Vaya patadones que se llevaron en los testículos Andrés Manuel López Obrador y Roberto Gil.
De no ser por la fiebre aviar, diría que Hugo Chávez le pegó en las partes nobles a Andrés Manuel López Obrador, pero para no lastimar oídos me quedo con que simplemente lo remató o que mirándolo arrimarse mugiendo a las tablas, resistiéndose a caer, le asestó tremendo puntillazo para ayudarlo a desplomarse y quedar listo para el arrastre.
El dictador de Venezuela, al que muchos, en especial los panistas, identifican con AMLO, se rindió a las evidencias.
En realidad sólo esperó con cautela los números del IFE para reconocer el triunfo de Enrique Peña Nieto y expresar su confianza en que las buenas relaciones entre su país y el nuestro retomarán el rumbo perdido.
No será fácil, pero esa será otra historia.
Lo que importa ahora es que el mundo ha dejado en la soledad al candidato de las izquierdas mexicanas, con excepción, desde luego, de los #132 que, ya se sabe, no son precisamente los muchachos debatientes con el candidato del PRI en la Universidad Iberoamericana, sino militantes de los grupos violentos organizados por quienes planean las estrategias de López Obrador.
Al reconocimiento de Chávez se sumarán tarde o temprano los mandatarios de Ecuador y Bolivia, pero también Raúl Castro de Cuba. No pueden quedarse aislados si ya lo hicieron Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y el resto del mundo. México y su democracia no son como para despreciarlos.
Además, las cifras del IFE que cita Chávez son irrebatibles y los argumentos de la coalición PRD, PT y MC sobre inequidad y preferencia de los medios de comunicación son insostenibles.
Chávez, siendo tan especial para los izquierdistas que rodean a Andrés Manuel, es más realista de lo que pudieran imaginar. La presidencia de Peña Nieto le significa recuperar la amistad perdida con los gobiernos panistas y por ello, si no se apresuró a reconocer su triunfo, hizo bien en esperar a que el árbitro, el IFE, lo dijera para dar la espalda a quienes no supieron o no pudieron hacer buen uso de su apoyo.
¿Cómo reaccionará AMLO?
Ni modo que lo acuse de ignorar nuestra legislación, pues el venezolano esperó al conteo de los votos, aunque le queda el recurso de señalarlo como traidor a la izquierda latinoamericana.
El hecho es que AMLO se quedó sin apoyo extranjero.
Y YO ¿POR QUÉ?
El otro que no recupera el aliento es el ex coordinador de la campaña de Josefina Vázquez Mota, Roberto Gil.
Si el PAN hiciera caso a las acusaciones de Miguel Ángel Yunes, Gil debería ser expulsado del PAN con Vicente Fox.
El ex Presidente por traidor, dice Gil; el ex coordinador de la campaña de Josefina Vázquez Mota por incompetente y gandalla, asegura Yunes.
No se traducen de otra manera las duras palabras del ex priísta convertido en panista.
Un consejo no pedido para Gil es no contestar a Miguel Ángel porque el veracruzano es político con el que no se pueda salir bien librado en un debate. Para ejemplo, ahí está su enfrentamiento con la profesora Elba Esther Gordillo en cuya causa supuestamente militaba.
Para Yunes, Josefina fue una buena candidata a la que un pésimo coordinador llevó al fracaso. A éste reclama falta de ética por colocarse en el tercer lugar de las listas plurinominales y así asegurarse el ingreso al Senado, aunque su partido perdiera la Presidencia de la República.
Es quizá el mayor vicio de las candidaturas plurinominales. Como Gil, si como dice Yunes, fue el caso, en esas listas se incrustan quienes no ganarían una elección ni en las asociaciones de ex alumnos de sus escuelas. Generalmente se trata de las cúpulas partidistas. Por ejemplo, María de los Ángeles Moreno fue lideresa priísta en las dos Cámaras del Congreso de la Unión sin ganar una elección de mayoría; Enrique Jackson también. Pero como ellos, sobran.
Ojalá prospere la propuesta de Peña Nieto de reducir los plurinominales, diputados y senadores, pero en su totalidad. ¿Por qué sólo 100 en la Cámara Baja y 32 en la Alta?
Quizá llegó el momento de que aquel con ganas de bailar, gane en las urnas por la vía de mayoría.
Por lo pronto, Gil no podrá sacudirse a Yunes. Miguel Ángel, por cierto, olvidó los avatares de Gil para seleccionar suplente.
En las hemerotecas y en Internet está su plática telefónica con el ex líder nacional panista Germán Martínez sobre la conveniencia o inconveniencia de escoger a Adriana Loaiza Garzón viuda de Felipe Zamora, el subsecretario de Gobernación que murió con Francisco Blake Mora en un accidente aeronáutico.
Gil razonaba en la grabación que aunque la señora Loaiza Garzón no le representaba votos si le daba a cambio “tranquilidad de conciencia”.
¿Por qué?, no lo explicó.
Él pensaba que si le iba bien, es decir, si ganaba Josefina y le tocaba un puesto en el gabinete, su suplente tendría una beca de seis años en el Senado.
“No es matador”, le contestó Martínez refiriéndose a que la dama no le conseguiría votos, pero en cambio su padre sí en el Consejo panista de tal suerte que le ayudaría a colocarse en el mejor lugar de la lista plurinominal, reflexionó Gil.
A Roberto no le fue tan bien como esperaba porque Vázquez Mota no será Presidenta y en consecuencia no podrá ofrecerle un puesto en el gabinete; pero mal, lo que se dice mal, no le irá, pues cobrará sus dietas y bonos suculentos en el Senado. Quien se quedó sin beca fue la viuda del ex subsecretario Felipe Zamora.
Y sin tranquilidad la conciencia de Gil.
