La “conspiración ‘fifí’”: Contacto en Palacio Nacional

La fuerza del mal (de una pandemia) acaba de poner en el sitio exacto del “complot conservador y sus aliados” a Omar Fayad. Tiene “Coronavirus” y abrazó al Presidente López Obrador. La venganza del neoliberalismo. ¿Quién armará la trama?

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Y después de dos meses de ja, ja, ja… ¿Quién amarrará al tigre del Covid-19?

Ciertamente en tiempos de apocalipsis -al menos ese fue el tono que Hugo López-Gatell dio a su ahora, increíble, reculada sobre el tormento que nos espera si no nos encerramos a piedra y lodo para evitar la maldición del “Coronavirus”-, ningún pecho debe ser bodega.

Y es que los tiempos de terror son tiempos también de truculencias.

Pero hay que decirlo todo, insisto, porque no solo el pecho del Presidente no es bodega.

Y menos cuando de por medio está la salud (para no ir más lejos) del Presidente de la República, pero más aún, la suerte de todo un país.

Ante el problemón en que se ha convertido la pandemia de Covid-19, y las hasta ayer sábado desairadas medidas, o sugeridas entre sí y no, entre cumplidas o no, por el mismo Jefe de Gobierno, por alguna rendija de tanta soberbia o exhibición de fuerza extraterrestre, se nos tenía que colar la calamidad.

Pero ahora vendrá la narrativa del futuro inmediato de parte de los que ven sombras de complot por todos lados. De los que escuchan los pasos de moros con tranchete.

Veamos, diría quien comience a armar el cuento, todo estuvo medido.

La conspiración está más que clara.

Los elementos son los más certeros para un novelón tipo Dan Brown.

El suspenso, la intriga. Un régimen arrebatador, vengativo; un puñado de políticos arrinconados porque la “razzia” está en plena aplicación. ¿Quién es el verdadero verdugo?

Vaya, lo que todo mundo en México daba como el “Complot chino”, cambia de estatus ante los recientes hechos. Es un “Complot ‘fifí” y el contacto fue en Palacio Nacional el 18 de marzo.

El desenlace, Dios nos guarde, esperemos nunca se dé. Que el Presidente Andrés Manuel López Obrador, verdaderamente, posea una “fuerza moral” y no “fuerza de contagio”. Que saque e implore a todo cuanto guarde y pasea en su billetera.

Porque 10 días después del “contacto” en la que fue la residencia de Benito Juárez (¡santo Dios, otros datos!), este sábado 28 de marzo podría ser la clave de la necesidad de una transformación extra, la Quinta. O, quizá, si los capítulos que ya alguien se encargará de escribir, lo clarifican, nadie más querrá volver a proponer una 4 o 5T.

¡Cielos!, las benditas redes sociales. Ahí empezó todo.

Omar Fayad dio el teclazo final. Sudaba. ¿El “Coronavirus” avanzaba por su cuerpo o el alto nivel de calor que se escapaba por su piel era generado por las hormonas que producía una inesperada hiperactividad del hipotálamo?

“Les informo que he dado positivo al examen del #COVID19. Estoy ya en cuarentena en mi casa”, escribió el Gobernador de Hidalgo en un tweet.

“Tanto yo como las personas con las que he tenido contacto estamos siguiendo los protocolos que establece la Secretaría de Salud.

“Desde mi cuarentena en casa sigo trabajando y dirigiendo los esfuerzos de mi gobierno para controlar la epidemia en Hidalgo. Nada nos detendrá para superar juntos esta crisis”, soltó y el mensaje comenzó a correr como en competencia olímpica sobre la súper carretera del Internet.

Acababa de soltarla, dirá, repito, quien arme la trama. En oficinas de redacción, en dependencias de gobierno, por todas las redes sociales, se soltaba la sorpresa y la duda.

Pero era el momento preciso. Hugo López-Gatell, Subsecretario de Salud, modificaba abruptamente la postura del gobierno, del régimen.

Casi en forma autoritaria exigía a la población no salir de sus casas durante un mes ante la pandemia en el mundo de Covid-19. ¿Qué más sabía López-Gatell?

¿Qué líneas paralelas por fin se tocaban?

Todo es como un rompecabezas. Cierto que Morena anda en malos pasos, pero había hasta sincronismo político -recordó alguien-, en Hidalgo todo es como si nada se hubiera roto entre el ayer y el hoy.

“Pregúntenle a Yeidckol”, se escuchó a otro, “Fayad, Canek Vázquez…”.

“Después de todo, todo es guerra”, añadió uno más. “¿O cómo te explicas que el ‘Coronavirus’ naciera en China, que China hoy festeje estar libre del mal, pero que Estados Unidos sea el mayor horno de ‘Covid-19’, con cientos de muertos y miles de casos? ¿Tendría razón Nostradamus? ¿En 2020 caerá uno de los más grandes líderes del mundo?”.

Había que esperar, sugería la mayoría de los “científicos” del Presidente. “No aplica”, sentenció López-Gatell. “López Obrador no requiere hacerse la prueba del ‘Coronavirus’”.

¿Quién juega con la salud del Presidente?, era la pregunta pública.

Muchos creen que él mismo. Su arrogancia, dicen unos. Su miedo a perder al “pueblo sabio”, aseguran otros.

Cierto o no, la fuerza del mal (de una pandemia) acababa de poner en el sitio exacto del “complot conservador y sus aliados” o de la “conspiración ‘fifí’”, a Omar Fayad. Tiene “Coronavirus” y abrazó al Presidente López Obrador.

¿Todo tenía una lógica? ¿Alguien no tenía otros, sino los mismos datos?

Hace dos años, en otro marzo, López Obrador, ante el temor que por tercera vez los neoliberales le “robaran” su triunfo, advirtió: “Si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy también a Palenque y a ver quién va a amarrar al tigre.

“El que suelte el tigre, que lo amarre, ya no voy a estar yo deteniendo a la gente luego de un fraude electoral, así de claro”.

Entonces, ahora, ¿quién soltó el tigre del Covid-19 a López Obrador?

La última palabra la tiene el Test para determinar SARS-CoV-2.

La venganza del neoliberalismo. ¿Quién armará la trama?

Todo parece ilógico. Elemental, mi querido…

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