Entre Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador está el futuro presidente de México, el sucesor de Felipe Calderón.
Cualquiera puede ganar la Presidencia de la República, pero el cumplimiento de sus actos y promesas deberán ser juzgados, en su momento, por la sociedad.
Nadie, en uso o abuso de la libertad de expresión, puede prejuzgar o juzgar a priori.
Y esa es la costumbre de Andrés Manuel López Obrador, en pos de la Presidencia de la República, desde hace casi una década, aunque, hoy, sobre los hombros y la falta de respeto a la dignidad e inteligencia de sus seguidores.
En realidad asombran sus declaraciones para golpear y demeritar a su mayor oponente, Enrique Peña Nieto.
Un día sí, y otro también, su lista de suposiciones y elucubraciones son el principal recurso de su campaña.
Por ejemplo, la semana pasada, en Michoacán, acusó al candidato de la coalición PRI-Verde, “Compromiso por México”, de planear aumentar el IVA y cobrarlo de manera generalizada.
Su razonamiento: El priísta evade hablar del tema.
"No hace falta aumentar impuestos; los del PRI saben qué están proponiendo, qué propone Peña Nieto, aumentar el IVA, es decir, aumentar el IVA y cobrar el IVA de manera generalizada, cobrar IVA a medicamentos, alimentos", expresó durante un mitin.
"Hace dos días estuvo en su televisora favorita, la que lo promociona; ni modo, tengo que estar viendo todo. Ahí le preguntan, respuesta rápida: ¿Va a aumentar el IVA a medicinas y alimentos, sí o no?, bueno, él dice, habrá una reforma fiscal, y le insisten: ¿Va a aumentar? Y él dice: Bueno, no puedo decir eso. ¿Qué es lo que entienden ustedes?, pues es aumentar impuestos", indicó.
En el mismo evento, López Obrador prácticamente formó el gabinete de Pena Nieto.
Estarían, dijo, Humberto Moreira en Hacienda, Arturo Montiel en Contraloría, Mario Marín en Desarrollo Social y Elba Esther Gordillo en Educación.
¿Por qué llegar al nivel más alto de fantasía teniendo temas y opciones para criticar a sus anchas y servirse con la cuchara grande?
Tal vez López Obrador no se da cuenta, y si se da, se la pasa por el arco del triunfo, pero desde hace años lucra con la sensatez y cordura de sus simpatizantes, considerándolos estúpidos, pues seguramente cualquiera de ellos tomaría como una tomadura de pelo o falta de seriedad de un aspirante a presidente de la República la forma tan callejera de intentar ganar una elección.
Es decir, ni en el momento menos difícil del PRI, su candidato se atrevería a incluir a los nombrados por Andrés Manuel dentro de un gabinete, y no sólo por haber sido cuestionados por presuntas irregularidades, sino por causas tan diversas como la disparidad de tiempos y experiencia.
Menos aun algún partido se echaría la bronca encima de anunciar o sugerir aumentar los impuestos en plena campaña.
Sin embargo, el “ayatolismo” del mismo candidato de la Izquierda, y de muchos de sus seguidores, parece no tener límite. “Del caudillismo saltan directo al absolutismo”, señala un artículo de Dossier Político en Internet.
Pero este lunes, durante un diálogo con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Andrés Manuel se topó en pared. El activista social Javier Sicilia lo incomodó con sus referencias y prácticamente le arrancó la máscara de buen samaritano.
“Para muchos, usted significa la intolerancia, el resentimiento político, la revancha sin matices, el mesianismo, la incapacidad autocrítica para señalar y castigar las colusiones de su partido que, incluso contra la mejor tradición de la izquierda mexicana, no han dejado de golpear a comunidades indígenas de Chiapas y Michoacán, y a estudiantes de Guerrero”, recriminó el escritor.
“Significa también componendas con represores del pasado, y Bartlett es sólo la punta del iceberg”, añadió.
En ese instante, y cuando Sicilia había ya repasado, también, a Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y faltaba Gabriel Quadri, López Obrador ya no sentía lo duro, sino lo tupido.
También le reprochó, como a Josefina: “Ni para usted ni para su partido existen los casi 60 mil muertos, los cientos de desplazados, las viudas, los niños; no existe nuestro sufrimiento… Hay debajo de todo esto, no de usted, no de lo mejor del PRD, un espíritu fascista, y lamento decirle que yo no puedo callar tampoco la verdad”.
Le echó en cara haber sido hostigado “por sus correligionarios”.
“Si ese es el amor que profesan, yo pinto mi raya. Es a fuerza con ustedes, o a fuerza; yo no creo en eso”.
López Obrador se defendió: “No me pueden meter en el mismo costal, no es soberbia, es que yo me formé de otra manera, no soy político mentiroso (aunque inventa declaraciones y gabinetes a sus contrincantes)… Llevo 35 años luchando por mis ideales…”.
Durante el evento, Sicilia había sacado el látigo contra los cuatro candidatos. A Vázquez Mota la encaró con el tema de la violencia, como a López Obrador, pero con mayor énfasis, reclamándole no mencionar durante su campaña los 60 mil muertos por la violencia y responsabilizando de la situación también al PAN y al Presidente Felipe Calderón.
A Peña Nieto, entre otras cosas, le recriminó no ser claro con el tema de Atenco ni dar respuesta concisa a los reclamos. A Quadri su cercanía con Elba Esther Gordillo.
A partir de hoy queda menos de un mes de campaña y pueden ocurrir muchas cosas. Nadie, ni el puntero, tiene seguro el triunfo.
Pero malaya aquél quien, por desesperación, miente.
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CONVENTO DE ARRABAL
‘Sé de un planeta en donde habita un Señor carmesí. Nunca ha sentido el perfume de una flor, nunca ha mirado una estrella. Tampoco ha querido a nadie. Sólo una cosa ha hecho en su vida; sumas y restas. Repite todo el día, como tú, hasta el cansancio: ‘Soy un hombre serio, soy un hombre serio’. Hinchándose de orgullo. ¿Sabes lo que creo? Que no es un hombre, es un hongo”.
LO DIJO El Principito
