Conservadores fifís en Batalla del 5 de Mayo vs AMLO

Si marcha contra titular del Ejecutivo federal llega a ocurrir ¿cómo calificará a participantes?

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El 11 de noviembre de 2018, unas 4 mil personas se manifestaron en contra de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM); desde luego, ante la magnitud del desastre y de los números obtenidos por el entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en la primera consulta en la Cuarta Transformación al pueblo sabio, la marcha mereció el calificativo de “fifí”.
Ante el evidente fracaso de la protesta hubo convocatoria a otra, a realizarse el 2 de diciembre, el día después a la toma de posesión de López Obrador como Presidente. En esa ocasión se reunieron menos personas. Sólo mil 400.
Ahora, vía WhatsApp circula la convocatoria para lo que alguien no identificado llama la “Gran marcha nacional (a realizarse)… en todas las ciudades del país en contra de López Obrador y sus políticas dictatoriales y su falta de respeto a las instituciones y su incumplimiento de la ley”. Los promotores piden reenviar el mensaje y hacerlo viral.
Para entonces habrá concluido el primer semestre del sexenio y, si para entonces hay nuevas encuestas, quizás la popularidad de AMLO haya bajado un poco, y es probable que si el mensaje se viraliza, los marchantes superen en número a quienes participaron en las dos manifestaciones anteriores.
El problema con estas movilizaciones es que son convocadas desde el anonimato; nada que ver con la de los “pirrurris” del 27 de junio de 2004, cuando poco más de un millón de personas marchó en protesta por el clima de inseguridad, encabezadas por María Elena Morera, de México Unido contra la Delincuencia, Fernando Schutte, del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del DF, y los yunquistas Guillermo Velasco Arzac y José Antonio Ortega Sánchez.
Como recuerda Jesús Ramírez Cuevas, que entonces no era vocero del Presidente López Obrador, esa manifestación “fue producto del hartazgo y la impotencia de la gente frente a la inseguridad, pero llegó de la mano de una campaña mediática sin precedentes”.
Recuerda Ramírez Cuevas, que entonces escribía en La Jornada, que “la participación, en su organización, de grupos identificados con la derecha ha provocado lecturas encontradas. Una de las reveladoras la hizo el secretario de la Defensa Nacional, general (Clemente Cienfuegos), quien llamó a la clase política a no repetir los errores de la división entre mexicanos, como ocurrió en el siglo XIX”.
Fue entonces que Ramírez Cuevas tuvo una premonición: “¿Estaremos de nueva cuenta en una confrontación abierta entre conservadores y liberales?”.
Sigamos los recuerdos de Ramírez Cuevas: “Días antes de la movilización, Alejandro Encinas, secretario de Gobierno capitalino,
la calificó como una maniobra de la ultraderecha contra la administración perredista y cuestionó la campaña de algunas televisoras. El jefe de Gobierno del DF se sumó a la descalificación al insistir en que detrás de la manifestación estaban integrantes del PAN y grupos como El Yunque (grupo de ultraderecha.
“…Pero tras la marcha, López Obrador guardó silencio. El lunes, presionado por los medios, reconoció la participación de las víctimas de la delincuencia y su derecho a manifestarse. Sin embargo, también dijo que en la movilización hubo manipulación de las derechas, oportunismo del gobierno federal y amarillismo de algunos medios. Vino la andanada en su contra”.
Aquel discurso del jefe de Gobierno se puede resumir en el calificativo que le merecieron los marchantes: “Pirrurris”; todavía no usaba el “fifí”.
Como en aquella época Ramírez Cuevas gozaba de libertad, pues no redactaba discursos, tuits ni memorándums para el Presidente, pudo decir que: “Al insistir en la conspiración de la derecha, López Obrador pagó el costo de no reconocer, abiertamente, el legítimo reclamo ciudadano”.
Si la marcha del 5 de mayo llega a ocurrir y reúne a más ciudadanos que la de noviembre del año anterior (sin duda no igualará a la de junio de 2004 porque, a pesar del poder de las redes sociales, no va “de la mano de una campaña mediática sin precedentes”, como aquella), ¿cómo calificará el Presidente López Obrador a los manifestantes? ¿Pirrurris? ¿Fifís? O ¿será capaz de escuchar el legítimo reclamo ciudadano?
¿Y Ramírez Cuevas se planteará, como en junio de 2004, si estamos ante una confrontación abierta entre conservadores y liberales? Seguramente sí porque a quien se opone a su jefe, éste le llama neoliberal, neoporfirista o conservador.

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