Coartada salvadora para Gertz Manero

Si se ajusta a conferencia de prensa de Sandoval y Durazo no tendrá problemas

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Una de esas declaraciones del Presidente López Obrador, propias más de un ministro religioso que de un mandatario obligado a ser prudente en el manejo del lenguaje, en especial en materia jurídica, de la que no tiene idea, pues es licenciado en ciencias políticas y administración pública, metió a Alejandro Gertz Manero en un lío del que le será difícil salir, a menos que se acoja a las frágiles coartadas que le ofrecen el general Cresencio Sandoval y Alfonso Durazo.

Gertz Manero está obligado  a demostrar que la Fiscalía General de la República es autónoma, y no porque los “conservadores” tendieran una trampa al gobierno del Presidente López Obrador en Culiacán, sino porque fueron efectivos de la Guardia Nacional y del Ejército, y no los contrarios ni los enemigos del mandatario, quienes, sin órdenes de cateo y aprehensión, arrinconaron a Ovidio Guzmán en una casa-habitación en la capital sinaloense, so pretexto de ser agredidos.

Por lo pronto, con la confusa información que existe sobre lo ocurrido en Culiacán, Gertz Manero se apresuró a exculpar al Presidente con un argumento discutible, el piramidal, el que parte del supuesto de que quien está en la punta no es responsable de lo que hacen los inmediatos, mucho menos los de hasta abajo, en este caso la tropa y los policías.

Para el Fiscal, en ese tipo de misiones, como la persecución del hijo de “El Chapo”, “hay instituciones, individuos, funcionarios y servidores públicos que tienen esas tareas. Involucrar al Presidente de la República me parece algo absolutamente inaceptable… (El) tiene la obligación, y lo ha hecho, de preservar las estructuras del Estado, de defender la tranquilidad y el equilibrio de la población, y la defensa de los intereses de la Nación, pero involucrarlo en una situación de esa naturaleza me parece absolutamente inaceptable”.

Este argumento del Fiscal es suficiente para derrotar, de antemano, cualquier consulta al pueblo sabio para juzgar a los mandatarios anteriores.

El problema es que, por su proclividad a hablar de todos los temas, fue López Obrador quien se involucró. Podría hasta decirse que confesó.

De gira en Oaxaca, dijo en el lenguaje mayestático que suele usar el Papa: “Acabamos de tomar una decisión muy difícil, pero muy humana, en el conflicto de Culiacán, Sinaloa; decidimos, primero, la vida de los seres humanos; no a la violencia; la paz; la tranquilidad; no la discordia; no el odio; no la violencia; la hermandad; el amor al prójimo”.

Dijo más: “Se decidió proteger la vida de las personas y yo estuve de acuerdo con eso porque no se trata de masacres; eso ya se terminó. No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas. Ellos tomaron esa decisión y yo la respaldé”.

Son fundamentales dos oraciones: “Acabamos de tomar una decisión muy difícil…”.

¿Quiénes?

“Ellos tomaron esa decisión”.

Imagino que se refiere a los mandos del grupo que tenían en sus manos a Ovidio, el jefe de la Guardia Nacional en Culiacán y un jefe militar de la zona correspondiente, o quizás los secretarios de Seguridad, Alfonso Durazo, y de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval.

Pero él se incluye: “Y yo la respaldé”.

¿El Presidente fue consultado y autorizó la acción para evitar la masacre?

Si esto ocurrió habría que recordar el lugar común que los abogados como Gertz Manero suelen repetir: “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

Y establecer en qué momento.

Desde luego que el Partido Acción Nacional está tratando de sacar raja política de un operativo fallido de la milicia y de la Guardia Nacional, pero el Presidente no ayuda al Fiscal General,  atrapado en el artículo 150 del Código Penal Federal, que a la letra dice:

“Se aplicarán de 6 meses a nueve años de prisión al que favoreciere la evasión de algún detenido, procesado o condenado. Si el detenido… estuviese inculpado por delitos contra la salud, a la persona que favoreciere su evasión se le impondrán de 7 a 15 años de prisión… Si quien propicie la evasión fuese servidor público se le incrementará la pena… Además, será destituido de su empleo y se le inhabilitará para obtener otro durante un periodo de 8 a 12 años”.

