El 2020, los impactos que quedan y los que vienen

No presagiemos paraísos, pero tampoco calamidades, aprendamos del tiempo que nos tocó vivir. Ante unos y otras, la cautela y la prudencia son las mejores herramientas. Solo remar hasta buen puerto

Compartir:

Algo nos ha permitido llegar hasta esta edad de la Historia. ¿Que? No sé. Lo que sí no creo es que la oportunidad nos la hayamos ganado por portarnos bien.
De cualquier manera, debemos dar gracias. No sé usted, pero yo sí le doy gracias a Dios.
Nada debemos minimizar, porque para lo que algunos astrólogos y profetas anuncian, lo que hemos visto o padecido en el 2019 es juego de niños.
Este martes, suertudos que somos, tenemos la oportunidad de ver la conclusión de una década y el inicio de otra en pleno final del primer cuarto del Siglo XXI; un siglo, por cierto, que nos trae locos con la explosión en nuestros días de toda la tecnología digital, con las redes sociales y demás juguetes de la electrónica que, cabe decir, no hemos valorado en su real dimensión y, humanos después de todo, las utilizamos para agraviarnos unos a otros.
Pero vendrán tiempos mejores, en los que la carretera del internet estará llena de policías cibernéticas y leyes que impidan que nos acabemos mutuamente, y lo peor que acabemos con el mundo que también se creó para nuevas generaciones.
Por lo pronto, decía, hay que tomar con calma lo que se nos puso en el camino. Que si hacemos un balance no fueron los grandes obstáculos, aunque tampoco las grandes victorias.
Podría ser un designio y no tanto una tragedia ni un hecho enteramente desastroso, el que México deba recibir, de vuelta a casa, a la Embajadora en Bolivia, María Teresa Mercado, después de ser declarada persona “non grata” por el gobierno interino de Jeanine Áñez. Ya estaría que ella pasara el fin de año en su tierra y con los suyos, nosotros.
El asunto diplomático seguirá, cruzará el 2019, y el oficio político, seguramente de México, encontrará una salida.
En el inicio de otra década resulta mejor que la Historia nos registre como protagonistas, que como entes que traspasan los tiempos sin pena ni gloria.
Las victorias son para los que luchan en cualquier arena.
No es coincidencia, ¿o sí? Que México en el entronque de una década a otra estrene un sistema de gobierno nuevo, inédito.
Algo revuelta en cuestión de ideología y estrategias, en cuestión de avistamientos hacia el futuro, pero ahí va. No debemos pensar otra cosa, sino que sea para bien. No hay que desdeñar nada, pudimos estar en los zapatos de otros países, pero nuestra tozudez, tranquilidad o desdén por muchas cosas nos tienen sanos y salvos.
Cierto que refunfuñamos por la inseguridad, el nulo crecimiento económico, nuestra guerra de adjetivos diarios desde todos los frentes; que refunfuñamos contra Donald Trump, contra Jesús Seade y sus resbalones, contra lo que dijo fulano y mengano. Peor nos hubiera ido. Por encima de todo festejamos hasta a la muerte.
No fue casualidad que precisamente este año que termina, Centro y Sudamérica se vieran envueltas en una vorágine de protestas sociales.
Tampoco que después de meses casi todas se aplacaran, persistiendo solo la intranquilidad en Chile. Que incluso Venezuela se diera tiempo para una tregua de fin de año, claro, con sus toques de enfrentamiento interno todavía. Que Ecuador, Nicaragua y Colombia superaran los tragos amargos de la confrontación.
Tampoco, sin embargo, fue casualidad, que el país que menos tenía que ver con esas revueltas, México, sea el que pase de un año a otro cargando con una confrontación. Lo repito, los designios son para quienes tienen misiones en la vida. Triste el que no las tenga.
Y las misiones son retos, y los retos se enfrentan, y se pierden o se ganan, pero a través de las batallas.
Individualmente, como mexicanos, tenemos misiones y retos. Representamos una gesta que, con características muy señaladas, idiosincrasia recalcó Octavio Paz, jamás hemos permitido que el país se nos vaya de las manos, bueno, con algunos detalles históricos que, para ventaja nuestra, las tomamos a la ligera, sin complejos y hasta con festejo.
Este 1 de enero inicia una década y, aunque no tiene que ser ni agorera, ni profética, siempre los signos, los eslabones, deben tomarse en cuenta.
¿Qué depara al mundo, por ejemplo, el hecho de que Estados Unidos apenas hace dos días reviviera una confrontación en Oriente Medio, lanzando un ataque contra posiciones rebeldes en Irak y Siria?
¿Qué que Rusia haya hecho público que acaba de sacar del envoltorio su nueva arma hipersónica? El Ministerio de Defensa ruso afirma, como un reto para Estados Unidos, Corea del Norte, China, Irán, que el llamado “Avangard” es capaz de volar 27 veces la velocidad del sonido.
Cada año las noticias sobre el petróleo mundial son más tristes, más devastadoras, por ello hay quienes buscan otro tipo de sistemas para generar energías. Por ello hay guerras.
El asunto no es menor. En el petróleo descansan las economías de muchos países. Pero se acaba, así haya quienes hablen de reservas estratosféricas.
El 2020 es, no sé por qué, un número de designios. Trae un toque de todo, hasta de misterio. Como si entráramos a otra dimensión, a un túnel del tiempo.
Habrá abundancia y no sé de qué, pero el número no es feo. Tiene carácter, fisonomía.
No presagiemos paraísos, pero tampoco calamidades, aprendamos del tiempo que nos tocó vivir. Ante unos y otras la cautela y la prudencia son las mejores herramientas. Solo remar hasta buen puerto.
Los que cruzamos fronteras, así sean de tiempo, no solo tenemos el salvoconducto de seguir adelante, sino de ser protagonistas de la misma Historia que se nos ofrece. Hasta donde demos. ¿Qué tal si alcanzamos la siguiente, y la siguiente?
Nada nos cuesta. Bueno, ¡Salud!

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...