Terquedad o soberbia, actitud de los López contiene el pánico

Gracias, o a pesar de, México no está tan convulsionado como otros países que, sin una emergencia total, “queman todas sus naves”

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Ante el nuevo fantasma que recorre el mundo, sería ilógico o anormal que no se desataran también toda clase de elucubraciones.

Ya de inicio, a principios de enero, cuando comenzó a circular la versión del surgimiento del virus chino supuestamente por el sacrificio de animales en mercados públicos, el dato era ya caldo de cultivo ni siquiera para medios informativos profesionales o columnistas serios, sino para las redes sociales que, son igualitas que los propios centros mataderos de perros, changos, reptiles y toda clase de zoología.

Cierto que existe una cadena de salud mundial que, se supone, científicamente da seguimiento a amenazas como el “Coronavirus”, pero aun así acontecimientos como este tienen su dosis de fantasía humana.

Sí, debemos aceptar que hoy es más fácil, o debería serlo, primero detectar, después frenar y, por último, eliminar, cualquiera de estas amenazas apocalípticas, ante la supuesta tecnología a la que hemos llegado.

Así como se ha avanzado tanto en la electrónica, en el área digital, computacional, de datos, lo mismo se ha avanzado en la ciencia y en equipos médicos, sin embargo, seguimos deambulando alrededor de un cubre-bocas.

Este lunes, por ejemplo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud, lanzó una petición urgente a todos los países: “Tenemos un mensaje simple para todos: Exámenes, exámenes, exámenes”.

Explicó: Se ha visto un aumento de las medidas de distanciamiento social, como cierre de escuelas o cancelación de eventos deportivos, pero no de pruebas para detectar la portación del virus.

“No se ha visto un incremento lo suficientemente urgente para realizarse las pruebas de detección del ‘Coronavirus’, el aislamiento o el rastreo de casos”, expresó.

“Son (las pruebas, los exámenes) la columna vertebral de la respuesta (contra el Covid-19)”.
Este lunes, sin embargo, durante la conferencia matutina de Palacio Nacional, tanto Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, como el Presidente Andrés Manuel López Obrador, desestimaron tener que someter a medio mundo a exámenes si, en principio, ni síntomas presenta de siquiera alguna gripa, empezando por el Mandatario federal que sábado y domingo se la pasó besando y abrazando desde niños hasta adultos.

Por eso hablamos de “terquedad” o “soberbia” de parte del Presidente, apoyado por el subsecretario de Salud (que además para todo le llama “Señor”), porque ante la ciudadanía o sus gobernados debiera exhibir una postura intermedia, mínimo, es decir, si no desea hacerse una prueba (que hasta ociosa resultaría), al menos sí saludar y sonreír de lejitos.

Es decir, una cosa con otra, y estaríamos perfectos y dándole una lección al mundo.

Desde hace mes y medio, ya iniciados los contagios en Wuhan, China, tanto la OMS como algunas dependencias de Salud en varios países comprobaron que el virus tiene una letalidad que no pasa del 3 por ciento.

Pero, además, que vive en el cuerpo humano no más de 14 días y luego desaparece, que no resiste el calor (aunque ya hay versiones que eso no es veraz, que se cura no necesariamente en hospitales, que a los niños no les afecta nada.

No todo, sin embargo, es sencillo con el “Coronavirus”. Los más afectados son los adultos mayores de 60 años, sobre todo quienes padecen enfermedades crónicas. También las embarazadas por sus bajas defensas.

En México, aunque parezca increíble, bueno lo es, quien ha tomado al toro por los cuernos contra el “Covid-19”, ha sido el subsecretario Hugo López-Gatell, en lugar del titular de Salud, Jorge Alcocer, quien a veces lo acompaña, pero solo lo observa como si el primero estuviera presentando un examen, y el Secretario fuera su sinodal.

He seguido todas las conferencias de prensa sobre el curso de lo que en nuestro país será epidemia, surgida, a la vez, de la ya pandemia en el mundo, y la recolección de datos, repetidos una y otra vez, llevan al razonamiento de que se han dosificado bien las medidas.

¿Para qué lanzar una bomba de nervios, una granada de pánico?
López-Gatell ha hablado de tres fases de la dispersión del virus. México está, después de dos meses, a punto de pasar a la Fase 2 (cuando los casos de contagio se cuentan por cientos).

Claro, no solo llegaremos a la 2, irremediablemente, a la 3.

¿Qué ocurre cuando hay un incendio en un evento y alguien grita “¡corran!”. Hay muertes precipitadas, atropellamientos. Ha pasado en estadios, en discotecas.

Hoy en el país, afortunadamente, se encuentran todavía muchos artículos en los mercados porque, aunque se han acelerado las compras, no llegan al pánico.

En otros países esas compras de pánico las originaron sus propios gobiernos.

Este martes, durante la conferencia matutina, López-Gatell señaló que el objetivo principal de las decisiones con base verídica de información sobre el “Coronavirus”, tomadas hasta ahora, es mantener el orden.

Dijo que no se debe agotar a la sociedad gastando las medidas a destiempo, anticipando decisiones que tempranamente no son necesarias.

Claro, las medidas nunca están de más, pero dosificadas, sin quemar todas las naves de un jalón.

Creo que vamos bien. Para nada digo que nos vamos a salvar de miles de contagiados, ni López-Gatell lo ha dicho. Al contrario, hace un mes, antes de iniciar las conferencias “nocheras”, advirtió que la epidemia se daría en México.

Sin terquedad, sin soberbia, sin exageraciones, lo que requerimos es temple.

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