¿Cómo aprendió Trump a denunciar a priori fraude electoral?

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A causa del alargamiento de la curva aplanada de Hugo López Gatell, del inminente arribo a las 50 mil defunciones a causa del coronavirus, de la caída histórica del PIB en -17 por ciento, según el INEGI, y de los procesos judiciales iniciados contra Emilio Lozoya, entre muchos otros escándalos, hemos olvidado el viaje del presidente López Obrador a Washington. Parece que nunca ocurrió, que fue invento de la prensa conservadora.

Pero sí hubo visita a la Casa Blanca y la amistad se estrechó a base de discursos inolvidables y no precisamente porque contengan frases para la historia.

Muchos sospechamos entonces que su amigo norteamericano utilizó a nuestro mandatario como propaganda electoral porque ya entonces sentía los pasos de Joe Biden; después de leer su insinuación de posponer las elecciones de noviembre en las que estará en juego su reelección, no me queda duda.

La denuncia de Trump sobre la posibilidad de ser víctima de un fraude electoral faltando tres meses para que los norteamericanos acudan a las urnas, se parece tanto a lo que hemos vivido en México en las últimas cinco o seis elecciones, que, de no saber que no tuvieron oportunidad de platicar a solas, apostaría que la intención atrás del insólito viaje fue que López Obrador diera un curso intensivo a su colega sobre denuncia de fraude electoral.

El temor de Trump es tal que ha insinuado la posibilidad de usar la epidemia de coronavirus en Estados Unidos para modificar el calendario electoral, pero para su desgracia tal escenario no está en sus facultades ejecutivas, sino en manos del Congreso.

En México no existe tal riesgo porque para las elecciones intermedias faltan 11 meses y quizás para entonces si no hemos domado al coronavirus, la vacuna ya habrá disminuido el peligro.

En esto López Obrador no guarda parecido con Trump porque, aunque las tribus de su partido político están en guerra intestina y las encuestas hablan que ha perdido 20 de los 80 puntos de popularidad con que inició el sexenio, mantiene su base electoral y se ha dedicado afanosamente a acrecentarla a base de los programas asistenciales en los que invierte todo lo que ha ahorrado aún a riesgo de paralizar al gobierno; austericidio le llaman.

Además, vive en permanente campaña electoral. Las conferencias de prensa mañaneras y las giras a provincia no tienen otra intención que mantener contacto con su electorado que el 6 de junio de 2021 acudirá a las urnas y no encontrará su fotografía ni su nombre en las boletas electorales para elegir diputados federales, gobernadores, diputados locales y presidentes municipales.

López Obrador recuerda a diario al país, no sólo a sus seguidores, la condición corrupta de sus contrarios y del riesgo de que regresemos a los tiempos neoliberales. La única manera de evitarlo es no votar por los representantes del pasado corrupto. No lo puede decir así porque lo acusarían de comisión de delito electoral, pero lo repite a diario con otras palabras.

A diferencia de Trump, López Obrador enfrentará dos elecciones. Una en 2021 y otra en 2022, en ésta la ratificación o revocación de su mandato. No parece preocupado a pesar de la crisis económica y del desencanto y hasta enojo de las clases medias porque espera mucho del escándalo que está produciendo el enjuiciamiento del ex director de Pemex.

No es casual que la Fiscalía General de la República solicitara y consiguiera del juez que los casos de Agronitrogenados y Odebrecht estén en el cenit a partir del primer día de febrero de 2021. Es decir, cuatro meses antes de las elecciones, los más conspicuos del neoliberalismo moribundo, Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, Felipe Calderón y muchos panistas y priistas de alto rango, estarán a punto de crucifixión. Será un gran circo que necesariamente incidirán en las urnas.

Con estos elementos ¿qué razón habría de usar aquí la Covid-19 para solicitar aplazamiento de las elecciones?

A Trump le falta mucho por aprender; debe viajar a México con pretexto de corresponder la visita. Pero ya, antes que sea tarde.

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