Contacto en Washington: miércoles, David y Goliat

Los escándalos mediáticos políticos, pero con ingredientes de economía y juegos de Poder, suelen llevar un peculiar dramatismo, porque su enfoque real no es una guerra militar, sino una simple estrategia para ganar votantes.

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Como sus primeros 100 días, los primeros seis meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador están calientitos.

Mientras se intenta apagar el fuego por las amenazas de Donald Trump, Michoacán (como Guanajuato, Veracruz, Morelos, Guerrero) sigue ardiendo, este sábado encontraron cuatro cuerpos torturados y ejecutados. Hoy se realiza el primer proceso electoral de la “Cuarta” y el Presidente coloca la primera piedra de lo que será la refinería “Dos Bocas”, en Tabasco.

El pleito por la migración y el trasiego de drogas, entre Trump y López Obrador tiene un común denominador, fuerte en estos momentos: Ambos requieren más reflectores que los de diario por simple interés electoral.

El “cuete” lo lanzó Trump el jueves pasado.

Los mexicanos a veces tenemos la dicha de vivir junto a la casa de Sansón. Pero a veces también la desdicha. Todo depende de qué Feria se celebre y, entonces, así nos va.

Como López Obrador, que está empeñado en acabar con la corrupción y la pobreza en México, también Trump lo está en ya no permitir que ciudadanos de otros países, ilegalmente, coman el mandado a sus ciudadanos, pero que tampoco le surtan ese platillo herbal y procesado que tanto consumen.

Uno de los tantos objetivos de Trump para ganar popularidad dentro y fuera de su país, pues es el mandamás del planeta, es México. Lo tiene cerquita y con tantos motivos.

La desigual circunstancia de poder permite a los gobiernos de Estados Unidos humillar a cualquiera y cuando quiera, aunque detrás de las amenazas esté solo un plan publicitario para determinado fin, en este caso electoral.

El Presidente estadounidense está en plena campaña política para reelegirse en 2020.

Pero a López Obrador tampoco le cae mal la oportunidad de decir, nada menos que al líder del mundo “que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato”. ¿Por qué? Porque México celebra hoy elecciones en seis estados y el partido del Presidente, Morena, va juntando canicas; las quiere todas.

Los temas sobre la mesa son viejos, migración hacia Estados Unidos, vía México, y cruce de drogas a la Unión Americana por parte de todos los cárteles que han existido en el país.

Sin embargo, es también bastante antiguo el aprovechamiento en Estados Unidos de la mano migrante, sobre todo para labores que nadie quiere hacer como el trabajo de campo. Como igual de conocida es la adicción de los estadounidenses al consumo de drogas.

El caso es que desde la gestión de Enrique Peña Nieto, Trump ha agarrado a México de su puerquito a pesar de haber sido invitado a Palacio Nacional en sus tiempos de campaña.

Trump es terco. López Obrador es terco.

El único detalle es que no podemos ponernos con Sansón a las patadas.

Pero si analizamos el panorama, los sucesivos gobiernos mexicanos solitos han dado armas para ser criticados por sus políticas internas específicamente en los dos temas que hoy confrontan a Trump y López Obrador. En primer lugar, digamos que con esta, tres administraciones consecutivas (la de Andrés Manuel cumplió este sábado seis meses) no han podido frenar el periodo más aterrador de la violencia en el país.

Antes de que Felipe Calderón azuzara el avispero, en la gestión de Vicente Fox el narco todavía no se descaraba o, cosa que también cuenta y que parece ser la estrategia que retoma la gestión morenista, no se metía con ellos.

Sobre la migración que toma a México como puente para llegar a Estados Unidos es también una eterna debilidad de todos los gobiernos, aunque a la parte final del de Peña Nieto y el inicio del de López Obrador les ha tocado una escalada en ascenso, en la que hasta nativos de África y Asia han sido enterados que el paso por el país es relajado.

La frontera sur de México carece de infraestructura sobre control migratorio. Es una puerta abierta de par en par, pero además con todos los agravantes para que la zona sea botín no solo de cruce ilegal y descontrolado, sino para el aprovechamiento del crimen organizado, de actos corruptos de autoridades y corporaciones policiacas, de prostitución, de trata de personas.

Y eso no quiere decir que se deba frenar el paso a México de ciudadanos de otros países por donde gusten, pero sí de mantener un control sobre las formas y sus consecuencias. Era inhumano y hasta denigrante para el país ver el traslado de migrantes sobre la llamada “Bestia”, el famoso ferrocarril que atravesaba el territorio nacional hasta ciudades cercanas a la frontera estadounidense.

Quizá los migrantes africanos y asiáticos salieron de sus países aun contra el control de sus propios gobiernos, y porque la diáspora es incierta, pero qué papel juegan en esta guerra política de Estados Unidos y México, los gobiernos de las naciones centroamericanas. Son solo espectadores mudos y ciegos.

Un éxodo de las magnitudes en las que ha estado dando desde hace aproximadamente año y medio vía Centroamérica, resulta hasta dañino para México en todos los aspectos, pero mucho en lo económico, por más que, como dice el Presidente, se les puede ofrecer trabajo y convertir su aportación en mano de obra.

Pocos se quedan y caminan rumbo a Estados Unidos. Provocan problemas de distintos tipos en sus estancias en los diferentes estados donde hacen escala, y finalmente arman un lío en la entrada al país del señor Trump.

Por lo pronto, después de la amenaza y de la respuesta mexicana, los países vecinos, socios y, se supone, amigos, ya acordaron un encuentro para el próximo miércoles en Washington.

Lo que sí no sabemos es qué resortera (onda) y cuántas piedras llevará David, perdón, Marcelo. Ebrard es de buen tino.

Aunque no está de más, una llamadita, antes, a Videgaray o a Guajardo.

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@RobertoCZga

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