No sé si el mundo es el de siempre, pero yo lo veo diferente cuando tú no estás

Hay quienes platican los golpes de la vida, quienes temen a los golpes de Estado. ¿Tendrán la capacidad de sopesar el vendaval de una turba de millones de mujeres?

Compartir:

El mundo podría comprobarlo si en cada país, o en todo el planeta, las mujeres repitieran el ejercicio que este 9 de marzo las mexicanas se atrevieron a llevar a cabo: Hacen falta, y mucho.

No solo era la percepción, en realidad el silencio era demasiado. A donde volteara la vista, en donde se detuviera, sobraba espacio. Algo no embonaba en la realidad cotidiana. Tanta calma, exagerada, era anormal.

Como los meros machos, los hombres resistimos la segregación. En muchos oficios, debieron trabajar más o apresurar las labores, porque faltaban las mujeres. Era como una terapia, una sesión sobre el diván por un día, para ambos, para todos, para la sociedad. Yo no voy, tú si vas.

De acuerdo al parámetro trazado desde que se promovió “Un Día sin Mujeres”, el objetivo era valorar la necesidad que de ellas tiene la comunidad.

Mostrar que cada uno, hombres y mujeres, tienen actividades específicas, roles preponderantes para el desarrollo de un país, pero compartido. Más aún, dejar claro que contra las mujeres no debe permear la violencia en muchos sentidos.

En realidad, una manera bastante pacífica de su parte de exigir que paren las agresiones criminales, los feminicidios.

Sin necesidad de hacer cuentas, ni sacar calculadora, era evidente que el 85-90 por ciento no acudió a sus centros de trabajo, al gimnasio, a los mercados, las escuelas, los parques.

La soledad de las calles evidenciaba que la ciudad las necesitaba. La gran urbe tenía vida, pero a medias. Quizá en la Capital mexicana fue más notable el “Día sin Mujeres”. Este día, las amplias avenidas fueron como en un viaje al futuro, mucho más grandes.

La voz de las mujeres desapareció este 9 de marzo de muchos rincones del país. El balance o la balanza perdían equilibrio.

Sin duda, a ellas les ocurriría los mismo si alguna vez sucediera lo contrario, “Un Día sin Hombres”.

Pero lo intentaron como un paso previo, muy previo, a medidas más fuertes.

Una forma parecida al despecho, pero muy particular a su sensibilidad, de siempre suya, de expresar, con el aislamiento, su reprobación a algo que les lastima.

¿Pero qué tanto lograron en el reconocimiento de la sociedad a su presencia (o a su ausencia)? ¿Eso es necesario para revertir las conductas agresivas y, a veces, asesinas en su contra?

En todo esto hay un receptor que tiene la responsabilidad o la obligación de dar cauce a su protesta, el Gobierno.

Pero su día de reclamo inició agriamente con el desprecio y el desaire de quien en el país debe poner el ejemplo, el Presidente López Obrador.

No fue capaz de iniciar la conferencia matutina con una referencia al paro de mujeres. López Obrador repitió la actitud que arrastra desde hace dos semanas de no hacer caso a su movimiento.

Ni siquiera porque frente a él solo había reporteros varones, y una que otra periodista mujer entre el mar de hombres. Ni así.

Fatalmente es uno de los signos que lo aislará de ser el hombre de la Historia al que aspira.

Pero no hubo vuelta de hoja. El mazo con que las mujeres golpearon el “establishment” dio hasta en la amargura de Andrés Manuel.

No hace falta decir que se requiere un balance para cuantificar que tanto afectó en capital su ausencia de la productividad.

Ellas no estuvieron un día y, de una u otra forma, se deber encontrar y entender una moraleja. Hay quienes han llenado el Zócalo, quienes lo han rebasado. Las mujeres pueden vaciar una ciudad.

Hay quienes platican los golpes de la vida, quienes temen a los golpes de Estado. ¿Tendrán la capacidad de sopesar el vendaval de una turba de millones de mujeres?

De ellas fue este 9 de marzo. No estuvieron e hicieron falta. Falta a la sociedad, a los hombres, a la vida… al Gobierno.

Por eso envidio el mar que tiene agua…

[email protected]

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...