Carlos Eugenio Ruiz Hernández, el fracaso como rector de la Universidad Autónoma de Chiapas

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Carlos Eugenio Ruiz Hernández, sinónimo de torpeza

El pasado 29 de octubre se publicó la convocatoria para elegir rector de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach). Como era de esperarse, el actual rector, Carlos Eugenio Ruiz Hernández, intentó reelegirse, pero su impericia y el atentado a la comunidad universitaria y docente terminaron por sepultar sus aspiraciones. Hoy, Ruiz Hernández sale a la palestra a anunciar “su decisión” de declinar en su intento para un segundo periodo.

Sólo que su pronunciamiento no fue una decisión voluntaria. Su torpeza lo obligó a retirarse de la contienda. Carlos Eugenio Ruiz abusó de su posición para favorecer a amigos y compadres en la asignación de plazas para el servicio social a los alumnos egresados de la Facultad de Medicina.


A Ruiz Hernández se le pasó la mano al destinar un mayor número de posiciones a la Escuela de Medicina del Instituto de Estudios Superiores de Chiapas (Universidad Salazar) y a la Universidad Pablo Guardado Chávez, ambas dedicadas al servicio educativo privado. Por el contrario, la UNACH, como institución educativa pública gratuita y como alma máter de los futuros médicos, tenía el derecho de que a sus alumnos egresados de la Facultad de Medicina se les diera prioridad para acceder a las plazas que les permitieran hacer el servicio social obligatorio.

Con esa arbitraria decisión, Ruiz Hernández afecta las finanzas universitarias al aumentar el costo de titulación de los egresados de medicina.  Para compensar el menor número de posiciones destinadas a los alumnos de la Unach debió otorgar un mayor presupuesto al pago de becas obligatorias para quienes cumplen con su servicio social.

Como dueño transitorio de los destinos de la Universidad Autónoma de Chiapas, Carlos Eugenio Ruiz pensó que nada podía pasar si actuaba al margen de la legalidad y del sentido común.  Se equivocó.  Alumnos y maestros de la Facultad de Medicina de la Unach se levantaron en contra del rector por su desaseado proceder y, abiertamente, se opusieron a su reelección.

El repudio en contra de su pésimo rectorado se dio en un evento de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), presidida por su director, el ex rector de la Unach Jaime Valls Esponda. Ahí, alumnos y maestros de la Facultad de Medicina se manifestaron, con pancartas y voces de alerta, en contra de un rector al que denunciaban por favorecer a universidades privadas, en detrimento del alma máter a la cual se debe como rector.

Así que Ruiz Hernández no venga con el cuento de que declina en sus aspiraciones por decisión personal.  Al contrario, ha sido obligado por sus torpezas y sus corruptelas, al grado de convertirse en factor de desestabilización y en un obstáculo a la sucesión del próximo 4 de diciembre.

Lo cierto es que Carlos Eugenio estaba impedido, desde un principio, para convertirse en dirigente de la Unach y jamás debió haber sido rector. Se lo impedía la ley orgánica de la institución, que al momento de su designación exigía como requisito ser mayor de 30 años y menor de 60. Para beneficio propio se modificó la ley y quedó abierto el máximo de edad porque ya rebasaba la sexta década.

Sin embargo, al médico Carlos Eugenio Ruiz Hernández le aquejan otros males. El primero, y ya insuperable en este momento, es el rompimiento de la Junta de Gobierno. La junta es la facultada para la designación del próximo rector y cualquier tufo de manipulación de Ruiz Hernández, en contubernio con el “gobernador electo”, Rutilio Escandón, puede tener repercusiones de gravedad.

El aserto anterior es una verdad redonda.  Actualmente la preside el doctor Rafael Chirino Ovando, combativo líder que no será fácil doblegar, así como los doctores Rafael Burgos, de la Facultad de Humanidades, Hugo Guillén Trujillo, de la Facultad de Ingeniería, Gerardo Chávez Gómez, de la Facultad de Lenguas, y Flor de María Culebro Albores, de la Facultad de Contaduría y Administración.

La junta tiene, ante ella, la enorme responsabilidad, y la coyuntura histórica, de nombrar autónomamente, por primera vez, al próximo rector, y lejos de las injerencias del poder. Ruiz Hernández tiene en contra dos factores imposibles de superar en este momento: El clima de descontento y desestabilización propiciado por él mismo y la cercanía entre el nombramiento del nuevo rector, el 4 de diciembre, y la toma de protesta del gobernador del estado, el siguiente 8 de ese mismo mes.

Lo malo es que entre los aspirantes a rector no se observa ninguna figura con los tamaños suficientes para enfrentar el desastre que deja Carlos Eugenio Ruiz Hernández. Aparecen hasta hoy, como prospectos, el contador José Moguel y el economista Jorge López Arévalo, ex secretario general de la Unach y sin mayor trascendencia en su gestión.  Y, desde luego, Enoc Hernández, ex presidente municipal de San Cristóbal y ex diputado local, un mal chiste académico que funciona repetidamente como esquirol.

Independientemente de su condición de género, apunta con seriedad la doctora María Eugenia Culebro, directora de Investigación y Posgrado, aun cuando no es de las preferencias del actual rector y de Rutilio Escandón, responsable de la sucesión en la Unach si la Junta de Gobierno no se le insubordina.

Se vislumbra también la posibilidad de nominar a un rector externo aun cuando no tenga arraigo ni presencia ante la comunidad universitaria.  Sólo que esa decisión requiere de un intenso trabajo político, incluso antes de la convocatoria.  Lo malo es que a tan sólo dos semanas de la sucesión en la Unach no se percibe  operación política alguna que garantice una transición tersa en la máxima casa de estudios de Chiapas.

Hasta hoy, la única experiencia, en la Unach, de un rector ajeno a la universidad es Jaime Valls Esponda, quien llegó sin ascendencia con maestros, alumnos y sindicato.  Sin embargo, comenzó y terminó su gestión sin sobresaltos ni mayores confrontaciones.  El operador para lograr ese consenso fue el maestro Hugo Armando Aguilar Aguilar.  Antes de la designación de Jaime Valls logró unificar criterios en todas las facultades y, ya como secretario general de la Unach, durante ocho años, logró la estabilidad universitaria entre todos los actores políticos y académicos de la institución.

Hoy no se percibe, y menos se ve, un operador que pueda conciliar criterios en la nominación del rector, ya sea con un aspirante de la propia universidad, y más con un candidato externo, para recomponer el desastre dejado por Ruiz Hernández. Se suman a todas sus torpezas la exagerada deuda que deja en crisis a la universidad.  De 60 millones, con el rector Jorge Ordoñez, pasó a 80, con Ángel René Estrada; 250 con Jaime Vals, en tanto que Carlos Eugenio Ruiz la incrementó hasta 1,800 millones de pesos, es decir, más del 600 por ciento de como la recibió.

Sin embargo, también el ex director de extensión universitaria, Víctor Rumaya Farrera, lo acusa de un desvío de 66 millones de pesos y de lo cual ha manifestado tener sobradas pruebas. Así, se le identifica a Ruiz Hernández como el funcionario quebranto, ya que cuando fungió como secretario de Salud estatal dejó al sector una deuda de 500 millones de pesos.

Y, como corolario de su incompetencia administrativa, su modelo educativo no tiene futuro.  Debió de haberlo presentado hace un año y apenas lo entregó el 13 de noviembre pasado, en un evidente fracaso universitario y un fracaso sanitario.  Ampliaremos…

 

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