Con permiso para organizar guerrillas

No es lo más sano rendir homenaje a quienes, en el pasado reciente, decidieron acudir a las armas en busca de cambios sociales y políticos

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Por donde se le vea, no es lo más sano rendir homenaje a quienes, en el pasado reciente, decidieron acudir a las armas en busca de cambios sociales y políticos.

Al menos, de donde lo veo, el mensaje equivale a una invitación a los desafectos a Andrés Manuel López Obrador y a la Cuarta Transformación a acudir a la guerra de guerrillas o a su equivalente actual.

¿Cómo se comportaría el gobierno si de pronto irrumpieran guerrillas rurales o urbanas organizadas para combatir la Cuarta Transformación?

¿Diferente a como lo hizo, por ejemplo, Luis Echeverría?

No se trata de analizar aquí los motivos de quienes en diferentes épocas de nuestra historia reciente han acudido a las armas para cambiar de régimen ni calificar sus acciones de valientes, heroicas o criminales.

Es más simple lo que me interesa después del homenaje, en la ex residencia presidencial de Los Pinos, a los sobrevivientes del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera, en Chihuahua, en cuyo honor se bautizó al grupo guerrillero conocido como “Liga Comunista 23 de Septiembre”.

La Liga actuó, preponderantemente, durante el gobierno populista de Echeverría y recientemente fue centro de la polémica porque un funcionario de la Cuarta Transformación calificó de “valientes” a quienes recibieron la encomienda de secuestrar y terminaron asesinando al empresario regiomontano Eugenio Garza Sada.

En su condición de reportero, el vocero del Presidente López Obrador escribió en 2004 sobre la actividad de la Liga. A partir de reportes de la Dirección Federal de Seguridad habló de secuestros, acciones armadas, asaltos bancarios, asesinatos, etcétera.

Mi pregunta es ¿cómo se comportaría el gobierno de la 4T si, como en la época de Echeverría, aparecieran grupos guerrilleros como la Liga 23 de Septiembre alegando que la militar es la única opción que deja la autoridad para buscar una ruta diferente?

Las encuestas dicen que casi todos los mexicanos estamos de acuerdo con el gobierno de López Obrador, pero el Presidente, que no cree mucho en los encuestadores, habla abiertamente de sus enemigos los neoliberales, porfiristas y conservadores, es decir, sectores con recursos suficientes como para financiar grupos similares a los que aparecieron en los años 50 y, hasta donde se sabe, aún existen en algunas entidades, como Guerrero y Oaxaca.

Hablo de grupos de poder incuestionable, pero lastimados por acciones del gobierno de López Obrador, que ya no cuentan con instrumentos legales, como los partidos políticos o el juicio de amparo, para jugar vencidas o derrotar al gobierno en el mediano plazo y que quizás estarían dispuestos a acudir a cualquier extremo, alimentar una red guerrillera por ejemplo, para desestabilizar a la autoridad.

Como en la época de Echeverría, la retórica oficial condenaría a esos grupos que acudieran a la violencia y seguramente intentaría aniquilarlos, como ocurrió entonces.

La cuestión es que, ideales aparte, la guerrilla de aquel entonces no sería diferente a la actual si alguien interpretara el homenaje en Los Pinos como permiso para tomar las armas y luchar contra el gobierno legítimamente constituido de Andrés Manuel.

Como la historia suele repetirse, dentro de varios sexenios, la 5T rendiría homenaje, en Palacio Nacional, a la guerrilla de estos tiempos.

 

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