El próximo gobierno tiene grandes retos para lograr el desarrollo nacional. Quien gane la elección presidencial deberá tener como prioridad alcanzar acuerdos con las diferentes fuerzas políticas, a fin de llevar a cabo las reformas necesarias. Los mexicanos están cansados de la falta de resultados gubernamentales, de la inercia con que la vida pública transita, por ello la urgencia de las mismas.
El cambio de administración viene aparejado con la oportunidad de rediseñar la estructura pública y el quehacer gubernamental, de tal forma que reflejen las exigencias ciudadanas y las propuestas planteadas por los candidatos, valorando la permanencia de aquellas acciones que funcionen bien y la creación de nuevas políticas públicas, que exige la realidad del país. Para llegar a éstas se requieren reformas como la política, la fiscal, la energética y la laboral, que resultan inaplazables para salir del estancamiento.
Nuestro país es uno de los principales productores de petróleo y electricidad del mundo; ¿por qué no aprovechar esto para generar más desarrollo, más nichos de oportunidad? Antes que dilapidar los ingresos petroleros, deberíamos estar dispuestos a reducir la dependencia que tiene el gobierno de Pemex y buscar que éste sea más productivo.
Una reforma energética debe considerar que la industria petrolera es el motor que integra las cadenas productivas y genera efectos multiplicadores en la economía. Por ello, es fundamental que se hagan modificaciones, con el objetivo de incrementar los niveles de inversión en exploración, explotación, refinación y petroquímica, al mismo tiempo que se aprovecha la tecnología de terceros, pero siempre manteniendo en manos del Estado el control de esta industria. Es necesario asegurar el abasto interno de energéticos a precios competitivos y aprovechar las ventajas que nuestro país posee. Debemos modificar el esquema de energía para la recaudación y hacerlo para el desarrollo, la competitividad y generación de empleos.
Se necesita una reforma fiscal integral que amplíe la base tributaria, elimine privilegios y exenciones, la cual también simplifique el sistema fiscal y redefina las facultades en los órdenes de gobierno, y ejerza el gasto público de manera eficaz y transparente. Esto permitiría aumentar el gasto para reducir la pobreza, invertir en infraestructura y generar servicios de mayor calidad.
Recaudar más no es, por sí solo, la solución, sino que se necesita una distribución del gasto eficiente. Los ciudadanos deben pagar impuestos de acuerdo a su capacidad económica y estar conscientes del uso que se dará a esos recursos.
Aunado a esto, es imprescindible una reforma laboral bien estructurada que contribuya a la competitividad, la productividad, al crecimiento económico, a la generación de más y mejores empleos. Se trata de que México invierta en el capital humano, que exista mayor capacitación, mayores oportunidades para que los trabajadores tengan vías de crecimiento y protección social, como el seguro de desempleo. Y, por otra parte, que los empleadores tengan los incentivos necesarios para abrir más fuentes de trabajo.
Para lograr estas reformas es primordial que exista la voluntad política, y ésta se pueda concretar a través de un Congreso que funcione, por tanto, debe haber mayorías legislativas que apoyen las reformas, las soluciones que conduzcan a nuestro país hacia un cambio responsable. Es por ello que, para crear estas condiciones, es necesaria una reforma política.
Así, las reformas estructurales que se emprendan deberán generar mayores certezas, dentro de la gobernabilidad, a fin de que el país avance hacia la equidad social, el desarrollo y crecimiento económico, condiciones imprescindibles para que los mexicanos puedan elevar su calidad de vida.
