El “Covid-19” nos pone en nuestro lugar; volvemos al sedentarismo

La diferencia con la Prehistoria es que ahora tenemos a nuestro favor mucha tecnología. Benditos celulares, computadoras, internet, redes sociales. Y toda una gama de mercadotecnia para el “home office” y el garantizado entretenimiento

Compartir:

Todavía mucha gente se resiste a enclaustrarse en el “cantón”. No sé si en otras partes, pero en la Ciudad de México, muchísimos. Reconvertirte a sedentario, después de millones de años, como que no cuadra a la primera.

Será el “Coronavirus”, pero muchos tenemos alma nómada.

Mientras en algunos países, ciudades o pueblos ya no sale ni un alma a la calle, en la Capital mexicana la resistencia prevalece. Todavía este sábado, aun cuando la psicosis se ha esparcido más que el virus chino, en las avenidas principales se pueden ver una gran cantidad de vehículos y gente haciendo actividades “normales”. Nada como para pensar que al mundo lo acecha una pandemia, y a México una epidemia.

Impacta más que el 90 por ciento de la población capitalina no use tapabocas, quizá dando la razón al doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, de que en realidad no sirve para protegerte del “Covid-19.

A pesar de las advertencias, a medias, de las autoridades de Salud y del propio Gobierno Federal, nos resistimos a encerrarnos en nuestra casa ante “lo que viene”, dicen, del “Coronavirus”.

Pero quizá los tercos tengamos algo de razón o de menos apresuramiento.

Llegará el día, dentro de una semana, o dos, o tres, que tengamos que bajarle a nuestro rol. Porque una cosa es ser terco y testarudo, y otra, imprudente. Tendremos nuestras horas o días de pánico.

Creo, sin embargo, en la sensatez de no gastar mucho “parque” ahora porque lo necesitaremos después.

Es decir, ya muchas personas, familias, vecinos, han acumulado en sus casas víveres, agua, jabón, carne, harina, papel, como si fueran a abrir un negocio de abarrotes.

Un gasto no racionado porque, además si nos atenemos a los lineamientos de la Secretaría de Salud, como dijo aquel, “lo mejor está por venir”.

Vaya, lo que compremos ahora, lo vamos a tener que repetir en cinco, seis o siete días. La epidemia en México está contemplada que comience a descender dentro de mes y medio, si bien nos va. “El pico”, le llaman, de los contagios toparía como para finales de abril, principios de mayo.

Pero entonces ya no habrá nada en los almacenes, supermercados y tiendas. Lo mismo en las farmacias.

Entonces vendrá la rapiña, el asalto. Cosas que ni siquiera hemos podido imaginar.

Pero eso es lo menos grave. Por ello, a pesar de la supuesta despreocupación del gobierno, principalmente del Presidente Andrés Manuel López Obrador, pensando siempre en que esto no es lo apocalíptico que parece, y que México saldrá adelante, pero que ha servido para no alocarnos anticipadamente, el dejar de ir a trabajar, de cerrar negocios, fronteras, vuelos, restaurantes, cines; de cerrar oficinas públicas y privadas, bancos, y muchas cosas más, a lo único que afecta es a la economía.

Y los principales puntos de partida son el nivel del Peso frente al Dólar, estando la moneda estadounidense ya por arriba de los 25 pesos. Y el derrumbe del precio internacional del petróleo en niveles históricos. Y el mercado bursátil por las mismas.

Pero bien, digamos que más pa´llá o más pa´cá, la libraremos.

El gran paso ahora es quedarnos en casa, ¿a partir de cuándo? Lo decidiremos según nuestro propio criterio, y la obligatoriedad que indiquen las autoridades.

Por algunos días o semanas, esperemos que meses no, dejaremos de ser “nómadas”, volveremos al sedentarismo.

Claro que no prehistóricamente, pues ahora tenemos a nuestro favor la tecnología en comunicación; benditos celulares, computadoras, internet, redes sociales. Y toda una gama de mercadotecnia para el “home office” y el garantizado entretenimiento.

Esta, como otras crisis, harán millonarios a unos, y pobres a otros.

Habrá quien se harte de Netflix, del Canal de las Estrellas o de TV Azteca. El que juegue todos los juegos de sus hijos en la consola. El que por fin cocine, lave los trastes (no solo las mujeres, eh). El que bien cumpla con su trabajo desde el cuarto convertido en oficina.

Vaya, finalmente volveremos a nuestro pasado. Lo mejor es que no vivimos en cuevas. ¿Saldremos a cazar? Deberíamos, pero el “Coronavirus” no nos lo permite. ¿Volveremos a la agricultura?

Quizá más que sedentarios, estamos atrapados, somos rehenes de un “bicho” que quizá ni a eso llegue.

La oportunidad, sin dejar de producir, de trabajar, es excelente para recapacitar, no sé en qué, pero recapacitar. Por ejemplo, que esto es un ensayo para el futuro. Eso de construir refugios subterráneos.

El “Coronavirus”, sea lo que sea, nos está poniendo a prueba, y en muchos sentidos. Volvemos a la Prehistoria, sin Prehistoria. Con mucha tecnología y ciencia (aunque a algunos no se les ve).

No es la “cuarta transformación”, es otra, muy diferente. Y aquí ni modo de echarle la culpa a los conservadores.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...