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Cultura Religiosa

A la sombra del bicentenario

Esta semana, una noticia ocupó las primeras planas de los diarios: personal del INAH dejó al descubierto más de una decena de entierros prehispánicos en un predio de la Avenida Aquiles Serdán, en Azcapotzalco

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Lejano y ausente, el tiempo ido.

La máquina que nos permitiera viajar hacia el pasado es un mito que se desmorona ante la limitación humana de alcanzar la velocidad de la luz y porque en el mundo real, sólo envejecemos, es decir, viajamos hacia el futuro, segundo a segundo.

Por eso llama la atención cada vez que en el presente se abre una ventada por donde mirar al pasado y éste nos alcanza a través de los imprevistos hallazgos arqueológicos. Entonces, un simple objeto, un fragmento de hueso, cualquier vestigio, queda a la luz de la razón como un testigo de nuestro paso por el tiempo, en un espacio predeterminado en donde las huellas nos remiten a una sola expresión: la cultura.

Azcapotzalco

Esta semana, una noticia ocupó las primeras planas de los diarios: personal del INAH dejó al descubierto más de una decena de entierros prehispánicos, varios de ellos infantiles, en un predio de la Avenida Aquiles Serdán, en Azcapotzalco, lo que hace suponer que fue un barrio de comerciantes tepanecas que floreció hace 700 años, es decir, hacia el año 1300, cuando en Europa y Oriente Medio se vivían las Cruzadas y en lo que hoy es México, de acuerdo con documentos indígenas basados en la tradición, el águila y la serpiente de nuestro escudo se mostraban sobre un peñasco del lago de Texcoco con lo que daba fin a un largo peregrinar de los nómadas aztecas. Ese momento marcó la fundación de México-Tenochtitlan, el 18 de julio de 1325, que este miércoles cumplirá 687 años.

El descubrimiento de estos entierros en Azcapotzalco confirma que el barrio de San Simón Pochtlán fue, como su nombre lo indica, residencia de familias de pochtecas o comerciantes viajeros y que a veces hacían el papel de espías al servicio de los grandes señores. Los pochtecas, representados en el Códice Florentino, extendieron el comercio del imperio azteca hasta Nicaragua y Nuevo México, al sur de los Estados Unidos. Una vez más, la arqueología comprueba las crónicas de los primeros españoles en nuestro país.

La exploración

Hay exploraciones arqueológicas que dejan a la luz una cadena de eslabones y que juntos, nos aproximan a la verdad histórica.

Tras estudiar estos nuevos hallazgos, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia suponen que dicho espacio fue una zona de élite y que fue parte de un conjunto cívico-ceremonial, a causa de su cercanía con la Capilla de San Simón, que fue construida durante la etapa colonial, sobre un teocalli o templo indígena.

Desde aquellos años, gran parte de Azcapotzalco estuvo ocupada por ejidos y ranchos hasta 1950; sin embargo, es hasta hoy cuando en tan sólo dos meses de exploraciones científicas se han realizado calas de aproximación, unidades de sondeo y cinco unidades de excavación para liberar los vestigios culturales.

Los entierros primarios que fueron encontrados tuvieron como escenario un predio de 4 por 22 metros. Las osamentas están en posición sedente a causa de que fueron amortajados como fardo, es decir, como si los muertos fueran un paquete. El alto porcentaje de entierros infantiles hacen suponer una alta tasa de mortalidad de niños en sus primeros tres años de vida. Gran parte de los entierros se realizaron con ofrendas de cerámica, platos, flautas, sahumadores, incensarios, cajetes, malacates con representaciones de aves.

También apareció el entierro de una mujer de unos 25 años que acababa de dar a luz pues su osamenta cubría los restos óseos de un neonato, además de que portaba un ajuar con orejeras y una pulsera con cuentas de obsidianas de diversos tonos, en forma de gotas, lo que indica que se trató de un personaje importante del barrio de los pochtecas.

En torno a un altar de cuatro por seis metros, estaban dispersos algunos cráneos que presentaban perforaciones simétricas en ambos parietales, y que pudieron formar parte de un tzompantli, es decir, una especie de construcción e forma de ábaco cuyas cuentas eran las propias calaveras, y de los cuales habla, aunque de manera exagerada Bernal Díaz del Castillo, quien presenció la conquista de México al lado de Hernán Cortés.

En la zona también aparecieron tres copas, dos de tipo pulquero y una trípode, que contenían restos de cráneos incinerados, lo que podría corroborar alagunas crónicas funerarias que refieren que ciertos personajes importantes eran cremados para evitar la putrefacción del cuerpo.

En cuanto a los entierros secundarios, es decir, donde se entremezclan las osamentas de varios individuos, la arqueóloga Alejandra Jasso informó que se han hallado figurillas femeninas asociadas a la fertilidad y vasos vinculados con el culto a Tláloc, deidad del agua y a Quetzalcóatl, cuya influencia mitológica está presente en una leyenda que afirma que esta divinidad se convirtió en hormiga para robar del inframundo los granos de maíz que eran necesarios para el sostén de la quinta humanidad, la nuestra. Azcapotzalco significa precisamente “En el hormiguero” y en los códices fue representado como una hormiga.

Posiblemente en futuras exploraciones podrían aparecer vestigios de “joyería” ya que en esta zona del altiplano los indígenas tenían talleres y destacaron en trabajos metalúrgicos, como detalladamente lo relata Fray Bernardino de Sahagún y se ilustra con bellos dibujos en el Códice correspondiente.

Por otra parte, los especialistas informaron que la línea dinástica de los tlatoanis o señores de Azcapotzalco, entre el 1200 y el 1300 d.C., incluye a los gobernantes Quauhtzintecuchtli, Ilhuicamina, Matlacóhuatl, Tezcacohuatl y Tezcapuctli. A finales del siglo XIV, esta zona fue la principal fuerza político-militar del área, y controlaba un extenso territorio, pero entre 1428 y 1429, Azcapotzalco fue invadido y sujeto a la influencia militar y política de los huexotzincas, texcocanas y mexicas.

Este tipo de hallazgos nos permiten conocer más de nuestra historia, es decir, de nosotros mismos.

  • Subdirector de Información del Arzobispado de México

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