Campesinos, arar sobre asfalto: la 3T ya no hizo justicia; ¿y la 4T?

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Cuando no son de Hidalgo son de Chiapas o de Guerrero. Campesinos que llegan a la Ciudad de México a labrar sobre el pavimento lo que a sus parcelas hace falta, el apoyo del Gobierno Federal.
Marchan casi a diario sobre las avenidas de la Capital, principalmente Reforma, y algunos llegan hasta el Zócalo; otros instalan campamentos frente a Gobernación.
Se van unos y llegan otros. Siempre, todos, bajo la misma consigna: “La Revolución no nos ha hecho justicia”.
Sí, el campo mexicano permanece atorado desde la “Tercera Transformación”. La Revolución que, se supone, fue con base agrarista.
Durante su sexenio, Enrique Peña Nieto no se cansó de decir que México es, ya, una potencia agroalimentaria gracias al campo.
Que al país entran más divisas por el sector alimentario que por las remesas, el turismo o las exportaciones petroleras. Que con 150 mil millones de dólares en ingresos, el campo mexicano “está pasando por su mejor momento en la historia”.
En mucho tenía razón el ex Presidente. Tan sólo a Estados Unidos lo atiborramos de aguacate, así como a otros países de chile verde, sorgo, tomate.
“Por primera vez, México vende dátiles a la península Arábiga; carne de puerco a China; de res a Rusia y a Qatar; uva de mesa a Australia y amaranto a la Unión Europea, además de aguacate, mango…”, dijo en 2018.
Lo cierto es que existen grandes productores, dueños de miles y miles de hectáreas del campo mexicano, y son los que han acaparado la producción y las ganancias, incluso los grandes apoyos que sexenio tras sexenio presumen los gobiernos.
Todavía hace algunas décadas se hablaba de “la repartición de tierras”. Eso ya no existe. El país está vendido. Cada metro de suelo mexicano tiene propietario. Existen extensiones kilométricas de un solo dueño que abarcan la mitad de un estado; otros cruzan de una entidad a otra. Por ello existen cientos de ranchos cinegéticos sobre el territorio nacional.
“El crédito al campo suma 1.3 billones de pesos, 60 por ciento más de crédito de lo que se había otorgado en la administración anterior”, afirmó Peña Nieto en una de sus tantas alusiones al campo mexicano.
Atrás de ellos está el ejército de campesinos hundido en la pobreza, la mayoría, miles, subsistiendo como jornaleros, peones. Arar su propia tierra, para muchos, es una odisea. Se han unido en agrupaciones, asociaciones, sindicatos ejidales, y nada. Mucho hay de cierto en eso de las triangulaciones de los recursos; al final, al destinatario principal no le llega ni el olor a azufre. Todo se queda en grandes productores, caciques, líderes.
A veces, para asomarse a la realidad basta con madrugar.
Las pocas veces que he acudido a la conferencia “mañanera” del Presidente Andrés Manuel López Obrador, apenas comienzo a cruzar el Zócalo y ahí están ellos. Llegan, como dije, de todas partes del país.
Ayer, hasta un grupo de ex braceros, jornaleros también hace 70 años, todavía exige justicia en el pago de aquel porcentaje que les quedó a deber el gobierno de Manuel Ávila Camacho.
Esa fue una de mis dos preguntas al Presidente.
“¿En aras de resolver el resto de temas pendientes (Pemex -combustibles, “huachicol”, refinerías-, CFE, becas, educación, aeropuertos, medicinas, trenes, inseguridad y más) no se está relegando, no se está no se está haciendo a un lado al campo mexicano?
Mencioné a López Obrador el caso de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas de Chiapas, que recién instaló un campamento en el centro de la Ciudad. Hace una semana fue un grupo de 5 mil campesinos de Hidalgo. Nada que ver con Antorcha Campesina, un sosía de la CNTE.
En respuesta, el Presidente asegura que, al igual que las becas, se está buscando que el apoyo llegue de manera directa a los campesinos.
Porque, dijo, existía el Procampo ¿y qué pasaba?
“El que tenía más recibía más. Les daban a los que tenían 100, 200, 300, 500, hasta mil hectáreas. Les daban subsidio y el que tenía media hectárea, el que sembraba para comer, no recibía ningún apoyo”.
Explicó que se está respaldando a pequeños productores ejidatarios, comuneros, pequeños propietarios, y que eso tiene molestas a algunas organizaciones.
La “autosuficiencia” ha sido término de discurso de muchos gobiernos. Sin el campo, lo sabe hasta el que de política no entiende ni jota, México no es nada. Si mucho se les debe a los ex braceros, dentro del país, enormidades a los hombres, mujeres y niños del campo.
Ya es su turno. ¿O cuántas transformaciones más deberán esperar?

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@RobertoCZga

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