El único margen de maniobra que le queda al Fiscal para ayudar al Presidente es una declaración del secretario de la Defensa Nacional y otra del de Seguridad y Protección Ciudadana:

“La fuerza participante fue agredida cuando se encontraba en espera de esta orden de cateo, configurándose la flagrancia en el uso de armas de fuego (por parte de Ovidio Guzmán y acompañantes), desencadenándose una acción directa al interior del domicilio en donde se ubicó al presunto delincuente …”.

Sigamos la narrativa del general Sandoval: La Guardia Nacional y el Ejército actuaron “no de manera improvisada, de manera precipitada; no esperaron la orden de cateo; no consideraron que la orden de cateo iba a durar más tiempo y ya tenían al personal ahí cuando empiezan a recibir ellos el fuego; los delincuentes se dan cuenta que están en esta parte, empiezan a recibir fuego y, bueno, se genera toda esta actividad. Fue esta parte improvisada, esta parte precipitada, que los hizo llegar a los errores que generaron todo lo que se presentó en la ciudad”.

“…Se dijo que entramos y se identificó ahí…y entró el personal a la casa; ahí se identificó a esta persona. Cuando se empiezan a generar todas las acciones en la ciudad, nuestro personal estaba en la casa. Como resultado de todas las acciones que se están desarrollando, como cuando se vio, cuando se analizó dentro del Gabinete de Seguridad lo que estaba sucediendo, y tuvimos conocimiento que ahí estaba todavía él… con esta persona identificada, ya se dijo que se tomó la decisión de retirar al equipo, retirar al personal para evitar que se siguieran presentando estas situaciones”.

Por estas palabras se deduce que hubo comunicación con el Gabinete de Seguridad durante el tiempo que estuvieron policías y miltares en la misma habitación que Ovidio. ¿Se comunicaron también con el Presidente?

El general Sandoval no habla de tiempos, pero  es asombrosa su contundencia sobre la situación jurídica de su presa: “Formalmente no hubo una detención porque una detención lleva un procedimiento; ustedes bien lo saben que se debe de presentar en algún lugar. No hubo una detención formal”.

En realidad no lo presentaron “en algún lugar” porque lo dejaron ir.

Y la coartada la ofrece Alfonso Durazo al ser cuestionado por las contradiciones en sus declaraciones de un día y otro:

“Ayer en la noche, en una reunión, nuevamente, del Gabinete de Seguridad, ya muy tarde, aquí, en la ciudad de Culiacán, y con todo el personal involucrado en el operativo, y al conocerse los detalles, comunicamos al señor presidente de la República la información correspondiente. Y es así que estamos reconsiderando la posición, la información que expresamos ayer en un posicionamiento del Gabinete de Seguridad”.

Y remata: Ovidio “nunca estuvo formalmente detenido, aún y cuando nuestros elementos hubiesen estado en algún momento en control del inmueble”.

Luego, entonces, si nunca estuvo preso, tampoco fue liberado.

De haber sido así, el Presidente no pudo ordenar su liberación para evitar la masacre en Culiacán; en todo caso, a toro pasado, cuando ya no existía riesgo jurídico para él, se concretó a avalar a su gente que “al advertir el alto índice de violencia generalizado que se produjo, este Gabinete de Seguridad (ordenó) el retiro de las fuerzas del domicilio en la ciudad… Con la acción anterior, el grupo delincuencial suspendió las agresiones y libera al personal militar que había sido retenido”.

Si Gertz Manero se ajusta a la conferencia de prensa de Sandoval y Durazo no tendrá problemas porque López Obrador no participó en la liberación del delincuente; sólo se concretó a hacer, como si hubiese sido suya, una acción que no le fue consultada por sus subordinados.

A menos que alguien mienta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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