Como Calderón y Peña, López Obrador está en guerra

Parece que la realidad enseña a titular del Ejecutivo federal que no tiene de otra

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Como diría “El Piporro”, Alfonso Durazo robó, sin intención, las 8 columnas al Presidente López Obrador, que, después de imponer la seguridad nacional sobre los derechos fundamentales de los ciudadanos, por fin inició los trabajos del aeropuerto en Santa Lucía.

Según Durazo, el terror que vivió y vive la capital de Sinaloa fue a causa de la agresión de 4 individuos a un rondín rutinario de 30 elementos de la Guardia Nacional y del Ejército. En la refriega a balazos, por casualidad fue aprehendido un hijo de “El Chapo”.

En voz del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana: “una patrulla… se encontraba realizando un patrullaje de rutina… cuando fueron agredidos desde una vivienda; el personal… repelió la agresión, localizando en su interior a cuatro ocupantes… se identificó a uno de ellos como Ovidio Guzmán López. Lo anterior generó que varios grupos de la delincuencia organizada rodearan la vivienda con una fuerza mayor a la de la patrulla. Asimismo, otros grupos realizaron acciones violentas en contra de la ciudadanía en diversos puntos de la ciudad, generando una situación de pánico. Con el propósito de salvaguardar el bien superior de la integridad y tranquilidad de la sociedad cualiacanense, los funcionarios del gabinete de seguridad acordamos suspender dichas acciones; igualmente, tomamos la decisión de trasladarnos a la ciudad de Culiacán para conducir personalmente las acciones correspondientes. El gobierno ratifica su compromiso de continuar su lucha contra la criminalidad hasta alcanzar la paz y la seguridad de todos los mexicanos”.

Lo último que quiero es ironizar con la tragedia que vivió, que vive, Culiacán, pero la pregunta al general secretario Cresencio Sandoval, al almirante José Rafael Ojeda Durán, a los generales Luis Rodríguez Bucio y Audomaro Martínez, así como a Durazo, es ¿por qué al enfrentar a los 4 individuos ocupantes de la vivienda olvidaron que, en la Cuarta Transformación, la regla es no ejercer acciones de alto impacto y, en todo caso, a los malos, como los hijos de “El Chapo”, no se les combate ni se les aprehende, sino que se busca su rehabilitación convocando a sus abuelitas, a sus mamacitas o a la tía más cercana, para agarrarlos a chanclazos o a cinturonazos, o, si se quiere, decirles fuchi, guácala o pórtense bien?

Sin meternos con los episodios más recientes ocurridos en Michoacán y en Guerrero, el episodio de este miércoles en Sinaloa deja en claro que el gobierno de López Obrador cambió de estrategia y que está, como los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, en guerra “contra la criminalidad hasta alcanzar la paz y la seguridad de todos los mexicanos”, según palabras del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana.

Esperemos la mañanera de este viernes para escuchar la explicación del Presidente. ¿Presumirá la aprehensión del hijo de “El Chapo”? O, en todo caso, si la decisión fue no pelear, ¿a qué viajaron Sandoval, Audomaro, Ojeda y Durazo a Culiacán?

Parece que la realidad enseña a López Obrador que no tiene de otra que encabezar su propia guerra contra el crimen organizado, como lo hicieron Calderón y Peña Nieto.

Y, en el colmo, la gran presa de hoy de la Cuarta Transformación, el hijo de “El Chapo”, fue liberado por el Ejército y la Guardia, con el pretexto de salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.

Si fue así, desde donde se le vea, se trata del mayor fracaso del primer año de gobierno en materia de seguridad.

Ya veremos qué hace el torero matutino para torear al público, y no al burel.

Los culichis deben estar sumamente agradecidos.

 

 

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