Ingrid y el fracaso de las autoridades para frenar la violencia con saña

“El feminicidio de Ingrid y las agresiones a muchas otras mujeres son actos inaceptables e indignantes”, dijo Olga Sánchez Cordero, titular de la Segob. Sí, claro, ¿y?..

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Desde hace tres semanas, o más, mínimo una decena de planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre preparatorias y facultades, se mantienen en paro. No se imparten clases.

Mientras unas escuelas son recuperadas por alumnos en contra de la medida, otras las adoptan, o retoman la “huelga de estudio”, como ocurrió este martes con la prepa 6.

La exigencia más insistente, aunque se hable de “mano negra” (política contra el Rector Enrique Graue) detrás del movimiento, es que se apliquen medidas contra la violencia de género en los planteles.

Hasta ahora las autoridades han recriminado los hechos vandálicos de quienes participan en las marchas y que hasta cometen tropelías en Ciudad Universitaria frente a Rectoría, objetivo final de todas sus manifestaciones, pero poco, o nada, se escucha sobre cumplir sus peticiones que ya llegan a ruego.

¿Qué carajos ha anunciado el Rector de la UNAM, o los directores de escuelas no para pedir que paren las marchas y los paros, sino para que, en realidad, la integridad de las mujeres esté algo más asegurada en el entorno universitario?

Desde el año pasado cientos de mujeres encapuchadas han protagonizado hasta enfrentamientos con policías; han incendiado objetos, han roto cristales; lanzado piedras, palos, botellas; han hecho pintas.

Pero nada. Tampoco hay respuestas claras que no pasen de meros discursos anunciando medidas que nunca se ponen en marcha, o al menos no se notan o se ven.

Las alertas Amber son como normales. A veces se dan dos por día. Mujeres de todas las edades, un gran número niñas, son declaradas por sus familiares como desaparecidas, pocas son localizadas, y muchas, desgraciadamente, reaparecen sin vida.

El alto número de crímenes horrendos colma los anales de la nota roja.

Parece, sin embargo, que no ha llegado ni a gobierno alguno, ni a puestos claves de Seguridad, quien entienda de qué se trata todo esto por lo que las mujeres reclaman y reclaman.

Incluso el término de “machismo” está pasado de moda. El problema de locos secuestrando, ultrajando, violando, golpeando, mujeres es de organización, de planteamiento, de advertencias; sí, mucho de cultura familiar, social, pero que nadie implementa porque no existe ni un método, ni lo más mínimo, la vigilancia abundante, porque, ni modo, es lo que se requiere ahora.

Este martes, por ejemplo, en el enfrentamiento en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, inicialmente entre mujeres de agrupaciones distintas de taxistas, de pronto aparecieron golpeadores que, si usted ve una escena en el que uno de ellos le parte la cara a una de ellas de un derechazo, quizá pediría la detención del agresor.

Pero ¿qué cree? Aun cuando a unos pasos de la gresca había elementos de la Guardia Nacional, ninguno intervino.

El video está en redes sociales, en sitios de información web, como para que la autoridad cuando menos llame a cuentas al porro.

En noviembre pasado, en el marco del Día Internacional para Combatir la Violencia Contra las Mujeres, el gobierno federal (el Presidente Andrés Manuel López Obrador) y el Poder Legislativo presentaron las acciones que se implementarían para erradicar cualquier tipo de agresión contra ese sector de la población.

“Debemos sumarnos todos para evitar la violencia contra las mujeres, vamos a seguir trabajando de manera coordinada. Ese es el compromiso que hemos adquirido, el que tenemos con las mujeres en su conjunto”, expresó el Mandatario federal.

Hasta ahora, sin embargo, no se sabe cuál es el plan o qué han hecho.

Como muchos otros asuntos, todo se va en discursos, discursos y más discursos.

Este domingo, aun cuando todo ocurrió dentro de un domicilio privado, el caso del crimen de Ingrid Escamilla, joven de 25 años, por la violencia ejercida contra su persona, debería obligar a las autoridades a meterse más en el dificilísimo asunto.

Y no es que un crimen sea distinto a otro por la poca o mucha saña con que se comete, pero sí implica la existencia de otros roles que, si no existen, podrían evitar cualquiera de los dos niveles.

Sí, uno de esos roles es la drogadicción u otras adicciones, la identificación de patrones de conducta en ciertas personas, el seguimiento al entorno familiar donde se detecte una irregular convivencia, etcétera. El propio compromiso de las mujeres, mediante programas de las autoridades, a la alerta, la seguridad.

En fin, lo que parece que hace falta es meterse de lleno en formas distintas de combatir ciertos delitos.

Sobre la tragedia de la joven de 25 años, la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo: “El feminicidio de Ingrid y las agresiones a muchas otras mujeres, son actos inaceptables e indignantes”.

Sí, claro, ¿y?..

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