Cien años atrás cambió el Universo, en un día como hoy

El 29 de mayo de 1919, el astrofísico Arthur Eddington probó la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Dos científicos políticamente ‘adversarios’, uno inglés y el otro alemán. Einstein dice que si la gravedad curva el espacio-tiempo desviará la trayectoria de la luz; el tiempo no es absoluto y el espacio es curvo. Un nuevo Universo nació ese día gracias a los dos

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También hacen falta los prácticos para cambiar el Universo.
Cien años atrás, un día como hoy, 29 de mayo de 1919, el astrofísico inglés Arthur Eddington probó la Teoría General de la Relatividad del alemán Albert Einstein.
Dos países en guerra, el segundo satanizado en toda Inglaterra, incluido Cambridge, cuna de Isaac Newton, el hombre más grande de la física hasta esos momentos, cuyo heredero de la cátedra, Eddington, echaría abajo la Teoría de la Gravedad en honor a la verdad y al conocimiento.
Esta historia, de una centuria, se desarrolla en la ciencia, el campo de batalla en los alrededores de la Primera Guerra Mundial, donde las mentes más brillantes hicieron a un lado la insidia lodosa de la politiquería que vivimos hasta nuestros tiempos.
A diferencia de Newton, Einstein decía que el tiempo no era absoluto y que el Universo no estaba estrictamente regido por la teoría de la gravedad, como la concibió el científico inglés, esto es, explicaba la gravedad más como una estructura del Universo que como una fuerza de atracción.
La Teoría General de la Relatividad fue presentada en 1915, pero hacía falta probarla; eso hizo Arthur Eddington en un eclipse total de sol en la Isla Príncipe, en África, el 29 de mayo de 1919.
En Cambridge, Arthur navegó contra viento y marea para probar la teoría del enemigo, mientras, en la Universidad de Berlín, Albert libraba batallas contra los científicos alemanes concentrados en fabricar armas letales, súper explosivos y gases venenosos.
A partir de la prueba de Eddington, Einstein se convirtió en una celebridad y el inglés vivió con la gloria en el alma al darle a la humanidad la certeza de una nueva cosmovisión del Universo con un espacio–tiempo íntimamente ligados, donde la luz se “dobla” por la atracción de las grandes masas estelares, como el Sol. Además, abrió la primera rendija para la visión de un Universo en constante expansión, no estático, no armónico.
Dios tenía muy poco espacio en todo eso, a pesar de que, en esos tiempos, la religión seguía súper dominante y la esclavitud era una normalidad en muchos países, la segregación racial una norma que pocos distinguían como abusiva y, por supuesto, las mujeres no votaban. Un año después, el 26 de agosto de 1920, las mujeres ganaron ese derecho en Estados Unidos; en México faltarían más décadas para lograrlo.
En ese mundo relativamente bárbaro -no estoy hablando de hace 10 mil años, sino de 100- cambió la concepción del Universo para siempre gracias a dos científicos “adversarios”, como diría el clásico.
Einstein dice que si la gravedad curva el espacio-tiempo, entonces desviará la trayectoria de la luz. Es decir, si la luz pasa por esta curvatura quedará desviada, aunque no tenga masa.
Revolucionario pensar que la luz no viaja siempre en línea recta.
Así razonó Eddington y, al igual que otros científicos de la época, tuvo el valor de defender el trabajo de un físico alemán que, además, ponía en entredicho a Sir Isaac Newton.
Eddington era un pacifista cuáquero que se negó a ir a la guerra, pero no fue encarcelado y pudo seguir trabajando, ya que la Universidad de Cambridge argumentó, en 1916, que sus investigaciones eran de interés nacional.
Así llegó el 29 de mayo de 1919 hasta la Isla Príncipe para fotografiar el eclipse y sobreponer imágenes anteriores a este.
La prueba consistía en que si las imágenes de las estrellas cercanas no coincidían en exactitud, Albert Einstein habría cambiado la concepción del Universo para siempre, y así fue.

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