Cambios en Televisa favorecen a AMLO

La decisión de dejar ‘dos cabezas’ al frente de la televisora (Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez), tras la salida de Emilio Azcárraga Jean, trae consigo el cumplimiento de acuerdos con el líder de Morena

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Emilio Azcárraga Jean. Una salida no apresurada, pero sí para ‘limpiar’ la empresa

La salida de Emilio Azcárraga Jean de la dirección general de Televisa es un acontecimiento que ha impactado al mundo de los negocios en México y en Estados Unidos, pero no es una decisión apresurada, si bien tampoco es una salida tersa, como se quiere presentar, o exenta de presiones y de intereses, ahora sabemos, más poderosos que los que representaba el hijo del “Tigre” Emilio Azcárraga Milmo.

La historia, dada a conocer el fin de semana, se comenzó a escribir el año pasado, en el mes de mayo, cuando una serie de correos electrónicos anónimos prendió los focos rojos en el Departamento de Justicia y en la Comisión de Mercado y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés): Una empresa que cotiza en la bolsa norteamericana, Televisa, estaba, aparentemente, involucrada en muy malas prácticas administrativas y, quizá, en hechos de corrupción.

Los señalamientos más fuertes contra la administración de Azcárraga Jean tenían que ver con sospechosos ingresos producto de infocomerciales políticos cobrados a partidos y gobiernos con montos millonarios en efectivo que eran, presumiblemente, “lavados” como ingresos de actividades realizadas en el Estadio Azteca, uno de los muchos negocios alternos de Televisa sobre el que no hay posibilidad alguna de auditar, pues genera ingresos líquidos imposibles de ser rastreados.

En los correos, que fueron difundidos en prestigiosos medios de comunicación de Estados Unidos, se alertaba a las autoridades norteamericanas y a los accionistas de Televisa en aquel país del posible fraude y se afirmaba que el monto de los recursos movilizados en efectivo, trasladados a bodegas del Estadio Azteca como si ahí se hubieran producido por venta de entradas, rondaba los mil millones de dólares.

 

DE ANGOITIA, EL ESLABÓN DÉBIL

Aunque Televisa, con el apoyo de todos sus medios y aliados, puso en marcha una estrategia de control de daños, y el asunto quiso ser presentado, rápidamente, como “caso cerrado”, la dimisión de Emilio Azcárraga Jean viene a confirmar que el hilo conductor de la historia que ahora conocemos es el proceso de debilitamiento de la imagen de la empresa televisora ante las autoridades norteamericanas y ante sus socios de aquel país, que inició con los correos que personajes misteriosos hicieron públicos para dañarla.

La clave de lo que ocurrió después de que aparentemente se resolvió o se diluyó el tema en los medios es uno de los colaboradores más cercanos del tercer Azcárraga en la televisora mexicana, Alfonso de Angoitia, entonces vicepresidente ejecutivo. Fue un blanco elegido cuidadosamente, en los correos anónimos, como responsable de la operación del recurso en efectivo de la mano de Salvi Folch, vicepresidente de Administración y Finanzas.

Pero ¿por qué Alfonso de Angoitia era el eslabón más débil en la cadena que unía a los llamados “4 fantásticos” que manejaban Televisa (junto a Emilio Azcárraga, Bernardo Gómez y José Bastón)? porque este abogado, entre otras cosas, apareció dentro de la investigación de los Panama Papers que se dieron a conocer a principios del mes de abril anterior.

De Angoitia rechazó haber realizado algún acto indebido o evadido impuestos por la compra de una empresa en Bahamas, pero recordemos: El escándalo de los Panama Papers puso al descubierto que algunas firmas domiciliadas en paraísos fiscales habrían sido utilizadas para el lavado de dinero, tráfico de armas y drogas, así como para la evasión de impuestos.

Como resultado de las investigaciones iniciadas a instancias de esos correos, teniendo a De Angoitia en una posición de debilidad para negociar porque, además, era el responsable, según los correos, del manejo del dinero que se embodegaba en el Estadio Azteca, éste fue detenido por agentes federales, meses después del escándalo, al llegar al aeropuerto de Teterboro, situado a 25 minutos al norte de Manhattan, la terminal favorita de quienes viajan, en avión privado, hacia Nueva York.

Nadie sabe, a ciencia cierta, lo que pasó en esas tres horas de detención del entonces poderoso miembro del clan que administraba Televisa, pero, dentro de la televisora, para nadie es un secreto que, a partir de entonces, De Angoitia comenzó a operar como representante de los intereses de los inversionistas norteamericanos, entre ellos Univisión.

 

¿CÓMO LIMPIAR LA CASA?

En otras palabras, este ejecutivo, amigo personal de Emilio III, fue rescatado del problema en que se encontraba a raíz de la filtración de documentos bastante comprometedores que se divulgaron anónimamente y que llegaron a oficinas estratégicas de Estados Unidos a condición de que empezara a trabajar para otra agenda distinta a la del grupo que manejaba Televisa.

