La expropiación virulenta del “Coronavirus” petrolero

Este 18 de Marzo, el Presidente López Obrador encabezó la más desairada celebración, mediáticamente hablando, de la Expropiación Petrolera. En medio de una pandemia/epidemia de lo que fuera, ¿Lázaro Cárdenas habría montado un evento para recordar las Leyes de Reforma o el nacimiento del PNR?

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No lo pregunto porque sea día marcado como “puente”, eso lo será el próximo sábado 21 de Marzo, cuando se conmemora el natalicio de Benito Juárez, y ya nos lo chutamos desde este lunes, sino porque parece que la fecha o el evento pasó desapercibido: ¿Sabe usted qué se recordó este 18 de marzo?

Desde inicio de semana, sobre todo en sus conferencias matutinas, el Presidente Andrés Manuel López Obrador mostró efervescencia por el Día de la Expropiación Petrolera (por si usted no recordaba qué ocurrió en esa fecha).

Claro, él y muchos mexicanos habríamos preferido que la fecha no cayera en medio de una tempestad como la que estamos padeciendo y que no nos permite concentrarnos en otra cosa, sino en que, de repente, no comencemos a toser, a sentir dolor de cabeza o fiebre.

Cierto también que dejar atraparnos por la ola de noticias sobre el crecimiento de los contagios del, no sabemos si espeluznante o cobarde, virus chino, psicológicamente, más que fortalecernos nos deprime, el hecho es que todos los medios de información conceden un 90 por ciento de su tiempo a ese tema.

Y eso fue lo que este miércoles opacó el evento del 82 Aniversario de la Expropiación Petrolera, encabezado por López Obrador en el Centro Administrativo de Petróleos Mexicanos.

En el contexto de la cotidianeidad, tampoco tendríamos por qué abandonar las labores diarias o, por pánico desconcentrar la actividad pública y oficial.

Claro, dependiendo del grado y naturaleza de lo que tengamos enfrente.

Hace 10 días, las mujeres mexicanas se quedaron en sus casas, no fueron ni a la esquina, en protesta por la violencia que padecen, incluyendo los feminicidios.

¿Es la violencia contra las mujeres un hecho grave que justifique realizar “Un Día sin Mujeres?

Creo que sí; más aún, justificaría otras medidas.

La epidemia en curso de “Coronavirus” en México, ¿justificaría “Un Día sin Eventos” sin concentración de personas (saludándolas de beso y de mano)?

Bueno, ya depende del patriotismo, protagonismo y urgencia de reflectores, en este caso, del Presidente de la República.

Creyendo o no que el evento sobre la expropiación petrolera acapararía y arrasaría todas las audiencias, sobre todo de esa cuarta parte de mexicanos considerada por él “pueblo sabio”, López Obrador conmemoró el 18 de Marzo.

Más aun cuando no hay producción petrolera, cuando las refinerías están dadas al traste, cuando una está en construcción como mero capricho, y cuando el precio internacional del crudo anda en su nivel más bajo en un cuarto de siglo.

Con él estuvieron Claudia Sheinbaum, Octavio Romero, Rocío Nahle, Lázaro Cárdenas Batel, Manuel Bartlett, Alfonso Durazo, Olga Sánchez Cordero, el General Luis Cresencio Sandoval, el Almirante José Rafael Ojeda, entre otros. Todos, radiantes de “transformación”.

Claro, narraron su propia historia.

“Estamos llevando a cabo el rescate de nuestra empresa del Estado, anteriormente sometida a un abandono deliberado”, dijo Romero.

Habló de la recuperación de la producción del energético.

“Con los trabajos de exploración llevados a cabo el año pasado (2019) se lograron incorporar mil 900 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, muy por encima de los 950 que se incorporaron en promedio anual durante el periodo 2013-2018”, añadió..

Expuso una gran cantidad de datos que, en concreto, pintan un escenario de jauja tremenda para este y el año próximo, casi casi previendo que “hay que administrar la abundancia”.

El resto fue promesas, rollo administrativo y culpas al pasado.

Pero cerró con un esplendoroso “el rescate actual de Petróleos Mexicanos es el mayor, después de la nacionalización del Presidente Cárdenas del Río, es el único que verdaderamente honra la expropiación de 1938”.

Siguió el Presidente. Contó una fábula de Macuspana “de cuando en 1860 se descubrió” el petróleo y “los indígenas mayas chontales le decían con temor (al cura Manuel Gil y Sáenz) que se iba a volver un montón de sal, porque eso era cosa del duende o amo del monte”.

Y luego toda la historia que recogen cientos de libros de Historia de México, que todos alguna vez hemos leído u hojeado, sobre el tema y asuntos colaterales, en la que describió a buenos y malos, los de siempre.

Celebró los resultados del (“eficiente y honesto”) ingeniero agrónomo al frente de Pemex, Octavio Romero.

El Presidente reiteró que no modificarán el marco legal para revocar los contratos que se entregaron a partir de la (¿mal?) llamada Reforma Energética.

“No lo haremos porque aún el dominio de la nación sobre el petróleo es preponderante. No les dio tiempo de entregar (suponemos que a los “conservadores”) toda la riqueza petrolera, afortunadamente el pueblo de México dijo ‘basta’, en julio del 2018 sonó la alarma, sonó la campana y se terminó con la privatización”.

Y cerró con tres ¡Viva México!

En una atmósfera de contrastes se aplaudió, se volvió a saludar (de beso y de mano).

El evento fue porque fue.

Ya desocupado, conforme, lleno de Patria, seguramente el Presidente Andrés Manuel López Obrador telefoneó a Hugo López-Gatell: “¿Cuántos van?”.

–“Ciento dieciocho, señor”.

“Vamos requetebién”.

 

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@RobertoCZga

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