La guerra del dinero

Sobre los empresarios con los que se reunió este lunes en Palacio Nacional, 20 horas después de anunciar su plan de rescate económico, López Obrador dijo: “No me pidieron, me ofrecieron”

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Cuando el Presidente Andrés Manuel López Obrador asegura que el “Coronavirus” ha confirmado el fin del neoliberalismo, con su afirmación quiere decir muchas cosas.

Todas las ha ido hilvanando de a poquito, de mensaje en mensaje, de “mañanera” en “mañanera”. Sin embargo, es un hecho que el Mandatario federal juega con fuego al utilizar una emergencia, por no decir una descomunal tragedia, como capital político.

Pero es hasta ahora cuando se va clarificando un plan que, quizá, además de no convenir, no sea el más serio o el más adecuado si quien pretende aplicarlo es un personaje de la altura de un Presidente de la República.

López Obrador incurre en la insulsa idea del que quiere destacar y ser el mandamás haciéndose rodear por supuestos incondicionales. Y mostrar que no le importa quienes no estén con él, o quienes lo contradigan. Él es poderoso y hará las cosas a su gusto porque a su lado tiene por parte del sector empresarial, como lo dijo en la conferencia matutina de este martes, a Carlos Slim, Alberto Bailleres y Germán Larrea. Pero también a Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, entre otros que no acudieron a Palacio Nacional el lunes porque cuidan la sana distancia.

Sin embargo, uno de los empresarios mexicanos más entusiastas para avalar las estrategias de gobierno, Carlos Salazar Lomelín (al menos así lo demostró varias veces acompañando a las citas con el Presidente a Carlos Slim), líder del Consejo Coordinador Empresarial, ha pintado su raya, pues las propuestas de su agrupación (que aglomera unos 12 organismos) nunca fueron tomadas en cuenta por López Obrador.

Y es que el Presidente sigue insistiendo en su ira contra el neoliberalismo, bandera que ondea unas 10 veces durante cada “mañanera”, asegurando que las propuestas de algunos empresarios son llamados a contraer deuda y a rescatar a “los grandes”, tipo Fobaproa.

López Obrador basa su estrategia para derrotar los efectos del “Coronavirus” en tres puntos: Inversión pública, creación de empleos (2 millones), honestidad y cero corrupción.

Ante la inmovilidad del Presidente de su idea (reforzada este martes con alusiones al Evangelio y un mensaje del Papa Francisco, sobre arropar a los pobres), Salazar Lomelín dio un mensaje público en el que anunció un plan alternativo del sector empresarial, al menos el que él representa y las decenas de empresas adheridas, sin desasociarse del gobierno.

Convocó a la sociedad a organizarse en un programa civil de ayuda mutua entre particulares para salvar los empleos.

“No hemos sido timoratos, pero se nos cerraron todas las puertas porque si no lo hacemos estamos en riesgo de una caída de hasta 10 por ciento en el Producto Interno Bruto que significaría la pérdida de 1 millón a 1 millón 400 mil empleos en México”, advirtió.

“Esta es la posibilidad de una solución a esa ola que viene en lo económico porque el objetivo es proteger los empleos para que después de 90 días podamos recuperarnos”.

Entre las medidas sugeridas mencionó la factibilidad de programas privados como el de “adoptar una pyme”, compras adelantadas a pequeños negocios como estéticas, tintorerías, taquerías y comercios similares en dimensión.

Un día antes, cuando el Presidente habló casi como la panacea la creación de 2 millones de empleos en nueve meses, Salazar Lomelín respondió así:

“¿Cómo va a crear 2 millones de empleos en 9 meses con estas condiciones que estamos viviendo? Nunca se ha creado una cantidad tan grande de empleos. Los empleos los produce el sector privado, no el sector público.

“El sector público invierte 1 peso de cada9 que se invierten en el País y creer que con inversión pública se van a crear esa cantidad de empleos es un objetivo que luce inalcanzable”.

Para muchos, las reuniones que López Obrador realiza con empresarios dentro de Palacio Nacional (después de la del lunes con Slim, Bailleres y Larrea, y otros, vía teleconferencia, este martes lo hizo con industriales de Nuevo León), encierran decisiones que no se mencionaron en el mensaje trimestral del domingo a la ciudadanía. Y preguntan si algo se oculta.

Para complementar esta “guerra del dinero” que ha desatado López Obrador, este martes también, Dante Delgado, senador de Movimiento Ciudadano, y quien reveló en una carta dirigida al Presidente que fue quien le presentó a Alfonso Romo, lo conminó:

“No creo que las diferencias existentes entre Estados Unidos y China sean insalvables, y tampoco creo que lo sean las que existen entre tu proyecto y el sector productivo de nuestro país.

“El plan de rescate económico no es un plan y no es rescate, y si de algo sirve la reflexión, es evidente que las grandes empresas trasnacionales podrán cambiar el destino de sus inversiones; los más ricos podrán sacar, con un clic, sus millones de dólares a mercados seguros. ¿Pero los micro, pequeños y medianos empresarios, que generan 3 de cada 4 empleos, qué podrán hacer? ¿Cómo van a sobrevivir? ¿En qué les ayuda tu plan? ¿Con qué ingresos fiscales se podrá apoyar a los pobres del país si cae de manera dramática el PIB nacional, por falta de producción y de consumo?”

Una de las más duras advertencias de Dante Delgado pone a pensar.

“Mucha gente va a enfermar y mucha va a morir si no dejas de pensar en esto como una crisis de imagen y comienzas a enfrentarla como una contingencia de Estado”.

El dilema es muy grande, pero lo ensanchará, o lo acortará, el tamaño de lo que viene con respecto a la pandemia de Covid-19, y toda su serie de consecuencias.

Pero, sobre eso, crear una “guerra del dinero” parece ilógico y muy arriesgado.

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