Primero, la operación continua, y, segundo, la reducción de costos de operación.

Los petroleros de abolengo saben bien que el tan llevado y traído negocio del “huachicol”  no hubiera podido hacerse, ni podrá seguirse haciendo, sin la complicidad de quienes “corren los diablos”, pues de inmediato detectarían las perforaciones en los ductos por las que se sustrae el combustible hurtado a la empresa. Es evidente que en tales operaciones no tuvo participación el personal perteneciente al STPRM ni que fueron del conocimiento de su dirigente, Carlos Romero Deschamps, pues hacerlo iría contra los intereses de una empresa a la que los trabajadores sindicalizados han probado, sobradamente, su lealtad desde su creación, tras la heroica gesta del 18 de marzo de 1938, encabezada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río. Generalmente, el robo de combustible se realiza, directamente, de los oleoductos de Petróleos Mexicanos, de los cuales se extrae el combustible a través de perforaciones. A esta técnica se le conoce, comúnmente, como ordeña de ductos. Después de detectar el ducto, los huachicoleros realizan un corte e instalan una llave improvisada para poder extraer el combustible, que se vende, más tarde, en tianguis cercanos o, directamente, a traileros que pasen por el poblado.

Generalmente, los precios se establecen entre 8 y 10 pesos el litro. El diésel y la gasolina magna son los combustibles más comercializados. En México, esta actividad es un delito federal. Sin embargo, a mayo del 2017 no se había reportado sentencia alguna en contra de uno solo de los grupos delictivos que se dedica a la extracción ilegal de combustibles. El gobierno federal puso en marcha, el 20 de diciembre del 2018, el Plan Conjunto de Atención a las Instalaciones de Pemex, que tiene como propósito evitar el robo de combustible y acabar con la corrupción que conlleva; el Presidente López Obrador aseguró que en sólo 5 días, el plan disminuyó 55 por ciento el robo de hidrocarburos. A pesar de declaraciones que desmienten el desabasto de gasolina, en las primeras semanas del 2019, la población ha referido ausencia de gasolina, así como gasolineras cerradas.

Cito lo que escribe Eduardo Ruiz Healy en “El Economista”: “En mayo del 2017, el entonces secretario de Hacienda, José Antonio Meade, dijo que el valor del combustible robado era de entre 15,000 y 20,000 millones de pesos al año. En noviembre del año pasado, su sucesor en el cargo, José Antonio González Anaya, aseguró que la cifra era de casi 35,000 millones de pesos (aproximadamente 1,750 millones de dólares anuales). Pemex reportó el primer caso de robo de combustible de sus ductos en el 2000, cuando concluía la administración de Ernesto Zedillo. El delito fue en aumento durante los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Durante esas dos décadas nadie se quejó de tan terrible situación con la fuerza y el enojo que hoy vemos en quienes protestan, y con toda la razón, por el cierre de cientos de gasolineras del país que se quedaron sin gasolina y diésel luego de que Pemex cerrara diversos ductos que diariamente transportan centenas de miles de barriles de estos combustibles por todo el país. De acuerdo con la opinión de los expertos en materia petrolera, cerrar los ductos era necesario para poder realizar un procedimiento llamado ‘corrida del diablo’. Entiendo que las ‘corridas del diablo’ deben hacerse para identificar en qué lugares se roban los combustibles y que su cierre temporal es el primer paso que da el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir el robo de gasolinas, diésel y otros productos que diversas organizaciones criminales han realizado durante años y con absoluta impunidad, aparentemente coludidos con —y protegidos por— funcionarios del más alto nivel de Pemex, del gobierno federal, de los gobiernos de varios estados y municipios, y hasta de militares de alta jerarquía. Lo que no llego a entender es que los expertos de Pemex no previeran que la demanda de combustibles aumentaría el fin de semana previo al regreso a clases de millones de estudiantes y la normalización de las actividades en el país. Tampoco entiendo por qué la secretaria de Energía, Rocío Nahle, el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, y otros funcionarios que entienden del asunto, no hayan dado la cara inmediatamente, y a través de todos los medios de comunicación a su alcance, para explicarle la situación a un púbico enojado. Por su mutismo dejaron que el problema creciera, se magnificara en las redes sociales por quienes desean que fracase el Presidente y se convirtiera en la segunda gran crisis que durante su naciente gobierno ha tenido que enfrentar. El 1 de diciembre, Andrés Manuel nos pidió tenerle ‘paciencia y confianza’, pero sólo se la tendremos si sus colaboradores más cercanos dan la cara apenas surjan los problemas y expliquen lo que sucede para que todos entendamos lo que pasa. Ayer no ayudaron a su jefe a ganarse esa confianza y permitieron que en redes sociales operaran libremente quienes buscan acabar con la Cuarta Transformación”.

Me queda poco que agregar. La historia del México moderno está tan íntimamente vinculada al petróleo que es imposible entenderla sin comprender la manera en qué éste puso a nuestro país en el mapa global desde finales del siglo XIX y contribuyó a detonar y prolongar la etapa más sangrienta de la Revolución Mexicana. ¿Cómo entender, por ejemplo, que en 1914 -el año con más muertos registrados entre 1910 y 1917-, México haya exportado el mayor volumen de crudo antes de 1982?, pero, sin lugar a dudas, la columna vertebral de la industria petrolera mexicana son sus trabajadores y técnicos. Son el acervo de capital humano e intelectual que representa el activo más valioso por su carácter reproducible y potencialmente inagotable de que hoy dispone la nación mexicana para seguir construyendo su bienestar y seguir aprovechando de la mejor manera su patrimonio petrolero, ese sí no renovable. Por eso, el porvenir de México no puede seguirse construyendo sin el concurso de los petroleros. La relación de Pemex con el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, con los colegios de ingenieros y con la comunidad científica y tecnológica de México debe ser, por necesidad, armoniosa y fructífera. Por su propio bien, el de su gobierno y el de México, es indispensable que el Presidente López Obrador deslinde a los trabajadores de Pemex y a su sindicato del crimen del huachicol y resuelva, ya, el desabasto de combustibles con todas sus consecuencias inflacionarias y de irritación social. Entre más pronto, y más claramente lo haga, será mejor para su  gobierno, su credibilidad y su popularidad.

 

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