Coello Zuarth, abogado sin mancha

Hijo de Javier Coello Trejo incapaz de fabricar culpables para ganar sus casos

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La mejor noticia de inicio de año es que los mexicanos aún podemos confiar en que algunos miembros del Poder Judicial de la Federación, como el juez de control Ganther Alejandro Villar Ceballos, del Reclusorio Sur, son capaces de soportar la presión del poder del Estado y cerrar oídos a las consignas.

Que la familia de Javier Coello Zuarth recuperó la felicidad y comprobó lo que ya sabía, que el hijo de Javier Coello Trejo es abogado incapaz de fabricar culpables para ganar sus casos.

Y que Emilio Lozoya Austin seguirá teniendo a los mejores abogados de México, mientras él así lo decida, y no a otros, como y cuando lo quiera la Fiscalía General de la República.

El 1 de enero lo inicié todavía afectado por la despedida del 2019 en vano intento de esperar que el nuevo año no me haga extrañar al que se fue, de tal suerte que al escribir que el día siguiente sería el primer día hábil de 2020 me referí equívocamente, al martes en lugar del jueves 2, como habría sido lo correcto.

No hay disculpa para la confusión, como muerto de risa me lo hizo notar el vate Roberto Cruz cuando la columna ya circulaba en redes sociales, pero me cubro echando mano del ingenio del vidriero de Teziutlán, Puebla, que tenía su negocio a unas cuadras del periódico ORIENTE de mi admirado José Motte Ruiz en el que me inicié en el oficio hace más de medio siglo. En su escaparate lucía una cartulina que en el primer renglón anunciaba: “Se ponen bidrios”, pero en el siguiente aclaraba: Lo “escribo mal, pero los pongo bien”.

Pues bien, al iniciar 2020 anuncié en este espacio, en exclusiva, como diría el clásico, que al día siguiente, “en el primer día hábil del año (el jueves 2), en el juzgado de Felipe de Jesús Delgadillo Padierna habrá mucho en juego en materia de Estado de Derecho, más de lo que puede permitirse la Cuarta Transformación”.

“No se exagera al afirmar que su decisión marcará al sexenio y permitirá saber hasta dónde el Poder Judicial de la Federación es capaz de resistir presiones no necesariamente del Presidente de la República, sino del ámbito de la procuración de justicia”.

Acerté; el jueves 2 de enero, a las 11 horas, inició una serie de 4 audiencias, que concluyó este miércoles, a las 5 horas, en las que el Poder Judicial de la Federación envió un mensaje claro a los mexicanos: Aún se puede confiar en los jueces, al menos en algunos, como el de control Ganther Alejandro Villar Ceballos, que el primer día de enero sustituyó al archifamoso Felipe de Jesús Delgadillo Padierna.

A las 5 de la madrugada, cuando el Presidente López Obrador y su Consejero Jurídico, Julio Scherer, se disponían a asistir a la reunión de gabinete de seguridad, el juez Villar Ceballos resolvió no vincular a proceso al abogado Javier Coello Zuarth, como lo exigía la Fiscalía General de la República, por supuesta alteración, en un caso de divorcio, de documentos oficiales y evidencias periciales en complicidad con agentes del Ministerio Público de la Federación, entre ellos el encargado de la Unidad Antisecuestros de la SEIDO, Gualberto Ramírez Gutiérrez, quienes sí fueron vinculados.

Los agentes del Ministerio Público Federal que sí fueron vinculados están en libertad, pero el juez les pidió sus pasaportes, deben acudir cada 8 días a firmar a su juzgado y no pueden acercarse a su centro de trabajo, la FGR.

En la columna del 1 de enero hice algunas consideraciones sobre el polémico Delgadillo Padierna relacionadas con el caso de Rosario Robles, en donde al parecer lo venció el parentesco con su tía Dolores Padierna, pero también registré que algunas de sus “decisiones… borran toda sospecha de ser manipulable por los poderes de la Cuarta Transformación, incluso cuando se trata del interés del Ejecutivo Federal”.

“No ha dudado en enfrentar con energía y lenguaje claridoso a la Fiscalía General de la República en casos emblemáticos; también, en un asunto de interés del Presidente López Obrador, falló en contra de un ejercicio de no acción penal dictado por la FGR”.

Dije también que el jueves 2 lo veríamos en acción sólo si el calendario no era alterado o si por “la rutina de la rotación judicial lo cambian de lugar”.

Ocurrió que por “la rutina de la rotación”, el primer día del año dejó de ser juez de control, es decir, el que interviene desde el principio de la investigación y hasta el inicio del juicio, para convertirse en uno de los 37 “administradores” de los Centros de Justicia Penal que hay en el país, razón por la cual, a partir del día 2, la suerte de Coello Zuarth estuvo en las manos de un juzgador sin sospecha de ser de consigna, Villar Ceballos.

Por ejemplo, en cada una de las 4 largas audiencias (la primera duró 18 horas y las otras tres unas 13 horas, en promedio) puso en su lugar a los representantes del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero.

El juez ordenó estricta privacidad y, por esa razón, las audiencias se desarrollaron sin presencia de la prensa o de personas ajenas a una causa en la que, además de la libertad del hijo de Javier Coello Trejo, estaba en juego uno de los derechos inalienables de los mexicanos: Que un inculpado pueda ser defendido por el abogado que él decida, sin que éste tenga que soportar la presión del poder del Estado, en este caso de la FGR.

Como se sabe, el Despacho Jurídico Coello Trejo y Asociados defiende al ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin; a partir de ello es dable suponer que la embestida contra Coello Zuarth hecha añicos por el nuevo juez de control del Reclusorio Sur tuvo la intención de “convencerlo”, y no por las buenas, de abandonar a su cliente.

Por esta razón, en mi columna del primer día del año afirmaba que nuestro sistema de justicia estaría a prueba.

Y lo estuvo.

Para fortuna de Coello Zuarth y de su familia, de su defendido, Emilio Lozoya, y de todos los mexicanos, quedó demostrado que aún es posible confiar en jueces de control que no se dejan influenciar en sus decisiones, muy a pesar que sobre ellos se ejerza todo el poder del Estado.

Por otra parte, es una lástima, pero qué bueno por los involucrados, que por razones de la rotación rutinaria de los jueces, la resolución no quedara en manos de Delgadillo Padierna. Nos perdimos la oportunidad, y él también, de constatar si es juez de consigna o no, porque ahora, aún y cuando cayó para arriba, como Administrador, no podrá influir sobre los jueces de control si estos son capaces de resistirlo.

Quienes, por mi muy explicable confusión del jueves con el martes, y porque, a diferencia de los verdaderos Iniciados, no encontraron en el texto pista alguna en lo que leían, se preguntaron qué había tomado en la cena de fin de año que el primer día del 2020 parecía que había escrito, para no variar, sin pies ni cabeza, hoy saben de qué hablaba y que escribo “bidrio” mal, pero lo pongo bien.

 

 

 

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