Cisen, CNS, EMP, reformas, ¿estrategia lampedusiana?

Algunos le llaman ‘gatopardismo’: ‘Cambiar todo para que nada cambie… para que todo siga igual’. Lo hemos vivido. De un PRI hacia acá, de 12 años panistas… ¿Qué viene?..

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‘Si queremos que todo siga como está es preciso que todo cambie. ¿Me explico?.. ¿Y qué ocurriría entonces? ¡Bah! Negociaciones punteadas con inocuos tiros de fusil, y luego todo seguirá lo mismo, pero todo estará cambiado’
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

 


Supe de la existencia del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) allá por 1965. Nos ocupaba visitarlo por cualquier padecimiento “que pusiera en peligro” nuestras vidas o por una terca gripe. Mi padre fue empleado federal y no estaba inscrito al IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), la otra institución -decirlo debe ser honor de todos los mexicanos- de las dos “caballitos de batalla” para el ciudadano común y corriente en cuestión de salud.

Lo fundó, en 1959, el ex Presidente Adolfo López Mateos. Como el ISSSTE, en 1965 yo tenía seis años.

Ya crecidito, y vaya que lo estoy, no he sabido de otra institución diferente al IMSS o al ISSSTE para atender, en salud, a los ciudadanos mexicanos. Si acaso el Seguro Popular, una extensión en el nombre de éstas dos porque opera sobre su estructura.

Como en el sector salud, en otros ocurre lo mismo. Son las mismas instituciones, los mismos organismos, las mismas Secretarías, de Estado o despacho, sobre las que descansa la actividad de México desde hace décadas, algunas, incluso, desde hace más de un siglo.

Y así me puedo referir a Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad, Banco de México, Lotería Nacional, Banco Nacional de Comercio Exterior, Caminos y Puentes Federales, Casa de la Moneda, Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Instituto Politécnico Nacional, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores. Y decenas más, centralizadas o descentralizadas; por fuera o dependientes de alguna Secretaría en específico.

No todas, pero la gran mayoría son obra de los 70 años priístas. Y no es nostalgia; algo debió hacer el priísmo en siete décadas, además de acaparar el poder, soportar burócratas y encubrir corruptos.

Pero, ¿y después del IMSS, del ISSSTE, de la CFE, de la UNAM, del IPN, del Infonavit?

México cumple apenas tres alternancias iniciadas en el umbral del Siglo XXI.

En el 2000, el PAN sacó al PRI de Los Pinos. En el 2012, el PRI sacó al PAN, y en el 2018, Morena “mandó al diablo” al PRI y al PAN. Los botó de Los Pinos para pasarse a Palacio Nacional, lo cual implica ya un regreso (¿retroceso?), al menos históricamente.

Para un nuevo gobierno federal, incluso en su momento hasta priísta, es fácil subirse a las estructuras creadas y, a partir de ahí, presumir logros sin exhibir un gasto o un esfuerzo extra.

Por ejemplo, uno de los errores del panismo en 12 años como gobierno nacional fue no pasar de la creación del Seguro Popular, la Biblioteca Vasconcelos y la Torre de Luz.

Aseguran que “el Seguro Popular utilizado en 2006 por Vicente Fox con fines electorales no sólo utilizó las plataformas del IMSS y del ISSSTE, sino hasta de las Fuerzas Armadas y de Petróleos Mexicanos”. A la fecha, ese esquema sigue montado en esa estructura.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República viene acompañada de la pomposa promesa de “la cuarta transformación”.

¿Así están de seguros de lo que implica el término “trans-for-ma-ción”? ¿Algún científico probó ya que es posible la fusión de Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, “corpus et animam”?

Porque no nos vayan a salir con el cuento de la paradoja de Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa: “Una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.
Y no es cosa de figuraciones o malas leches; ayer, Alfonso Durazo anunció que la Comisión Nacional de Seguridad pintaba su huella. Anuncio que se suma al de la desaparición, después del 1 de diciembre, del Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y del EMP (Estado Mayor Presidencial), y otros. Esto también implica un regreso (¿retroceso?). Porque la Secretaría de Seguridad Pública federal que funcionó con Felipe Calderón o con Vicente Fox, como se le haya nombrado, se integró, en 2013, a la Secretaría de Gobernación, y ahora retorna. Vuelve a languidecerse la “supersecretaría” y a resurgir la ex secretaría. ¿Eso es un cambio?

En los últimos días ha sido recurrente hablar de las adecuaciones que el propio López Obrador y su equipo hacen ya a las propuestas de campaña

Porque para modificar la realidad, fingiendo, se requiere de un suprarrealismo, surrealismo, pues, intención irracional u onírica.

Lo digo con causa: Rocío Nahle, próxima posible Secretaria de Energía, ayer nos dio un adelanto de eso. “En siete meses”, aseguró, “estarán inmediatamente rehabilitadas seis refinerías que hoy operan al 40 por ciento de su capacidad”.

Como el resto del equipo, Nahle agrega ahora que “la Reforma Energética no se echará abajo… que los precios de las gasolinas los determinarán la oferta y la demanda… que Pemex participará en el libre mercado con las demás empresas”. Lo más “gatopardista” (confundido) al estilo mexicano que puedo responder es que “¡me lleva el chanfle!”.

Con lo platicado hasta ahora, ni una borona de lo que podría ser el siguiente sexenio, no veo el asomo de lo que para mí significa, no sé para usted, proclamar “¡la cuarta transformación!”.

Porque no es dar becas, dinero a personas adultas, profesionalizar policías, pintar o aceitar refinerías. Eso lo hace hasta el que no quiere ser gobernante.

La pregunta es simple: ¿Qué habrá por encima del IMSS, ISSSTE, CFE, Pemex, UNAM, IPN y decenas y decenas de estructuras creadas hace décadas?

¿O recrearemos una (de tantas) versión mexicana de “Il Gattopardo”?

 

 

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