Claudia y Arturo dan libertad a priístas

La democratización interna del tricolor fue, por décadas, no sólo un sueño guajiro, sino una de las más grandes mentiras de la política mexicana y de las tantas razones por las que hoy se encuentra en el sótano de las fuerzas políticas

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Sin duda, José Francisco Ruiz Massieu habría sido el primero en ponerse de pie para aplaudir a su hija Claudia en el momento en que, como presidenta del PRI, propuso que la próxima dirigencia nacional del partido, que está por cumplir 90 años y en riesgo de extinción, sea electa libre, democrática y, directamente, por la militancia.
El liderazgo de Claudia será breve porque en agosto próximo entregará la presidencia del partido que de los 90 años de su existencia 77 estuvo en el poder, pero será recordado por lo histórico de la decisión de dar oportunidad, por fin, a la militancia de determinar con libertad, y sin intermediarios, a quien la encabece.
No será fácil porque en la vida real no existen procesos democráticos químicamente puros; decir lo contrario es pecar de romanticismo. Ahora mismo que la hija de mi gran amigo tratará de sacar adelante el primer experimento se dejarán sentir (ya lo hacen) las presiones de quienes se creen con derecho a utilizar para todo tipo de fines, excepto llevarlo de nueva cuenta al poder, las siglas del que fue el partido más poderoso de México, y de muchas latitudes.
Para los lectores de IMPACTO no es novedad la noticia; al anunciar la reunión del Consejo Político Nacional, el martes 19 publiqué en este mismo espacio, bajo la cabeza de “CLAUDIA Y ARTURO A DEMOCRATIZAR EL PRI”, que la presidenta y el secretario general, Arturo Zamora, “tienen la oportunidad histórica de aprovechar no tener jefe en la Presidencia de la República” para que la militancia elija, sin intermediarios, a sus dirigentes.
Ya la tienen, sin embargo, ¿cómo anular las presiones de los poderes que aún sobreviven hacia el interior del partido?
No se trata hoy de hablar sobre la media docena de aspirantes a suceder a la presidenta del partido y las maniobras que operarán para manipular el proceso democrático, sino del mérito de Claudia y Arturo.
Exagerando se podría decir que una vez que entreguen el mando podrán retirarse de la política porque lo harán en condiciones de presumir la democratización de su partido, un hito histórico impensable que muchos presumieron en discursos, pero que hasta hoy nunca aterrizó, como dicen los políticos.
La democratización interna del PRI fue, por décadas, no sólo un sueño guajiro, sino una de las más grandes mentiras de la política mexicana y de las tantas razones por las que hoy se encuentra en el sótano de las fuerzas políticas.
Se dirá que lo harán empujados por las circunstancias, sin embargo, lo cierto es que los priístas se disponen a intentarlo ahora; ya veremos si son capaces de vivir en democracia, pero por lo pronto, honor a quien lo merece. Nadie puede regatearlo a Claudia y a Arturo, más allá de lo que resulte del experimento.


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