De Angoitia fue clave para que Univisión insertara como responsable del área de contenidos de Televisa a Isaac Lee, sustituyendo a Pepe Bastón, y, ahora, su nombramiento como coPresidente Ejecutivo a la renuncia de Azcárraga Jean fue impulsado por quienes lo blindan del problema y parece tener un solo objetivo: Limpiar la casa para ponerla en venta.

De Bernardo Gómez, ex vicepresidente de Televisa, nombrado ahora como el otro copresidente Ejecutivo, puede decirse que fue enviado a la nada: A responsabilizarse de los noticieros, un tema que a los inversionistas de los Estados Unidos les interesa muy poco, y al auditorio mexicano menos.

Su posición es la última carta de Emilio Azcárraga Jean, quien al ser desplazado, y al ver convertido en Presidente Ejecutivo a De Angoitia, gestionó subir al mismo nivel de posición a Gómez Martínez, aunque en la práctica se instala un modelo de “dos cabezas” que augura sólo conflictos en los próximos meses, sobre todo cuando Bernardo tenga que empezar a cumplir los acuerdos con Andrés Manuel López Obrador.

 

BERNARDO, EL BRAZO DE AMLO

Y es que perder el control de Televisa en tiempos preelectorales se volvió la preocupación fundamental en esta crisis para el grupo, que de 4 “fantásticos” se redujo, de un plumazo, a un dúo que hace segundas y a un triste tigre que fue enviado a revisar la alineación del América para los próximos partidos y la correcta entrega de los apoyos que a cambio de los “goles por la educación” patrocina la empresa.

Era importante que Bernardo Gómez quedara al frente de los noticieros porque eso beneficia a López Obrador para mantener, en estos tiempos, una relación tersa y deferente por parte de la televisora que en otras campañas ha sido utilizada, con bastante éxito, para frenarlo en sus aspiraciones. Le preocupa tanto a AMLO el tema que el responsable de los acercamientos es la única gente en la que podía confiar una tarea de estas: Su hijo, Andrés Manuel López Beltrán.

A simple vista, el modelo de “copresidente” otorgado a Bernardo Gómez parece ser una burla disfrazada de premio de consolación para el grupo que desde 1997 manejaba los destinos de la compañía y que no supo hacer frente a la peor crisis económica y financiera generada por la disminución de su audiencia, la caída en sus ingresos por venta de contenidos televisivos, pero es también una apuesta a que los diálogos que el ahora disminuido grupo de Emilio Azcárraga mantiene de primera mano con López Obrador puedan llegar a concretarse, aunque ahora tendrán que cuidarse del dinero en efectivo que tanto dolor de cabeza les ha ocasionado.

Con la salida de Azcárraga Jean y la llegada de los dos “vices”, los inversionistas seguramente han de estar, en estos días, con una sonrisa de oreja a oreja. No saben, en realidad, que los planes de llegar a vender Televisa en un futuro mediato, para recuperar sus inversiones, se pueden ir al traste debido a que las credenciales tanto de Gómez como de De Angoitia no son las mejores en el mundo empresarial.

Por ejemplo, se metieron al difícil negocio de los casinos y, claro, fracasaron. Crearon una empresa de boletaje y no les funcionó, igual que no les funcionó la que abrieron para organizar espectáculos. En telefonía acumularon dos fracasos al hilo: Iusacel e Izzi, y cuando se lanzaron a la información digital con un medio nativo, esmas.com, les volvió a echar en cara que son unos incapaces.

En materia editorial, Televisa ha perdido una enorme cantidad de títulos y el caso más grotesco en la historia de fracasos de estos flamantes “copresidentes ejecutivos” de Televisa, sin lugar a dudas, es el caso de la empresa Blim, que crearon para competir con la poderosa compañía Netflix.

 

AQUELLOS TIEMPOS DE LA LEALTAD

Como sea, hay quienes aseguran que la llegada de estos personajes a esos puestos clave en la empresa es el anticipo del fin de la era de Televisa como compañía mexicana de televisión y que el epitafio de la empresa puede estarse escribiendo estos días: “No supo adaptarse al mercado ante al crecimiento de las redes sociales y de la televisión online, y siguió apostando a los políticos como vía exclusiva para garantizar sus ingresos”.

Y es que la visión de Emilio Azcárraga Jean que tanto ha disgustado a sus socios extranjeros es, en el fondo, la misma del “Tigre”, su padre, que se consideraba “un soldado más de la revolución”.

La diferencia es que antes había lealtad; ahora, la moda en todas las guerras no son los soldados que tienen códigos de honor, como los de aquel “Tigre” inolvidable, sino los sicarios que pueden pasar, incluso, por buenos hombres cuando el arreglo económico lo permite y luchan en el bando de “los buenos”.

 

 

 

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