Castillejos podría limpiar la imagen de Anaya

Paradoja que uno de sus movimientos perjudicara a José Antonio Meade; ex consejero jurídico de la Presidencia, especie de Juan Pablo II que se va y no se va

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En la lucha por el poder todo es aprovechable.

La gente de Ricardo Anaya, candidato a la Presidencia de la coalición Por México al Frente, utiliza, con acierto mediático, la resolución del Trife en contra del titular de la SEIDO para exigir su destitución.

El argumento parece demoledor: Israel Lira afectó la imagen del candidato panista al difundir el video de su visita a la SEIDO para entregar, mañosamente, una carta enviada al procurador Alberto Elías Beltrán a sabiendas de que en esa oficina no se recibe correspondencia del procurador general de la República.

Anaya ha afirmado que la acción de la SEIDO no lo afectó, pero que lo que se busca es penalizar el “intento”.

Esperemos a ver qué determinación se toma en la cúpula, pero lo cierto es que mientras resuelve la FEPADE, Lira no cometió delito; es responsable, en todo caso, de un error administrativo que no justifica su cese.

El hábil aprovechamiento, del Frente, de la resolución del Trife no tiene como finalidad  dejar sin trabajo al titular de la SEIDO, sino iniciar una campaña para desvirtuar el caso de supuesto lavado de dinero en que se involucra al candidato Anaya.

Un caso que, se dice, es sólido, pero que en el tiempo en que se pudo no se tomó la determinación de llevarlo hasta sus últimas consecuencias; hacerlo hoy equivaldría a un escándalo mayor que el otorgamiento de la candidatura presidencial, por parte del Trife, a Jaime Rodríguez “El Bronco”.

Una segunda consecuencia de la acción sobre Lira sería hacer un enroque de Lira con el subprocurador Felipe Muñoz, que se muere por estar al frente de la SEIDO, pero, más aún, que aspira a ser el primer Fiscal General de la República.

Muñoz es uno de los alfiles de Humberto Castillejos, esa especie de Juan Pablo II que se va y no se va (estando fuera de la Consejaduría Jurídica de Los Pinos sigue adentro, con los dos pies bien plantados).

Muñoz fue una especie de nana del ex consejero jurídico de la Presidencia en tiempos que trabajaba de secretario particular del penalista Marcos Castillejos, que fue asesinado afuera de su despacho. Cuando ocurrió este terrible episodio, Humberto era asesor del procurador Eduardo Medina Mora; llegó a esa posición incorporado por el general Rafael Macedo de la Concha. Se dijo, oficialmente, que había renunciado un mes antes de la muerte de su padre.

Con el tiempo se convertiría en uno de los personajes más poderosos del actual sexenio como consejero jurídico del Presidente; conforme a la versión oficial, salió de Los Pinos por motivos personales; concretamente, para organizar su boda.

Pero, en realidad, nunca se fue. Sigue en activo, y Muñoz, que atora o mueve asuntos conforme a sus aspiraciones personales y a las indicaciones que recibe extramuros, tiene, ahora, la dorada oportunidad de relevar a Lira en la SEIDO si la FEPADE convierte en delito un error administrativo.

Sólo necesita un empujoncito de Castillejos.

El problema es que si se lo da, Anaya podrá decir que la salida de Lira es prueba de que la PGR inventó el lavado de dinero.

Parece una paradoja que un movimiento de Castillejos pudiera ayudar a Anaya y perjudicar a José Antonio Meade, pero así suele ocurrir en política.

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